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El libro para colorear en Netflix: la película que le dio un protagónico real a un actor con síndrome de Down

Martha O'Hara

Hay una decisión que define toda la película antes de cualquier diálogo: Jeremiah Daniels, un actor con síndrome de Down, interpreta a un niño con síndrome de Down. Parece obvio y en el cine estadounidense casi nunca pasa, porque esos papeles suelen ir a actores sin la discapacidad. Daniels no carga con un símbolo ni con una lección. Le toca ser Mason: terco, chistoso, obsesionado con sus crayones, un niño completo.

El libro para colorear es un drama de bajo volumen sobre un padre solo y su hijo de once años. Lucky (William Catlett) acaba de perder a su esposa, Tammy (Brandee Evans), y se queda a cargo de Mason él solo. La cinta se da un único motor: los dos cruzan el área metropolitana de Atlanta para llegar a un partido de béisbol, ese paseo común que la familia se había prometido. Ese es casi todo el argumento; lo demás es mirar.

El blanco y negro le hace algo a una cara. Le quita el color y deja lo que nadie puede esconder: la tensión de una mandíbula, el brillo de un ojo, la luz cayendo sobre una frente que ya no disimula. David Fortune y su director de fotografía, Nikolaus Summerer, usan el monocromo como una disciplina contra la lástima. El color pondría tibio un verano del sur y blando a un hombre de luto; el blanco y negro se niega a las dos cosas y deja la pura estructura de la ciudad.

Atlanta no aparece como postal sino como ciudad de trabajo, con sus puentes, sus salas de espera y esa luz húmeda de media mañana. El viaje a través de ella le da a la película forma de pequeña odisea: cada tramo trae una textura nueva y Fortune se queda en cada una el tiempo suficiente para que lo cotidiano se sienta observado.

El libro para colorear del título es de Mason y es también lo que la película piensa. Un libro para colorear es un montón de líneas que dibujó alguien más, con la promesa de que lo correcto es no salirse. Mason colorea como se le da la gana. Esa pequeña rebeldía sostiene todo lo que la cinta es demasiado cuidadosa para gritar: que una vida marcada por lo que los demás esperan no tiene que quedarse dentro de las líneas. Tammy está sobre todo como ausencia, y la película jamás convierte ese hueco en discurso.

Casi todas las películas sobre discapacidad traen su efecto ya armado: sube la música, baja la lección, te dicen qué sentir. Esta renuncia a esa maquinaria. No hay villano ni escena del diagnóstico ni quiebre final con moraleja. El drama está en la textura de un día normal que se tuerce tantito y luego se acomoda tantito, y te pide el mismo trabajo que hace Lucky: mirar de cerca para entender a alguien que no se comunica como el mundo espera.

Queda la pregunta que la película abre y no cierra. Un partido de béisbol es una tarde, no una cura para el duelo, y no responde qué va a ser de un niño como Mason cuando su papá ya no esté para leerle la cara. Fortune no finge que sí: ofrece ternura sin desenlace, un día superado y no una herida cerrada.

El libro para colorear dura unos 115 minutos y se estrena en Netflix el 19 de junio de 2026, después de un paso por festivales que empezó en el Festival de Cine de Tribeca en 2024 y juntó más de veinte premios del jurado y del público. David Fortune escribe y dirige su ópera prima; actúan William Catlett, Jeremiah Daniels, Brandee Evans, Terri J. Vaughn y Lynne Ashe.

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