Negocios y Finanzas

La recesión sorpresa de Canadá se armó casi entera con pura indecisión

Victor Maslow

Una recesión suele anunciarse sola. Las fábricas se apagan, una empresa famosa se declara en quiebra, un dato clave se va al piso. La de Canadá no hizo nada de eso. El país entró en su primera caída en años no con un golpe, sino con un encogimiento de hombros: la economía simplemente se negó a crecer mientras casi nada se rompía a la vista.

Eso es lo inquietante. Ante un golpe puedes planear. Ante un estado de ánimo, mucho menos. Lo que define esta contracción no es ninguna falla puntual, sino un ataque de nervios a escala continental: empresas que dejaron de comprometer capital porque ya no saben leer lo que viene del otro lado de la frontera. Cuando una compañía no puede ponerle precio a la próxima regla comercial, hace lo razonable y espera. Suficientes empresas esperando al mismo tiempo son una recesión.

Canadá es la economía avanzada más expuesta a Estados Unidos, y el último año convirtió esa cercanía en un peso. La amenaza de aranceles, más que los aranceles mismos, bastó para congelar decisiones de inversión que antes eran rutina. La incertidumbre se volvió, sin hacer ruido, un impuesto en sí misma: no se paga en tarifas, sino en fábricas que no se construyen y pedidos que no se hacen.

La lección de fondo va mucho más allá de Ottawa. Norteamérica funciona como una sola máquina, con piezas y materias primas que cruzan la frontera varias veces antes de que algo quede terminado. Cuando un lado de esa máquina duda, toda la línea de ensamble se frena. Exportaciones flojas, un exceso de oro importado, un mercado de vivienda que dejó de moverse: cada señal apunta a que la relación económica más integrada del planeta empezó a trabarse.

Las cifras, cuando llegan, son casi ridículas de pequeñas. Statistics Canada reportó que la economía se contrajo a una tasa anualizada de 0.1 por ciento en el primer trimestre, tras un retroceso revisado de uno por ciento al cierre del año pasado. Dos trimestres negativos seguidos son la definición de libro de texto de una recesión técnica. Los economistas consultados por Bloomberg habían anotado un crecimiento de 1.5 por ciento, y por eso la palabra que pegó fue “sorpresa”. La inversión de las empresas en capital cayó por quinto trimestre seguido.

Muchos economistas no están convencidos de que la etiqueta aplique. La caída está tan cerca de cero que podría revisarse hasta desaparecer, y se da por hecho que el Banco de Canadá, que se reúne el 10 de junio, se quedará quieto en vez de tratar un error de redondeo como una emergencia.

Ahí está lo raro. Canadá no se hizo más pobre este invierno: dejó de apostar a que el próximo año sería mejor. Resulta que, para una economía moderna, con eso basta

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