Actores

Ryan Gosling, el actor que siempre le dio la espalda al estrellato y ganó la apuesta

Penelope H. Fritz

Hay actores que buscan ser estrellas y hay actores que buscan ser buenos. Ryan Gosling pasó dos décadas siendo el segundo tipo de actor, con resultados que eventualmente lo convirtieron en el primero. Construyó su reputación sobre materiales que ninguna lógica de mercado avalaba, sobre personajes que pedían incomodidad al espectador. Y luego, en 2023, apareció en Barbie vestido de rosa y el mundo entero lo descubrió de nuevo.

Nació el 12 de noviembre de 1980 en London, Ontario, Canadá, en una familia mormona de recursos limitados. Su padre trabajaba en una planta de papel; su madre era secretaria. A los doce años dejó la escuela para unirse al Mickey Mouse Club de Disney, donde compartió pantalla con Britney Spears, Justin Timberlake y Christina Aguilera, entre otros. No era el más notorio del grupo. Esa experiencia —actuar al lado de personas que ya sabían exactamente adónde iban— marcó su relación con la fama. Decidió construir desde otro lugar.

Sus primeros años en Hollywood estuvieron marcados por la negativa a seguir el camino obvio. Diario de una pasión, basada en la novela de Nicholas Sparks, lo hizo famoso en 2004, pero él usó esa visibilidad para hacer Half Nelson, un drama indie rodado con 700.000 dólares sobre un maestro con adicciones. La nominación al Oscar que siguió —tenía veinticinco años— estableció que no iba a ser el tipo de actor que aprovecha el éxito para escalar hacia proyectos más seguros. Iba a hacer lo contrario.

Blue Valentine, la crónica despiadada de una relación que se derrumba, llegó después. Luego Drive, de Nicolas Winding Refn, un thriller de género que desconcertó a quienes esperaban algo convencional y encontró a su audiencia en quienes no. La gran apuesta lo mostró capaz de hacer funcionar un papel secundario como si fuera el protagonista absoluto. Y La La Land, de Damien Chazelle, le dio un Globo de Oro y una nominación al Oscar mientras probaba que también podía cantar y bailar.

La crítica más recurrente a Gosling es que aceptar el papel de Ken en Barbie fue una elección que priorizó la visibilidad sobre la complejidad. Que el número musical «I’m Just Ken» en los Oscar de 2024 —que ensayó más de cinco semanas según se reportó— fue la capitulación definitiva de un actor que había pasado veinte años evitando exactamente ese tipo de espectáculo. La lectura contraria tiene más sustancia: que sacar una nominación al Oscar del personaje más subeditado de la franquicia de juguetes más rentable del planeta es, en realidad, el resultado más extraño y más difícil de lograr. Que su declaración pública apoyando a Greta Gerwig y Margot Robbie después de la nominación demostró que seguía siendo el mismo actor de siempre, sólo que dentro de una película de dos millones de millones de dólares de recaudación total.

Desde 2012 está en pareja con la actriz Eva Mendes, con quien tiene dos hijas. No usa redes sociales. Ha concedido pocas entrevistas extensas a lo largo de su carrera.

Proyecto Hail Mary, que se estrenó en marzo de 2026 bajo la dirección de Phil Lord y Christopher Miller, lo pone en el espacio como Ryland Grace, un astronauta sin memoria que debe descubrir por qué está ahí y qué necesita la Tierra de él. La película recaudó 141 millones de dólares y tiene un 94% en Rotten Tomatoes. Vienen Star Wars: Starfighter, la precuela de Ocean’s Eleven y más. El actor que siempre dijo no terminó construyendo una carrera que ahora puede decir cualquier cosa.

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