Actores

Jessica Gunning y el papel que convirtió en ensayo cada interpretación previa

Penelope H. Fritz

Llevaba casi veinte años trabajando con paciencia en la televisión británica cuando apareció Martha Scott. Luego vinieron los premios, en una racha que casi no tiene antecedentes. Y la industria comenzó a releer su pasado.

Vean primero los trofeos, porque explican lo raro del lugar donde Jessica Gunning está hoy. Emmy. Globo de Oro. SAG. BAFTA. Critics’ Choice. Independent Spirit. Una sola actuación, una misma temporada, los cuatro premios mayores de la industria conquistados — un pleno que ni Helen Mirren ni Kate Winslet alcanzaron por sus celebrados papeles de reparto. El personaje es Martha Scott en Bebé reno, la miniserie de Netflix con la que Richard Gadd llevó a la pantalla el acoso que vivió a los veintitantos. El papel es lo que un director de casting habría llamado imposible: una mujer cuya amenaza no se puede separar de su ternura, cuya violencia se lee como una herida que intenta cubrir con el cuerpo de otro. Gunning la hizo inapelable y, de algún modo, entrañable. La industria respondió entregándole todos los premios al alcance.

Lo que los trofeos no explican son los diecisiete años previos. Gunning creció en Holmfirth, un pueblo de las colinas de West Yorkshire, y se abrió camino hasta el Rose Bruford College, al sur de Londres, donde egresó en 2007. Sus primeros créditos profesionales fueron en los escenarios del Royal National Theatre — Mucho ruido y pocas nueces, La comandante Bárbara — y luego vino una larga lista, sin estridencias, de televisión británica: Ley y orden: UK, White Heat, Fortitude, un papel protagónico como la hija mal recordada en What Remains, de la BBC. Nada de eso era la clase de trabajo que anuncia a una estrella. Era la clase de trabajo que las actrices secundarias británicas firman para seguir comiendo entre audiciones.

La película que debió cambiar su trayectoria, y no lo hizo, fue Pride (Orgullo). Interpretó a Siân James, la joven esposa de un minero galés que en la vida real terminó como diputada laborista, en la comedia coral de Matthew Warchus, estrenada en 2014, sobre los activistas gais y lesbianas londinenses que recaudaron fondos para los pueblos mineros durante el conflicto con Thatcher. La cinta se llevó la Queer Palm en Cannes y fue nominada en los BAFTA y los Globos de Oro; varios críticos señalaron a Gunning como el alma del reparto. Después, silencio. Volvió a la comedia británica, a Back con David Mitchell y Robert Webb en Channel 4, a The Outlaws con Stephen Merchant en la BBC, a la construcción paciente del currículum de una actriz de carácter. Quien en 2023 leyera esos créditos la habría puesto sin dudar en la categoría que la televisión británica considera imprescindible y casi nunca promueve: la secundaria confiable, de unos treinta y largos, sin adornos, inequívocamente buena.

En abril de 2024 llegó a Netflix la miniserie autobiográfica de Gadd en siete capítulos, y Martha le hizo a la carrera de Gunning lo que Martha le hace a Donny Dunn dentro de la ficción: se instaló, se negó a irse y convirtió en emergencia pública todo lo que venía siendo silencioso. La actuación recorre un filo que casi ningún intérprete activo ha tenido que recorrer. Martha es graciosa, después aterradora, después graciosa otra vez, después desgarradora, y las transiciones son tan fluidas que el espectador queda implicado en su soledad antes de que la serie lo obligue a confrontar sus crímenes. Para cuando los premios se pusieron al día, Gunning ya pertenecía a la pequeña y extraña categoría de actrices cuya filmografía previa se revisita en busca de las señales que siempre estuvieron ahí.

El juicio se ha negado a desaparecer. Fiona Harvey, que se identificó públicamente como la mujer en la que se basa la escritura de Gadd, demandó a Netflix en 2024 por más de ciento setenta millones de dólares, sosteniendo que la serie la difamaba al pintar a Martha como una acosadora condenada que habría agredido sexualmente a Gadd, dos hechos que Harvey niega en el tribunal. Un juez federal resolvió en septiembre de ese año que el caso puede continuar; la serie, escribió el magistrado, «parece presentarse como un hecho» pese al uso de nombres ficticios. El litigio sigue abierto. La posición pública de Gunning ha sido constante y desarmante: ha repetido en entrevistas y en el podcast de Variety que no considera a Martha una villana. La frase resuena distinto según se piense en el guion o en la demanda. Es la clase de matiz que convierte el oficio actoral en una toma de posición ética, y Gunning no se ha apartado de él.

Cumplió cuarenta años en enero y ha sido sorprendentemente directa en los perfiles que ha concedido sobre una vida privada que ha elegido mantener privada: ha dicho, sin dramatismo, que nunca ha tenido una relación romántica y que tampoco le parece un problema. La franqueza resuena en el mismo registro que su trabajo: nada de subrayados, nada de súplicas. La agenda que tiene por delante es irreconocible frente a la de hace dos años. Interpreta a Dame Washalot en The Magic Faraway Tree, la adaptación familiar de Enid Blyton dirigida por Andy Serkis, junto a Andrew Garfield, Claire Foy y Nicola Coughlan. Se sumó al reparto de Berlin Noir, la serie de Apple TV+ basada en las novelas de Philip Kerr, donde encarnará a Bertha Herzner. Rueda Sunny Dancer con James Norton y Bella Ramsey, está confirmada en Anxious People, de Marc Forster, junto a Angelina Jolie, y en Frank and Percy, con Ian McKellen. El proyecto que más la entusiasma, ha dicho, es My Mama Cass, el biopic largamente desarrollado sobre Cass Elliot, adaptado por Emma Forrest a partir de las memorias de Owen Elliot-Kugell, con los productores de A Complete Unknown detrás. Es la protagonista. La agenda es la de una actriz cuya década anterior se volvió, retroactivamente, el ensayo de un papel que nadie sabía que estaba preparando.

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