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‘Las dos caras de la ley’ en Netflix: un abogado honesto descubre que salvarse exige hacer trampa

Veronica Loop

A Mek lo educaron para creer que los tribunales premian la verdad. La serie tailandesa que llega a Netflix lo desarma en su primera hora: acusado del asesinato del hijo de un jefe de policía con mucho poder, descubre que la justicia en la que confiaba no lo defiende, lo encierra. Su única salida es contratar al abogado que más ha despreciado, Jittri, el que todos llaman el abogado del diablo y que gana encontrando el hueco en la ley y jalándolo hasta que algo se rompe.

Vale la pena ser claros sobre qué tipo de serie es. Por el nombre y el avance parece la vitrina de un villano con carisma. No lo es. Lo que está en el centro es la sala: un sistema tan armado alrededor del dinero, el rango y los contactos que contratar a un tramposo termina siendo la única opción sensata que le queda a alguien honesto. La corrupción no es la falla de Jittri; es cómo funciona la institución, y Mek lo aprende viendo perder a la honradez una y otra vez.

Dirige Nottapon Boonprakob, el de Mad Unicorn en Netflix, con Jakkarin Thepvong como codirector y coguionista. La diferencia está en cómo trabajaron la autenticidad: no como eslogan, sino como base. Los guionistas pasaron años dentro de tribunales reales, junto a abogados, jueces, fiscales y gente de oenegés, con expertos revisando cada línea. Por eso la serie no cuenta un solo juicio: arma un asesinato central que se abre en casos conectados, y cada uno destapa una grieta distinta del aparato judicial.

Esa forma es el mensaje. El drama de tribunales suele vivir del juicio único y el alegato que lo arregla todo en una tarde. Aquí no. Al repartir la historia en casos enlazados, el problema deja de ser un mal veredicto que un héroe revierte y pasa a ser una máquina con muchas fallas. Una máquina no se arregla con un discurso.

Rhatha Phongam es Jittri, la abogada que ya no finge que el sistema sea otra cosa que un juego. Nat Kitcharit es Mek, y su desgaste moral es el eje: cada concesión le compra un día y le cuesta un pedazo de quien era. Completan el mapa Songsit Roongnophakunsri como el jefe de policía que exige venganza por su hijo, Phollawat Manuprasert como el padre de Mek, un juez obligado a elegir entre el estrado y su hijo, y Atchareeya Potipipittanakorn como una política que mueve el mismo sistema desde los derechos humanos.

De fondo hay una estrategia. Netflix volvió a Tailandia uno de sus motores de exportación: Bad Genius hizo de la corrupción un atraco, Girl from Nowhere convirtió la escuela en terror, Hunger vendió la lucha de clases como alta cocina. Faltaba el tribunal. La apuesta es que ese mismo gancho viaje de nuevo, ahora con la ley en el banquillo, porque la sospecha que mueve la historia no necesita traducción en América Latina: que la justicia protege al que tiene contactos y aplasta al resto.

The Evil Lawyer - Netflix

La serie deja una pregunta abierta: si Mek puede pelear contra un sistema arreglado usando sus propios huecos sin volverse el abogado que juró derrotar. ‘Las dos caras de la ley’ no promete que el hombre honesto siga siéndolo; muestra, caso por caso, cuánto le cuesta ganar y cuánto le costaría no hacerlo.

‘Las dos caras de la ley’ (ทนายปีศาจ) se estrena en Netflix el 11 de junio de 2026. La serie tailandesa está protagonizada por Rhatha Phongam y Nat Kitcharit, con Songsit Roongnophakunsri, Phollawat Manuprasert y Atchareeya Potipipittanakorn, bajo la dirección de Nottapon Boonprakob y Jakkarin Thepvong.

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