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Bryce Dallas Howard, la actriz que se está formando a sí misma como directora

Penelope H. Fritz

Hay un momento en casi cualquier entrevista reciente con Bryce Dallas Howard en el que deja de hablar de la película y empieza a explicar cómo se montó la cámara, cómo resolvió un jefe de departamento un asunto logístico o cuál fue la primera intuición de la editora. Es el discurso de alguien que lleva años entrenándose en silencio para el trabajo que de verdad quiere, sin dejar el que paga. La actriz que casi cualquiera reconoce de inmediato (Claire Dearing en tres entregas de Jurassic World: Mundo Jurásico) es también, en 2026, una de las realizadoras episódicas con mayor confianza de Lucasfilm y una documentalista cuyas dos películas para Apple y Disney han construido algo que la industria casi nunca le permite a una actriz: una voz propia detrás de cámaras.

Esa voz es amable, lo cual sorprendió a quienes esperaban algo más vistoso de una Howard. Su padre Ron es el director ganador del Óscar por Una mente brillante y Apolo 13. Su madre Cheryl es escritora. Bryce creció en Armonk y Greenwich, deliberadamente lejos del medio, con televisión racionada y vida al aire libre como regla. Se formó en el Stella Adler Studio y en la Tisch School of the Arts de NYU, donde volvió casi dos décadas más tarde para terminar su BFA. Es un detalle que la describe más que casi cualquier campaña de prensa: no asume que ya sabe, termina la carrera.

M. Night Shyamalan la vio en una puesta off-Broadway de Como gustéis en el Public Theater y la eligió como protagonista ciega de La aldea, en 2004. Tenía veintitrés. La película dividió a la crítica; su interpretación no. Ahí quedó anunciado un tipo concreto de presencia: rostro abierto, precisión emocional, un poco antiglamuroso. Sam Raimi la volvió Gwen Stacy en El Hombre Araña 3. McG la sumó a Terminator: La salvación. La saga Crepúsculo la trajo como Victoria en Eclipse. Tate Taylor la sacó de su registro habitual para hacer a Hilly Holbrook, la más cruel de las villanas de buena familia en Historias cruzadas: el reparto se llevó el premio del Sindicato de Actores.

Y entonces, en 2015, llegó Jurassic World: Mundo Jurásico y volvió su cara reconocible en cualquier país con multicines. Ha interpretado a Claire Dearing en tres películas, un videojuego, una atracción de parque temático y un aparato de marketing del tamaño de un país pequeño. El precio de esa visibilidad, según ha contado con detalle, fue que le pidieran insistentemente bajar de peso para la saga. No lo hizo. Colin Trevorrow, director de la original y de Jurassic World: Dominio, terminó interviniendo para rechazar la petición. También ha hablado de haber cobrado mucho menos que Chris Pratt en Jurassic World: El reino caído, y de cómo Pratt negoció cláusulas de equidad salarial para ella en los ingresos paralelos: videojuegos, parques, spin-offs.

Es la parte que casi todos los perfiles evitan o moralizan. Howard no hace ninguna de las dos cosas. Lo cuenta como un electricista habla de una falla de cableado: algo que pasó, en un sistema en el que decidió seguir trabajando, con consecuencias que asume en público. La franqueza es su disciplina. Es, probablemente, lo que la ha convertido en una directora creíble para otras actrices y actores, que en set la leen como alguien que no se avergüenza ni de su ambición ni de sus costos.

La carrera como directora empezó con un documental sobre paternidad, Padres, codirigido con su padre como productor y comprado por Apple en Toronto en 2019. Es sentimental, pero la sentimentalidad está interrogada: la película habla, en parte, de la distancia entre la paternidad que se vende a los hombres y la que muchos quisieran vivir. Lucasfilm tomó nota. Jon Favreau le confió Sanctuary, el séptimo episodio de The Mandalorian, y la volvió a llamar para The Heiress en la segunda temporada (la primera aparición en imagen real de Bo-Katan, una secuencia que la franquicia no ha dejado de citar) y Guns for Hire en la tercera, más el regreso del mandaloriano en El libro de Boba Fett. En 2024 dirigió un episodio de Star Wars: Skeleton Crew, una serie que es, en el fondo, Star Wars filmado como cine de Amblin. Amblin, no por casualidad, es el negocio de la familia.

Los años más vistos como actriz también fueron los más exigentes. Argylle: Agente secreto, la comedia de espías de Matthew Vaughn (2024), no conectó; ella misma lo dijo. La corrección llegó pronto: en 2025 Amazon estrenó Deep Cover, una comedia de acción muy improvisada con Orlando Bloom y Nick Mohammed que le devolvió el registro cómico que la crítica esperaba, con un noventa y tres por ciento en Rotten Tomatoes. Ese mismo abril, Disney+ estrenó su segundo documental, Mascotas, un viaje por varios países sobre por qué la relación entre humanos y animales es de los vínculos en los que más amor depositamos.

Detrás hay una agenda que ya no parece la de una actriz esperando que la convoquen. En 2026 dirige dos episodios de la segunda temporada de Ahsoka, la comedia romántica All of Her para Lionsgate (guion de Sarah Streicher sobre una historia de Colin Trevorrow) y el remake de El vuelo del navegante para Disney. En abril se sumó al reparto del terror sobrenatural Anything but Ghosts, de Curry Barker, junto a Aaron Paul: una película de escala Blumhouse que terminó su rodaje en Vancouver con el título provisional Faraday y prepara estreno para Focus Features. La agenda como directora ya es más larga que la de actriz. Y eso, a estas alturas, no es casualidad.

Su padre dijo alguna vez que lo más difícil de pasar de actor a director es convencer a la industria de que hiciste el cambio. Howard no ha cambiado del todo: ha rechazado el binarismo. Hace las dos cosas, sin esconderse, en sus términos, y el cuerpo de trabajo que arma detrás de cámara es el que más aparece ahora en sus cuadernos. La actriz sigue ahí. La directora, finalmente, también

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