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Por qué James. llega a Netflix con James Rodríguez confesando, en cámara, lo que Colombia llevaba doce años sin decirle

Tres episodios dirigidos por Simón Brand y producidos por Clover Studios, a tres semanas del Mundial; el futbolista marca el relato antes que la prensa.
Jack T. Taylor

Hay un tipo de futbolista cuya carrera deja de pertenecerle en algún momento de los veintidós años. El país se apropia de la imagen, la liga absorbe el valor de mercado y al cuerpo solo le queda llegar al martes a entrenar. James Rodríguez es ese futbolista en Colombia desde el verano de 2014, cuando le clavó una volea a Uruguay para cerrar un Mundial al que había llegado siendo un pibe de veintidós años y del que salió como el goleador del torneo.

La docuserie que armó sobre sí mismo abre con él diciendo, frente a la cámara, que ha perdido más veces de las que ha ganado. La prensa colombiana citó la frase como una confesión; dentro de la serie es otra cosa, más útil: una oración que el país llevaba doce años negándose a escribir por él, y que solo podía pronunciar, sin pedir perdón, la única persona habilitada para hacerlo.

El documental se sostiene sobre una concesión que la mayoría de los retratos deportivos no se anima a hacer. Para el ’10’ de una selección latinoamericana, el fútbol nunca es solo fútbol; es la línea sobre la que un país proyecta su autoimagen cada generación. Carlos Valderrama cargó esa línea en los noventa. Faustino Asprilla la cargó después, brevemente, sobre el fondo más áspero del fútbol financiado por economías paralelas. Rodríguez la lleva cargando más tiempo que ninguno y a lo largo de una época europea más seca, cuando las grandes ligas dejaron de alinear enganches clásicos y arrancaron a gastar el dinero en mediocentros box-to-box que nunca tuvieron que inventar un pase. La serie es la primera vez que se le permite describir lo que ese rol cuesta, no con el idioma abstracto del relato deportivo colombiano sino con la gramática concreta de alguien que sabe cuáles de sus jugadas en Real Madrid, en Bayern Múnich, en Everton, en Al-Rayyan fueron las de un futbolista todavía intentándolo y cuáles las de un futbolista todavía vendiéndose.

La arquitectura del montaje convierte la concesión en estructura, no en retórica. La mayoría de los retratos de fútbol abren con la gloria y dejan que las decepciones lleguen al final como una inevitabilidad: en cualquier otra plantilla de Netflix, la volea de Uruguay sería el cold open. Simón Brand invierte el orden. El tráiler arranca con la admisión a cámara, y los tres episodios arrastran al espectador hacia atrás, hacia los hitos, sabiendo de antemano el veredicto que el propio protagonista ya emitió. La decisión te avisa, antes de que James abra la boca, que esto no es una coronación, y deja que las imágenes funcionen como prueba en vez de como argumento.

El sello autoral de Brand se nota en el corte. Viene del videoclip y del comercial colombiano, y la cadencia de esos formatos está en el tráiler: planos cortos de reacción, dollys lentos por los pasillos del estadio, respiración ambiental en la mezcla donde la plantilla Netflix metería voz en off. La banda sonora de Diamante Eléctrico —la banda colombiana de rock con más recorrido internacional ahora mismo— hace más trabajo cultural que la música de un documental deportivo cualquiera. Ubica a la serie en el mismo registro que produjo a Bomba Estéreo, el Medellín de J Balvin, la generación de Caracol con la que Rodríguez creció. Para la audiencia colombiana, la señal es clara: el documental se hizo primero para ella y después para el espectador subtitulado. Para la audiencia internacional, la señal es que el ’10’ está habilitado a ser un artefacto colombiano, no un artefacto del Real Madrid.

La referencia más cercana dentro de la biblioteca de la plataforma es Beckham, el retrato en cuatro entregas que Netflix estrenó en 2023, y Rodríguez y sus productores lo estudiaron sin disimulo. La misma columna testimonial en primera persona. El mismo uso de pareja y familia. La misma estructura de archivo cruzado con la actualidad. La diferencia decisiva es el consentimiento en movimiento. Beckham era el documental de una carrera retirada; James es el de una carrera todavía en negociación. La tradición latina con la que dialoga más directo —Maradona by Kusturica, Sueño Bendito, Pelé: Nacimiento de una leyenda— suele aterrizar después del retiro o después de la mitificación. Autorizar el documental en tiempo real, en un año en que el club que paga el sueldo todavía elige once, es otra clase de posición editorial, y el documental no la esconde. La lista de entrevistados pesa más en entrenadores y compañeros actuales que en rivales o críticos, porque un futbolista activo no puede contar la historia completa mientras todavía juega. La serie tiene la honestidad de no fingir lo contrario.

Esa lista de entrevistados también es el argumento sobre quién tiene autoridad para hablar de él. Luis Díaz y David Ospina aparecen como compañeros actuales: Díaz como heredero del costado que él mismo llenaba, Ospina como el arquero que lo lleva mirando desde el otro extremo de la concentración hace quince años. Radamel Falcao García aparece como el goleador histórico con el que ha compartido generación, el delantero al que su pase tenía que ponerle el plato. Carlo Ancelotti habla como el entrenador que lo vio en lo más alto madridista y en Múnich y sabe mejor que cualquier comentarista qué movimientos a los treinta siguen disponibles. Sergio Ramos y Marcelo son los testigos de vestuario que pueden describir cómo un club como el Real Madrid deja de confiar, sin hacer ruido, en un jugador: algo que ningún periodista del beat va a decir en voz alta durante una negociación de contrato. José Néstor Pékerman y Néstor Lorenzo, ambos argentinos, enmarcan los dos ciclos mundialistas entre los que Rodríguez envejeció: Pékerman como arquitecto de 2014 y 2018, Lorenzo como el de la final de la Copa América 2024 y la clasificación de 2026. Salomé Rodríguez, su hija, es la única voz familiar en la lista, y la razón editorial es nítida: este es el documental del padre que también es el ’10’, no al revés.

El calendario es la otra parte del argumento. Colombia juega el Mundial de la FIFA tres semanas después de que el documental se estrene, y Rodríguez, con treinta y cuatro años, va a llevar la cinta de un equipo al que clasificó con el mejor fútbol de su segundo acto. La derrota en la final de la Copa América 2024 contra Argentina desplazó al recorrido de Brasil 2014 como la memoria colectiva más reciente, y la conversación pública lleva meses estancada en si la era Pékerman fue un techo o una meseta y en si la era Lorenzo va a cerrar la brecha o repetirla. James es el único futbolista que trabajó bajo los dos seleccionadores, y la serie sale —estratégicamente— a esa pregunta sin resolver. La película no la contesta. Pone al jugador como la primera voz que la audiencia escucha, antes de que el torneo escriba lo que vaya a escribir.

Lo que James no puede resolver es la pregunta que abre su propia primera frase. Si el futbolista admite los fracasos él mismo, antes del torneo, las ruedas de prensa del próximo mes se reescriben. Las cámaras se encuentran con un hombre que ya hizo el trabajo que los canales esperaban hacer por él: adelantarse al relato, enumerar las decepciones, marcar las victorias. Si eso le da aire para jugar su fútbol en junio o si solo adelantó el obituario un mes es lo que la docuserie deja sobre la mesa. Netflix la estrena, y después a Colombia le toca convivir con la respuesta en tiempo real, que es la única manera en que un documental sobre un ’10’ en activo puede terminar.

James. llega a Netflix en todo el mundo el 21 de mayo de 2026 en tres episodios, dirigida por Simón Brand y producida por Clover Studios para los Originales de Netflix Colombia. Productora ejecutiva: Laura Carreño. Coordinación: Julio Gaviria y Laura Franco. Música de Diamante Eléctrico. Audio original en español, subtítulos en todos los mercados de Netflix. Aparecen Luis Díaz, Radamel Falcao García, David Ospina, Sergio Ramos, Marcelo, Carlo Ancelotti, Julio César Falcioni, José Néstor Pékerman, Néstor Lorenzo y Salomé Rodríguez.

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