Actores

Bob Odenkirk: del cuarto de guionistas al ring, pasando por Saul Goodman

Escribió para Chris Farley antes de actuar para Vince Gilligan. Se volvió Saul Goodman cuando ya rebasaba los cuarenta. Aprendió a romper huesos cuando andaba por los cincuenta. A los 63, con Normal recién llegada al streaming en PVOD y una nominación al Tony en el bolsillo, el editor de comedia convertido en protagonista dramático y después en estrella de acción sigue sin frenar.
Penelope H. Fritz

El actor que se ve en Normal — un sheriff que lee un atraco fallido en un pueblo de Minnesota como si fuera un acertijo — es el mismo tipo que alguna vez tecleó el monólogo de Matt Foley con la esperanza de que Chris Farley le dijera que sí. Entre esas dos escenas hay una carrera que no se parece a un camino sino a una sucesión de salidas no programadas. Bob Odenkirk dejó el cuarto de guionistas por la cámara, cambió la comedia por el drama de prestigio, cambió el drama por la acción, y en un set en Nuevo México estuvo a un suspiro de irse de todo. Siguió encontrando puertas que nadie más había marcado.

Nació en Berwyn, Illinois, en una familia de impresores con siete hijos. Creció con ganas de escaparse de los suburbios de Chicago y meterse en un cuarto de guionistas: primero la órbita de The Second City, después una chamba como escritor en Saturday Night Live, donde a los 24 años aprendió a poner en papel voces que no eran la suya. Pasó por la Southern Illinois University en Carbondale, dejó la carrera dos veces y llegó al equipo de Lorne Michaels porque Robert Smigel lo respaldó. Lo mejor que escribió allí no era para él: el monólogo de Matt Foley, el orador motivacional que vivía en una camioneta junto al río, que Chris Farley volvió uno de los sketches más repetidos del programa. Ya entonces era visible el patrón. Odenkirk armaba vehículos para otros mejor que para sí mismo.

El arco se rompió en dos oleadas. La primera fue Mr. Show with Bob and David, que armó con David Cross en HBO entre 1995 y 1998: cuatro temporadas de sketches que casi nadie miraba en su momento y que hoy cita como documento fundacional cualquiera que pese en la comedia estadounidense. Tim and Eric, David Wain, Derek Waters y buena parte de la comedia absurda de las dos décadas siguientes pasan por Mr. Show. Tenía treinta y tres cuando terminó y no traía un papel estelar amarrado del otro lado. Pasó una década detrás de la cámara como director, productor y mentor — un desvío que la mayoría habría tomado como cierre de carrera.

La segunda oleada llegó por un papel invitado. Vince Gilligan y Peter Gould lo metieron en la segunda temporada de Breaking Bad como Saul Goodman, un personaje escrito para tres episodios que terminó cubriendo toda la serie porque Odenkirk hizo con él — un abogado de plaza comercial de Chicago que hablaba como anuncio de radio — algo que el cuarto de guion no había imaginado. Saul ganó spinoff. Better Call Saul corrió seis temporadas en AMC entre 2015 y 2022 y le entregó a Odenkirk un papel que pocos actores en activo llegan a tener: sostener al mismo personaje en cinco versiones — Jimmy McGill el hermano bienintencionado, Saul Goodman el abogado de los trajes mal cortados, Gene Takovic el gerente de Cinnabon que se esconde en Omaha. Seis nominaciones al Emmy como actor protagonista. Cero estatuillas. La serie cerró con el récord histórico de derrotas en los Emmy, un dato que hoy se lee como confirmación crítica más que como fracaso.

La canonización de Better Call Saul ha tapado lo que Odenkirk hace en pantalla, que no es lo de Bryan Cranston y nunca pretendió serlo. El Walter White de Cranston es una línea clara que se va torciendo hacia abajo; el Saul de Odenkirk son cinco hombres distintos dentro de un cuerpo que no sabe cuál le toca ser después. La interpretación está más cerca del actor de carácter que del galán — la misma acumulación de tics y gestos chiquitos que aprendió escribiendo para otros cómicos en los noventa, ahora aplicada a un ser humano durante trece años de televisión. Las derrotas en los Emmy no son una lectura mal hecha del trabajo; el trabajo se entendía. Son un problema de categoría. El premio al actor protagonista premia la arquitectura de un papel. Saul Goodman no tiene arquitectura. Tiene clima.

Antes de que Saul cerrara, Odenkirk ya estaba pivotando otra vez. Nobody, la cinta de Ilya Naishuller con guion de Derek Kolstad — el mismo creador de John Wick —, lo puso como Hutch Mansell — un papá suburbano con un pasado de violencia estatal — y Odenkirk pasó dos años entrenando combate para encajar físicamente en el papel. Lo hizo a los cincuenta y ocho. El 27 de julio de 2021, en retomas de la última temporada de Better Call Saul en Albuquerque, su corazón se detuvo en el set. Rhea Seehorn y Patrick Fabian pidieron auxilio; un desfibrilador lo regresó. Llama a la recuperación un regalo y no ha parado de trabajar. Lucky Hank, su comedia académica en AMC adaptada de Straight Man de Richard Russo, duró una temporada en 2023. Un papel como el tío Lee en The Bear le valió una nominación al Emmy. En 2025 debutó en Broadway como Shelly Levene en el revival de Glengarry Glen Ross y recibió una nominación al Tony al mejor actor en obra de teatro. Nobody 2, dirigida por Timo Tjahjanto, se estrenó ese agosto. Normal, la película de Ben Wheatley que coescribió en historia con Derek Kolstad — un thriller de acción con aire de Fargo ambientado en un pueblo ficticio de Minnesota, con Henry Winkler y Lena Headey al lado — llegó a salas el 17 de abril y aterrizó en PVOD el 19 de mayo de 2026.

Está casado con Naomi Yomtov desde 1997. Tienen dos hijos, Nate y Erin. Su hermano menor, Bill Odenkirk, lleva dos décadas escribiendo para Los Simpson y Futurama. Odenkirk ha hablado abiertamente del infarto en la promoción de Normal: describe el regreso menos como vivencia espiritual y más como asunto práctico — le dieron tiempo de más y decidió en qué gastarlo.

Una tercera Nobody está en desarrollo con el equipo de guionistas de la franquicia. La temporada en Broadway destapó un instinto escénico que nadie le veía venir. Ha vuelto a hablar de dirigir — lo que hacía a los treinta antes de que llamara Vince Gilligan. La carrera sigue sin arquitectura. Tiene clima. La próxima temporada ya se mueve.

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