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Love Is Blind: Argentina regresa a Netflix con Wanda Nara, Darío Barassi y 32 desconocidos de vuelta en las cabinas

Jun Satō

Una cabina es una pared con una voz del otro lado. Durante horas, dos desconocidos se sientan ahí e intentan enamorarse a través de la pared, con nada más que las palabras que eligen decir. La idea cabe en una sola frase, y en esa sencillez está la trampa: quita la cara, dice el programa, y lo que queda es el carácter. La segunda temporada existe para probar, con más filo, si eso es verdad.

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Love Is Blind: Argentina es la versión argentina del experimento de Netflix, y su nueva entrega mete otra vez a treinta y dos solteros en las cabinas. Dieciséis hombres y dieciséis mujeres se conocen sin verse; algunos se comprometen antes de estar en la misma habitación y luego salen al mundo, a las comidas familiares y al altar, para ver si la voz coincide con la persona. Wanda Nara y Darío Barassi vuelven como conductores, la misma dupla de la primera edición.

El formato viaja porque la regla es la misma en todas partes: quita la cara y mira qué queda. Lo que cambia es el acento. El de Argentina es ruidoso y de conductor al frente, heredero de Gran Hermano y de los años de espectáculo de estudio. Love Is Blind le entrega a esa tradición un instrumento más callado —una pared, un sillón, una voz— y le pide que se quede quieta y escuche.

Ser segunda temporada cambia el trabajo. La primera tuvo que enseñar las reglas; esta supone que el público ya las sabe y mira distinto, buscando las costuras. La novedad se acabó y la reemplazó la discusión. La propia Netflix quedó sorprendida por la cantidad de hostilidad en redes contra los conductores antes de que saliera un solo episodio.

Pero el ruido tiene una raíz más dura. Emily Ceco y Santiago Martínez se casaron en la primera edición. Martínez fue condenado después a quince años de prisión por homicidio en grado de tentativa agravado por violencia de género, después de que Ceco denunciara agresiones físicas y encierro. El caso sacó al programa de los espectáculos y lo metió en una conversación nacional, en un país que lleva diez años marchando bajo Ni Una Menos.

Netflix renovó el formato sin explicar en público qué cambió, si cambió algo, en cómo evalúa a la gente que pone frente a cámara. Ese silencio también es parte de lo que se estrena. Un programa que fabrica intimidad a gran velocidad carga con un deber de cuidado fácil de prometer y difícil de mostrar.

Y es lo que las cabinas no pueden responder solas. El experimento quita belleza, dinero y estatus hasta dejar el carácter, que es justo lo que unas semanas de grabación menos alcanzan a comprobar. Una temporada muestra quién es encantador detrás de una pared; no muestra en quién se convierte cuando la pared y las cámaras ya no están.

Love Is Blind: Argentina regresa el 28 de junio por Netflix, con episodios que se estrenan por tandas en las semanas siguientes. Conducen Wanda Nara y Darío Barassi.

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