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El telescopio Swift de la NASA detectó 2,000 estallidos gamma y ahora caerá a la Tierra

Peter Finch
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El Observatorio Swift Neil Gehrels de la NASA, el telescopio espacial que pasó dos décadas en una carrera por captar las explosiones más poderosas del universo, dejó de hacer ciencia. Ahora vuela tan bajo que la delgada atmósfera superior lo frena con fuerza suficiente para impedir que sus telescopios se mantengan fijos en un objetivo, y la nave robótica enviada para empujarlo más arriba nunca logró sujetarlo. En unas semanas, el Swift volverá a caer en la atmósfera y se desintegrará.

El Swift se diseñó para una misión principal de dos años y siguió funcionando más de diez veces ese tiempo; en ese lapso captó miles de estallidos de rayos gamma, los breves destellos de radiación que se liberan cuando colapsan estrellas masivas o chocan estrellas muertas. Su final deja a los astrónomos sin el único telescopio capaz de detectar esos destellos y girar para estudiarlos en más o menos un minuto.

“El Swift le dio a la nación un retorno de la inversión increíble y duradero: se diseñó para una misión principal de dos años, pero fue productivo durante más de 10 veces ese tiempo”, dijo Shawn Domagal-Goldman, quien encabeza la División de Astrofísica en la sede central de la NASA. El conteo de la agencia suma más de 2,000 estallidos de rayos gamma, más de 1,400 supernovas, estrellas desgarradas por agujeros negros, cometas, asteroides y alrededor de 7,000 artículos científicos publicados con base en datos del Swift.

¿Por qué se cae un telescopio que está en órbita?

Todos los satélites en órbita terrestre baja rozan las capas más externas de la atmósfera. El Swift no tiene motor para contrarrestar ese efecto, y un periodo de intensa actividad solar empeoró el problema: un Sol activo calienta e infla la atmósfera superior, así que un satélite se topa con más aire a la misma altura.

El Swift se colocó en una órbita a unos 600 kilómetros de altura. Hoy está por debajo de los 275 kilómetros, muy por debajo de los aproximadamente 400 kilómetros a los que vuela la Estación Espacial Internacional. A esa altura, según la NASA, el arrastre atmosférico es demasiado fuerte para que los telescopios observen sus objetivos de manera estable. La agencia había fijado el punto sin retorno para cualquier rescate en alrededor de 300 kilómetros.

La nave pesa cerca de 1,450 kilogramos. “Aunque es posible que, por su tamaño, algunos componentes de la nave Swift sobrevivan a la reentrada, la probabilidad de que los restos causen daños materiales significativos o lesiones físicas a alguien es muy baja”, dijo a CNN la empresa de rastreo espacial LeoLabs. La mayor parte de los restos que sobreviven, agregó la compañía, cae al océano o en zonas deshabitadas.

El rescate que estuvo a punto de lograrse

La NASA sí intentó salvarlo. La agencia pagó 30 millones de dólares a Katalyst Space, una empresa con sede en Flagstaff, Arizona, para construir una nave robótica llamada LINK que se acercaría al Swift, lo sujetaría con brazos robóticos y lo elevaría de nuevo hacia su altitud original. El Swift nunca se diseñó para eso: no tiene agarraderas ni puntos de anclaje a los que pueda sujetarse una nave de servicio. Si hubiera funcionado, habría sido la primera vez que un robot comercial capturara un satélite gubernamental no tripulado que no se construyó para recibir mantenimiento.

Katalyst construyó LINK en menos de un año y lo lanzó en un cohete Pegasus XL soltado desde un avión jet. Cerca de una semana después de iniciado el vuelo, una falla en un interruptor de energía afectó una de sus ruedas de reacción, los volantes giratorios que usa una nave para orientarse. Después, una válvula de propulsor que no respondía puso a LINK a girar, y vino una segunda falla de interruptor. Con dos de sus tres ruedas de reacción fuera de servicio, el propelente que se gastó en detener el giro dejó muy poco para una captura segura.

La NASA y Katalyst cancelaron el rescate. Aun así, LINK llegó a estar a entre 12 y 15 kilómetros del Swift y lo fotografió antes de desintegrarse también. “Estuvimos muy, muy cerca”, dijo Kieran Wilson, de Katalyst, ante un comité de astronomía de las Academias Nacionales de Estados Unidos. Jared Isaacman, titular de la NASA, lo planteó así: “Este no es el resultado por el que trabajábamos, pero no cambia las razones por las que valía la pena intentar esta misión”.

En tierra, el equipo de Penn State que opera el Swift intentó ganar tiempo. El personal de control cambió los objetivos científicos por posiciones en el cielo que mantenían a la nave en su orientación más aerodinámica, y renunció durante meses a las observaciones dirigidas. John Nousek, quien dirige la misión en Penn State, describió el esfuerzo como “abrir camino con nuevos métodos para minimizar el arrastre que sufre la nave”. Cuando el rescate se redujo, el Swift volvió a trabajar con dos de sus tres instrumentos hasta que el arrastre puso fin a sus observaciones.

Cómo el Swift transformó el estudio de las explosiones cósmicas

Los estallidos de rayos gamma duran desde una fracción de segundo hasta unos cuantos minutos, y antes del Swift solían desvanecerse antes de que los grandes telescopios pudieran encontrarlos. “El Swift se diseñó como un satélite dedicado a estudiar los estallidos de rayos gamma, erupciones que aparecían y desaparecían tan rápido que nadie podía apuntarles con grandes telescopios para saber más”, dijo S. Bradley Cenko, quien lidera científicamente la misión en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. Un detector de rayos gamma de campo amplio detectaba cada estallido, el Swift enviaba su posición a los observatorios en tierra y giraba sus telescopios de rayos X y ultravioleta-óptico para captar el resplandor residual que se desvanecía. “Por lo general, esto le tomaba al Swift alrededor de un minuto”, dijo Cenko.

Esa rapidez resolvió un enigma de muchos años. Los estallidos cortos de rayos gamma, que alcanzan su punto máximo en menos de dos segundos, nunca se habían ubicado con la precisión necesaria para ver su resplandor residual. El Swift captó uno que duró tres centésimas de segundo y detectó apenas 11 fotones de rayos X, y el resultado respaldó la idea de que los estallidos cortos provienen de choques de estrellas de neutrones, los restos del tamaño de una ciudad que dejan las estrellas que explotaron.

El Swift también se volvió un telescopio de emergencia de uso general. Los astrónomos podían solicitar observaciones urgentes que se ordenaban desde tierra en cuestión de minutos, y la agenda diaria podía repartirse entre hasta 75 objetivos distintos. Junto con el telescopio Fermi de la NASA, descubrió GRB 221009A, apodado BOAT por las siglas en inglés de “el más brillante de todos los tiempos”, el estallido de rayos gamma más energético jamás registrado, a unos 2.4 mil millones de años luz.

El Swift deja un archivo de más de 1.5 millones de imágenes de su telescopio ultravioleta-óptico y cerca de 12 terabytes de datos en total, lo que la NASA compara con unas 600 películas en alta definición, todo de acceso público.

Lo que su final no resuelve

Aún no se conocen el día ni el lugar exactos de la reentrada. La NASA solo dice que se espera en las próximas semanas, y el momento depende de la actividad solar, que cambia la densidad de la atmósfera superior. La estimación de riesgo tranquilizadora mencionada antes proviene de una empresa de rastreo, no de una evaluación publicada por la NASA.

La gran pregunta pendiente es quién cubrirá el papel del Swift. La NASA todavía no nombra a un sucesor. Domagal-Goldman dijo que la agencia está “explorando nuestra capacidad de usar y ampliar la flota de telescopios espaciales existentes de la NASA, desde capacidades comerciales de rápido acceso a la órbita hasta misiones nuevas, eficientes e innovadoras”. Otras naves ya buscan destellos cósmicos, entre ellas la misión chino-francesa SVOM y la Einstein Probe, encabezada por China, y el Fermi sigue vigilando el cielo en rayos gamma. Qué tan bien esa combinación reemplace a un telescopio capaz de encontrar un estallido y estudiar su resplandor residual en alrededor de un minuto es algo que los astrónomos solo sabrán en la práctica.

En el terreno del mantenimiento de satélites, LINK demostró que una empresa pequeña podía construir y poner a volar una nave robótica de servicio en menos de un año, con propulsores y brazos que funcionaron, según Katalyst. Lo que nunca demostró fue la parte difícil: atrapar una nave que nunca se construyó para ser atrapada.

Preguntas frecuentes sobre el fin del Swift

¿Cuándo va a caer a la Tierra el telescopio Swift de la NASA?

La NASA espera que el Swift reingrese a la atmósfera en las próximas semanas. Su última observación científica fue el 20 de octubre de 2026.

¿Los restos del telescopio Swift son peligrosos al caer?

La mayor parte de la nave, de cerca de 1,450 kilogramos, debería desintegrarse. La empresa de rastreo LeoLabs dijo que algunos componentes podrían sobrevivir, pero la probabilidad de daños significativos o de lesiones a alguien es muy baja, y lo más probable es que los restos que sobrevivan caigan al océano o en zonas deshabitadas.

¿Por qué la NASA no pudo salvar al telescopio Swift?

El Swift no tiene motor para elevar su propia órbita. Una nave robótica llamada LINK, construida por Katalyst Space con un contrato de 30 millones de dólares de la NASA, debía sujetarlo y subirlo, pero las fallas en las ruedas de reacción y un giro descontrolado agotaron su propelente antes de que pudiera intentar la captura.

¿Qué es un estallido de rayos gamma?

Un estallido de rayos gamma es un destello breve de radiación de alta energía y el tipo de explosión más poderoso que se conoce. Los estallidos largos provienen del colapso de estrellas masivas, mientras que los cortos, que duran menos de dos segundos, se relacionan con choques de estrellas de neutrones.

Cronología y lo que sigue

El Swift se lanzó el 20 de noviembre de 2004, y en 2018 la NASA le puso el nombre de Neil Gehrels, primera persona en dirigir científicamente la misión, que murió en 2017. Su histórico estallido corto, GRB 050509B, llegó en mayo de 2005; el BOAT llegó después, el 9 de octubre de 2022.

La NASA firmó el contrato con Katalyst el 25 de septiembre de 2025, LINK despegó el 3 de julio de 2026 desde el atolón Kwajalein, en las Islas Marshall, y la captura se canceló el 19 de agosto. LINK reingresó a la atmósfera a fines de septiembre, y el Swift hizo su última observación el 20 de octubre.

Lo que sigue es la caída misma, prevista en unas semanas. El archivo del Swift sigue abierto para los investigadores, datos que, según Domagal-Goldman, “impulsarán nuevos descubrimientos durante muchas décadas más”.

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