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La casa de los abuelos tiene un muro aterrador y una trama que no le alcanza

Wisit Sasanatieng estrenó en 2021 este terror tailandés que vale por su atmósfera, no por su desenlace.
Martha O'Hara
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Un adolescente con la pierna lastimada se asoma por un agujero en la pared de la casa de sus abuelos y ve otra casa, parecida a la primera pero podrida, con una figura de pelo oscuro al fondo. Esa imagen sostiene La casa de los abuelos, película de terror sobrenatural y misterio del tailandés Wisit Sasanatieng que llegó a Netflix el 2 de diciembre de 2021. Su título original, ปริศนารูหลอน, se traduce más o menos como “el acertijo del agujero embrujado”, y dice bastante más de la película que el título internacional, The Whole Truth. El punto de partida es sencillo y durante un buen rato funciona.

Pim y Putt son hermanos adolescentes. Ella es porrista y popular; él, con una férula en la pierna, vive más bien al margen. Su mamá, Mai (Nicole Theriault), es madre soltera y acaba de ascender a un puesto mejor pagado, pero una noche de lluvia fuerte tiene un accidente de auto que la deja en coma, en terapia intensiva. Entonces entran en escena Phong (Sompob Benjathikul), que se presenta como el abuelo, y Wan (Tarika Thidathit), la abuela, que llama “Krit” a Putt por error e insiste en que los dos se queden en su casa, en el antiguo cuarto de su madre. Asegura que ahí vivieron de niños. Ninguno lo recuerda. Phong explica que su esposa tiene demencia y les pide que no se tomen a pecho lo que haga, y Putt le pregunta a Pim si de veras cree que son quienes dicen ser. La sospecha de que algo no cuadra se instala pronto, y el guion de Abishek J. Bajaj juega con la memoria y la percepción. Donde la película tropieza es en el manejo de sus ingredientes: venganza, misterio familiar y terror sobrenatural compiten por el mismo espacio, y ninguno termina de ganarlo.

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Las mejores secuencias son las que desconciertan sin gritar. Putt se asoma por el agujero y ve esa casa deteriorada; Pim lo desestima. En la cena ella pregunta por el gato, Latte, y Wan responde que lo sacó a la calle, lo que a Putt le cae fatal. Más tarde, cuando Pim quiere enseñarle el agujero a su abuelo, él no ve nada, y Wan tampoco. Los dos mayores creen que los chicos mienten y se enojan, Phong sobre todo, que se va hecho una furia. Esa desconexión está bien resuelta porque nadie sabe quién se equivoca: los jóvenes, los viejos o la casa. En lo visual, lo que más llama la atención es esa segunda casa, parecida a la de los abuelos pero en pleno abandono. Y hay un detalle que se queda en la cabeza: Wan mira un espacio vacío en la pared, donde antes hubo un reloj, y anuncia que es hora de dormir.

Cuando el agujero reaparece, el susto es más directo. Fame, el compañero de Putt que lo chantajea con un video misterioso, se invita a la casa y amenaza con enseñárselo a Pim. Putt oye un rasguño y, al mirar, ve a un niño con la cara negra y monstruosamente hinchada, con un líquido oscuro escurriéndole de la boca y la nariz. Fame no oye ni ve nada, pero se asoma y termina con la nariz sangrando, y acusa a Putt de haberlo empujado. Es la mejor escena de la película. Conviene recordar de dónde sale Fame: al principio intenta meterse a la fuerza en el cuarto de Pim mientras ella se cambia, y Putt, por su pierna, no puede subir la escalera para defenderla. Es un villano de trazo grueso, y la película lo aprovecha mejor como amenaza que como personaje.

Lo que viene después cuesta más trabajo. Varias decisiones de los personajes se sienten pensadas para que la trama avance y no porque alguien en su lugar actuaría así. El video con el que Fame presiona a Putt queda flotando como una amenaza que el guion no termina de aprovechar. Y la historia, que quiere cruzar varias generaciones, avanza a trompicones: hay escenas que se alargan y otras que pasan sin dejar huella, de modo que los saltos en el tiempo piden un pulso que la película no sostiene.

En el reparto, lo más sólido está entre los mayores. Benjathikul le da presencia a Phong, aunque el personaje cambia de registro con poca preparación. Thidathit tiene la tarea más ingrata: una abuela con demencia, cuyas rarezas la película usa tanto para inquietar como para despistar, y ella logra que uno nunca sepa del todo cuánta confusión es verdadera. Sutatta Udomsilp, como Pim, y Nattapat Nimjirawat, como Putt, transmiten bien la tensión entre hermanos, aunque algunos diálogos se vuelven predecibles.

La crítica no se ha puesto de acuerdo. En Rotten Tomatoes hay quien la defiende como una película injustamente subestimada, con una premisa y un núcleo emocional que merecen una oportunidad; otras reseñas le reprochan que aspire a lo épico sin el matiz necesario. Yo coincido un poco con cada bando. La idea del agujero como paso a otro lugar, y quizá a otro tiempo, es buena, pero la película apenas se detiene a explorar qué significa, para dos hermanos sin recuerdos de su infancia, descubrir que alguien los conoce mejor que ellos mismos.

Del arranque me quedo con la abuela mirando el hueco del reloj; del resto, con la sensación de que la película no supo qué hacer con lo que había abierto.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Keetapat Pongruea — Pinya

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