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Con “Birthday”, School of X logra que soltar el control parezca lo más natural del mundo

Alice Lange

Hay una corriente en el pop alternativo escandinavo que opera casi por debajo del radar del algoritmo — seria, bien conectada y comprometida con hacer música extraña y honesta que hace que el éxito comercial parezca casi un asunto secundario. School of X, el proyecto de Rasmus Littauer, ocupa un lugar central en esa corriente. Sus colaboradores incluyen a MØ, Trentemoller, Soleima y Lord Siva; su catálogo se mueve entre lo experimental y lo melódico con una naturalidad que le ha ganado festivales internacionales y críticas positivas.

“Birthday” es algo nuevo en ese catálogo: no un cambio de dirección, sino una profundización. La premisa es calladamente filosófica: la voz de un niño interior que le habla al adulto en el que se ha convertido, pidiéndole que se relaje. “Intento que mi niño interior le diga al adulto que se relaje, que lo tome con calma”, explica Littauer. El resultado es tan juguetón como emocionalmente honesto.

Rasmus Littauer, the artist behind School of X, press portrait
Photo: Sarah Stenfeldt

El origen de la canción es tan bueno como la canción misma. Lo que empezó como una demo junto a Tobias Laust (A Good Year, Liss) y Villads Tyrrestrup (Smerz, Soleima, Liss) terminó tomando forma en una tarde en una gasolinera de Grecia. La mayoría de las tomas fueron primeras, y el ruido del tráfico y el viento quedó en la mezcla. La producción, junto a Søren Buhl, equilibra ese filo juguetón con algo más oscuro bajo la superficie.

El video, dirigido por Albert Hildebrand, regresa a esa misma gasolinera. “Birthday” llega antes de la presentación de School of X en el festival by:Larm de Oslo este fin de semana, y sigue una racha reciente que incluye “Dreams” y el doble séncillo “Slow My Heart Down” / “Not Enough Time” (feat. Hans Phillip).

En un momento en que la tendencia en el pop es agregar capas de ansiedad y densidad de producción, School of X apuesta por lo contrario: la toma sin filtros, el sonido de un cuarto, el instante antes de la autocrítica. Con “Birthday”, ese instinto funciona.

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