Música

Shakira en Chocó tras el terremoto: “Me preocupa que las escuelas no se reconstruyan una vez que pase la emergencia”

Alice Lange

Shakira regresó a casa en medio del dolor. Una semana después de que un terremoto devastara el Chocó —la región del Pacífico colombiano a la que ha dedicado dos décadas de su vida—, la cantante recorrió los escombros de salones de clase derrumbados y, en vez de pronunciar las habituales palabras de consuelo, les dijo a los reporteros —en declaraciones recogidas por Billboard— qué es lo que realmente le quita el sueño:

«Lo que más me preocupa es que las escuelas no se reconstruyan cuando termine esta emergencia», dijo. «Cada día que los niños no van a la escuela es un día que pierden de su futuro».

Es una frase extraña de escuchar en el lugar de un desastre. El reflejo, en los días posteriores a un terremoto, es contar los muertos y calcular los daños: al menos 287 personas murieron y unas 40 escuelas quedaron arrasadas solo en el Chocó. Pero la mente de Shakira ya estaba en otro lugar: en el fracaso silencioso y poco dramático que sigue a casi toda catástrofe, cuando las cámaras se van y las promesas se van con ellas.

Tiene motivos para desconfiar de que se cumpla. Shakira fundó su Fundación Pies Descalzos en 1997 y ha gestionado escuelas en el Chocó durante unos veintidós años, tiempo suficiente para ver cómo una de las regiones más pobres de Colombia es olvidada entre emergencias, y no solo a causa de ellas. Cuando dice que teme que las escuelas no sean reconstruidas, no está especulando; está describiendo un patrón contra el que ha luchado durante la mitad de su vida adulta.

El dinero es real y concreto: una aportación inicial de US$1,25 millones —US$500.000 de Live Nation y otros US$500.000 del FIFA Global Citizen Education Fund, además de US$250.000 del banco de desarrollo CAF— destinada a reconstruir diez escuelas, junto con un compromiso personal de restaurar una universidad tecnológica devastada. Howard Buffett, quien desde hace tiempo canaliza recursos hacia la Colombia rural, recorrió el lugar junto a ella y comprometió a su propia fundación con la labor.

Pero la cifra es la parte fácil, y Shakira, más que nadie, lo sabe. Los presupuestos de reconstrucción se anuncian tras cada desastre; se fotografían las inauguraciones; y los edificios, con demasiada frecuencia, nunca se levantan. Lo que realmente hacía en Quibdó era establecer un estándar y desafiar al Estado, a los donantes y al ciclo de noticias a mantenerlo después de que ella se vaya.

«No abandonar al Chocó como históricamente ha sido abandonado», añadió, una frase dirigida menos a los escombros frente a ella que a todos los que habrán seguido adelante para cuando se vierta el concreto.

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