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Un Ladrón Romántico presume escenarios bellos, pero deja frío el corazón

Recai Karagöz dirige en 2024 esta persecución entre examantes, tibia y sin identidad.
Martha O'Hara
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Un Ladrón Romántico (Romantik Hırsız en turco, Art of Love en inglés) llegó a Netflix el 14 de marzo de 2024. La sinopsis cabe en una línea: una oficial de Interpol descubre que el ladrón de arte al que persigue es su examante y urde un plan para atraparlo con las manos en la masa. El conflicto es viejo, el del deber que choca con un sentimiento que nunca se apagó. La película lo plantea sin rodeos, se aparta poco de lo previsible y casi nunca sorprende. Nada de eso la condena de antemano, porque el cine de género vive de fórmulas y las mejores películas suelen ser las que las ejecutan con convicción. Falta ver qué hace esta con la suya.

Recai Karagöz dirige un guion de Pelin Karamehmetoğlu que mezcla romance, acción y drama en partes parecidas. Cada género pide un ritmo distinto. La persecución quiere velocidad. El reencuentro de dos examantes quiere pausa. El drama necesita tiempo para que algo duela. Con los tres dosificados por igual, el tono se vuelve borroso y en varias escenas no supe qué quería la película que yo sintiera. Al terminar no habría podido decir cuál era su género principal, y esa indefinición me molestó más que cualquier tropiezo aislado. Un relato de robos puede ser vertiginoso y un melodrama puede ser lento; lo que no funciona es quedarse a medio camino entre ambos sin admitirlo. La película se queda justo ahí, cómoda, sin elegir.

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Todo descansa en la pareja central. Birkan Sokullu interpreta a Güney, el ladrón; Esra Bilgiç, a Alin, la oficial que lo persigue. La historia solo funciona si uno cree que entre ellos hubo algo importante y que ella sigue atada a ese pasado mientras hace su trabajo. Lo más interesante del planteamiento es justo esa ventaja incómoda: Alin conoce al hombre que debe capturar, y lo que sabe de él viene de la intimidad, no de un expediente. Ella tiene que ser cazadora y examante a la vez, y cada papel le estorba al otro. En teoría eso da una tensión estupenda, porque cada paso hacia la captura sería también una pequeña traición a sí misma. La química entre los dos, sin embargo, es despareja. A ratos se sostiene sola. A ratos parece apuntalada por lo que el guion necesita que sintamos. Sokullu y Bilgiç tienen presencia de sobra para cargar con la película, pero no siempre reciben escenas a su altura.

El resto del reparto queda en segundo plano: Fırat Tanış como Faysal, Ushan Çakır como Ozan, Hakan Ummak como Ömer, Nil Keser como Vera y Osman Alkaş como el director ejecutivo. La trama los usa como piezas que empujan la historia y cuesta distinguir qué aporta cada uno más allá de su función. En una película de robos eso pesa, porque buena parte del placer del género está en los secundarios con rasgos propios, esos personajes que uno recuerda por un gesto o una frase. Aquí quedan apenas esbozados, y fuera de la pareja la historia se siente casi deshabitada. Una banda o un entorno con textura habría dado a Alin y a Güney algo contra lo cual medirse; sin eso, sus dilemas se debaten en el vacío.

La película se presenta ante todo como un romance turco, y ahí es donde tendría que ganar o perder. Si el centro emocional no convence, la acción y el misterio del arte robado quedan como simple decoración. Eso fue lo que me pasó: seguí la trama sin esfuerzo, pero rara vez me importó lo que le ocurriera a la pareja. Sokullu y Bilgiç sostienen casi solos esa apuesta romántica, y se nota cuánto trabajo les cuesta. Hay además una idea de fondo que merecía más atención: ¿qué queda de un amor cuando uno de los dos lo usa como herramienta de investigación? El guion la roza y la deja pasar, como si le bastara con enunciarla.

El proyecto fue anunciado por Lanistar Media en Netflix, y el rodaje empezó en junio de 2023 en Praga, para trasladarse después a Estambul, donde terminó en julio de ese año. El tráiler salió el 19 de febrero de 2024, menos de un mes antes del estreno. Pasar de una ciudad a otra le da a la película dos escenarios muy distintos para un relato de arte robado y amores pendientes, y es lo más atractivo que ofrece sobre el papel. Una historia de persecución entre dos ciudades tan diferentes podría haber aprovechado el contraste para decir algo sobre la distancia entre los protagonistas, o sobre el pasado que comparten y el presente que los separa. Que la película explote de verdad esa variedad es otra cuestión, y a mí no me convenció.

La crítica fue fría. En Rotten Tomatoes solo el 20% de cinco reseñas es favorable, con un promedio de 4.3 sobre 10. Barbara Shulgasser-Parker, de Common Sense Media, le dio 1 estrella de 5; Mrinal Rajaram, de Cinema Express, 2 de 5; Gautaman Bhaskaran, de News 18, 2.5 de 5; y Sveva Di Palma, de Cinematographe.it, 2.6 estrellas. La nota más alta fue la de Mariam Fakhreddine, de The Eastern Echo, con 6.5 sobre 10. Es una muestra diminuta, pero casi todas las cifras apuntan hacia donde yo también miro.

La idea de partida tiene gracia y los dos protagonistas tienen oficio, pero la película quiere ser a la vez un thriller con corazón y un romance con persecuciones, y nunca decide cuál de los dos. Se ve sin esfuerzo y se olvida igual de fácil. Yo la habría preferido más terca: un thriller de verdad al que el romance complicara la vida, o un romance que usara el robo como excusa y no como adorno.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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