Críticas

El Bastardo coloca a Mads Mikkelsen frente al precio real de la ambición

Liv Altman

El Bastardo comienza en el páramo de Jutlandia con una imagen que no pide permiso: Mads Mikkelsen, parado en el frío, mirando una tierra que nadie más quería. El capitán Ludvig Kahlen apostó su carrera y su nombre en ese páramo, y la película de Nikolaj Arcel registra esa apuesta con la precisión de quien entiende que los grandes gestos históricos rara vez parecen grandes mientras ocurren.

La película adapta la novela El capitán y Ann Barbara de Ida Jessen. Kahlen fue un oficial real del ejército danés del siglo XVIII que negoció con el rey el derecho a colonizar la inculta landa de Jutlandia a cambio de un título nobiliario. El obstáculo no era solo la tierra: el terrateniente Frederik Schinkel —Simon Bennebjerg en una actuación que le valió el Robert Award como mejor actor de reparto— decidió que ese acuerdo era un insulto personal y actuó en consecuencia.

Rasmus Videbæk ganó el European Film Award por su fotografía. La razón es visible en cada toma: el páramo no es un escenario sino un argumento. Frío, gris, indiferente a cualquier declaración de intenciones humanas. Esto conecta El Bastardo con lo mejor del cine nórdico: Pelle el conquistador, El festín de Babette, los paisajes morales de Carl Theodor Dreyer. Arcel trabaja en esa tradición sin necesitar anunciarla.

Mads Mikkelsen ganó el European Film Award, el Robert Award y el Bodil Award al mejor actor. La actuación funciona desde adentro hacia afuera: no hay momentos donde el actor indique que algo importante está pasando. Lo que hay son actos pequeños y precisos de voluntad expresados con el cuerpo, con la mandíbula, con la mirada. Un hombre que no sabe rendirse y que no tiene palabras para ese desconocimiento.

Amanda Collin construye a Ann Barbara lejos del sentimentalismo. La relación entre los dos personajes centrales es lo más honesto de la película: no es amor ni lealtad exactamente, sino una dependencia mutua que ninguno de los dos podría nombrar y que ambos defienden con la misma terquedad que Kahlen le opone al páramo. Simon Bennebjerg como Schinkel completa el triángulo con una frialdad que se siente históricamente específica, no dramáticamente conveniente.

Candidata de Dinamarca al Oscar a la Mejor Película Internacional, El Bastardo llegó a los quince finalistas. Ganó siete Robert Awards y cuatro Bodil Awards. Se estrenó en competición en Venecia. Estos son los hechos. Lo que los hechos no capturan es por qué la película permanece después de que los créditos terminan: la pregunta sin resolver sobre si la tierra fue alguna vez prometida o si esa promesa fue siempre una ficción acordada por los suficientemente obstinados.

Etiquetas: , , , , , ,

Discussion

There are 0 comments.