Análisis

San Fermín 2026: un millón de visitantes, ola de calor y el 77% que quiere acabar con los toros

Molly Se-kyung

Dos profesionales de la salud subieron al balcón del Ayuntamiento de Pamplona y dispararon el cohete que abre San Fermín. Abajo, con 40 grados centígrados y Navarra en alerta naranja por calor extremo, miles de personas con ropa blanca y pañuelo rojo gritaron como si nada de eso fuera raro. Y no lo era. Ese es el problema.

Clint Jean Louis Fernández, médico de urgencias, y Araceli Sergio Aguilera, enfermera de urgencias móviles, los eligió el voto popular para lanzar el Chupinazo, en homenaje al personal sanitario. Cuando lo hicieron, los servicios de salud de Navarra ya registraban 83 casos por calor en los primeros días de julio — el triple que en el mismo período del año pasado. Fernández dijo que fue “calor, emoción, sudor, pero mágico e inolvidable.” Acababa de inaugurar la emergencia que sus colegas manejarían nueve días.

San Fermín es uno de los festivales tradicionales más concurridos del mundo: nueve días, más de un millón de visitantes en una ciudad de 200.000 habitantes. También es, en el verano de 2026, uno de los más cuestionados. Tres presiones coinciden al mismo tiempo: una crisis climática que hace el ritual físicamente peligroso, el rechazo del 77% de los españoles a las corridas de toros, y un conflicto comercial que separa en silencio el encierro — la carrera de los toros por las calles — de la corrida en la plaza.

Este año también se cumplen 100 años de la novela que puso a Pamplona en el mapa mundial. Hemingway publicó Fiesta en 1926, un año después de vivir ese julio en Pamplona. Fue la primera vez que el mundo anglosajón tuvo un relato detallado del festival. Los estadounidenses son todavía hoy el grupo nacional extranjero más numeroso en el encierro, según el Ayuntamiento de Pamplona.

Con el tiempo, Hemingway se arrepintió de lo que creó. En El verano peligroso, de 1959, describió la ciudad como siempre, “salvo que se agregaron cuarenta mil turistas.” En 2026 esa cifra parece una época dorada. Varios medios de Estados Unidos publicaron reportajes del centenario el mismo día de apertura, atrayendo una nueva oleada de turistas literarios a una ciudad ya desbordada.

El impacto económico no deja dudas. Un estudio del Ayuntamiento de Pamplona de 2025 calculó un impacto total de 259,4 millones de euros: 424.369 visitantes únicos, 2.431 empleos equivalentes y 52,2 millones en ingresos fiscales. Los turistas internacionales gastaron 460 euros en promedio. La valoración del festival fue de 8,9 sobre 10.

El impacto ambiental es otra historia. Las emisiones de CO₂ crecieron 28,4% respecto al año anterior. La apertura se hizo bajo alerta naranja, con pantallas gigantes en distintas plazas y avisos de hidratación.

El primer encierro fue el 7 de julio. Ocho toros de la ganadería Fuente Ymbro cubrieron los 875 metros del recorrido en 2 minutos y 16 segundos. Cuatro personas necesitaron atención médica; tres fueron hospitalizadas con contusiones. Sin cogidas. The Olive Press reporta que unas 300 personas reciben atención médica en un día promedio del festival; quince personas murieron por asta de toro en el último siglo. La última muerte en el encierro fue en 2009.

Ahí está la tensión que los datos no resuelven: quienes corren asumen un riesgo conocido y en general lo superan. Los toros, no. Cada animal que corre en la mañana muere en la plaza esa tarde.

El alcalde Joseba Asirón, del espacio político Bildu, gobierna Pamplona desde 2015. En el Chupinazo dijo que “en San Fermín no hay espectadores.” Su posición real sobre las corridas la expresó de otra manera: un acuerdo con RTVE que da a TVE los derechos exclusivos de imagen del encierro por 650.000 euros anuales. El sector taurino y la RUCTL — organización de corredores — lo criticaron duramente, según informó la publicación especializada Mundotoro. TVE no transmite corridas desde hace años. Los críticos dicen que Asirón no prohibió la corrida — cedió su elemento más valioso a una televisora opuesta a todo lo que pasa después del encierro.

Un estudio de la Fundación BBVA de 2025 reveló que el 77% de los españoles quiere acabar con la tauromaquia, con una valoración media de 1,8 sobre 10 — frente al 2,7 de 2008 —, y con el rechazo más fuerte entre menores de 35 años. El día previo al Chupinazo, AnimaNaturalis y PETA hicieron una protesta en Pamplona; la mañana del primer encierro, Iruñea Antitaurina convocó una marcha.

El argumento para mantener la tradición no es débil. La tauromaquia es Bien de Interés Cultural en España. La plaza de Pamplona la gestiona la Casa de Misericordia, una institución de caridad. Los defensores argumentan que los toros de lidia viven en libertad durante cinco o seis años antes de su única corrida. La tesis es que suprimir una tradición por decisión de mayoría no es distinto de cualquier borrado cultural.

El contrapunto es que las tradiciones que sobreviven son las que saben adaptarse. San Fermín ya cambió: los protocolos contra las agresiones sexistas llegaron después de la violación de La Manada en 2016; se incorpora tecnología para el calor; los derechos de imagen se reestructuraron. La pregunta que abre 2026 es si esas adaptaciones alcanzan para un ritual que acumula más rechazo que nunca, corre con temperaturas récord y celebra el centenario del libro que mandó al mundo a Pamplona.

Lo que se sabe: San Fermín 2026 abrió con el calor más extremo en julio para Navarra, con 83 casos sanitarios en los primeros días — el triple del año anterior. El festival generó 259,4 millones de euros de impacto económico en 2025, con 424.369 visitantes únicos. El primer encierro dejó cuatro heridos sin cogidas. El 77% de los españoles quiere acabar con las corridas (Fundación BBVA 2025). El centenario de Fiesta trajo en 2026 una oleada de turismo literario estadounidense. El Ayuntamiento firmó un acuerdo de derechos con RTVE por 650.000 euros anuales.

Lo que está en disputa: Si el encierro y la corrida son tradiciones separables o una sola práctica. Si el acuerdo con RTVE es modernización o abolición encubierta. Si el 77% de rechazo se convertirá en presión suficiente para cambiar un festival con 8,9 de valoración.

El Chupinazo se dispara a mediodía cada 6 de julio. Los toros corren a las ocho de la mañana. La plaza se llena a las seis y media de la tarde. Pamplona gestiona 700 años de ritual con los sensores de una ciudad que calcula, en silencio, si puede seguir haciéndolo.

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