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Fin de semana en Croacia es un thriller disparatado que engancha aunque no lo quieras

Kim Farrant dirigió en 2022 este suspenso de Netflix con Leighton Meester, ideal para un sábado sin complicaciones.
Martha O'Hara
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Fin de semana en Croacia arranca con una mañana en la que Beth no recuerda nada. Beth (Leighton Meester), estadounidense que vive en Londres y acaba de ser madre, viaja a Croacia con su mejor amiga, Kate (Christina Wolfe), en busca de un respiro. Su matrimonio atraviesa un bache y no sabe qué hacer con él. Una noche de fiesta, dos hombres que coquetean, Kate que le propone una aventura de una sola noche. Al día siguiente Beth despierta aturdida, con la noche en blanco, y Kate ya no está. El viaje de amigas se vuelve una búsqueda contrarreloj, y Beth no tarda en notar que la policía la mira a ella.

Kim Farrant dirige esta adaptación de la novela de Sarah Alderson, que Netflix estrenó el 3 de marzo de 2022, con pulso firme y ningún interés en salirse del molde. El ritmo casi nunca decae, pero casi nada de lo que pasa resulta original. A cambio, la película tiene a Leighton Meester. Carga con casi todo el peso, y su Beth pasa de la incredulidad a la rabia sin perder el hilo. No le dan muchos matices que interpretar y aun así sostiene la película, algo que importa porque cada giro de la historia descansa en ella.

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Nadie le cree a Beth. Ni Rob, su esposo, ni la policía local. El único que la toma en serio es Zain (Ziad Bakri), el taxista que las llevó al club. Con su ayuda recupera el bolso y el celular de Kate y descubre que los hombres de la noche anterior eran acompañantes contratados por su amiga. Además eran estafadores que drogan y roban a sus clientas. Cada hallazgo, en lugar de aclarar algo, abre otra sospecha. Los mensajes entre Rob y Kate revelan una infidelidad. Aparece el cuerpo de Kate, y los análisis muestran que las dos tenían drogas en el organismo, justo lo que Beth sospechaba por su amnesia. Eso no la libra de ser la principal sospechosa, y la policía le retira el pasaporte. El recurso es viejo, el de la heroína que va un paso detrás de los hechos. Aun así funciona, porque Beth casi nunca sabe más que quien está en la butaca.

A partir de aquí, aviso, se cuenta buena parte de la trama. La idea más ingeniosa llega con Sebastian (Adrian Pezdirc), el anfitrión del Airbnb, que graba a sus huéspedes. Sus videos muestran que a Beth la acostaron temprano la noche de la desaparición, que los acompañantes asaltaron a Kate y que ella tomó un taxi para seguirlos y volvió más tarde en otro auto. Ese auto pertenece a Pavić (Amar Bukvić), el policía que dudaba de la versión de Beth. Pavić muere al caer de un edificio durante un forcejeo con ella, y la policía da el caso por cerrado: él habría matado a Kate después de que lo rechazara. La película podría terminar ahí. No termina, y guarda un último golpe para Londres.

Ese golpe es lo que más me gustó y lo que más me costó aceptar. Buscando las llaves de su auto, Beth encuentra en el abrigo de Rob las cuentas de un collar que ella le había regalado a Kate, y entiende que su esposo la mató. Viajó a Croacia para impedir que Kate revelara el romance, discutieron y la empujó al agua. Beth lo enfrenta con la policía escuchando en la línea, y él lo admite. La escena tiene filo, y Luke Norris, que hasta entonces había interpretado a un marido más distante que amenazante, la aprovecha bien. Mi reparo es de dosificación. El giro llega después de un cierre que ya se sentía definitivo y obliga a la película a resolver en unos pocos minutos lo que merecía más espacio.

Hay otros problemas. Algunos saltos de lógica, sobre todo en la segunda mitad, piden más indulgencia de la que la película se ha ganado, y los errores de continuidad que los aficionados han reunido en IMDb no ayudan. Christina Wolfe tiene poca presencia como Kate. Es algo inevitable en un argumento donde la amiga desaparece, pero deja débil el vínculo que debería doler: sabemos que son íntimas porque Beth lo dice, no porque lo veamos. Los secundarios, incluidos Pavić y Sebastian, cumplen su función en la trama y no pasan de ahí.

Ziad Bakri hace de Zain un aliado práctico, sin heroísmo de cartel. Es el contrapeso humano que la película necesita frente a la hostilidad de la policía y la frialdad de Rob. Sus escenas con Meester, en las que van armando lo ocurrido, son lo más parecido a un corazón que tiene el filme.

La crítica no se puso de acuerdo. Para RogerEbert.com es un melodrama disparatado a propósito, con paisajes espléndidos y giros que mantienen la adrenalina alta; otras voces, entre ellas un comentario de usuario en Rotten Tomatoes, encontraron el guion insoportable. Yo me quedo entre las dos posturas: los disparates son los mismos, y lo que cambia es cuánta paciencia le queda a cada quien hacia el final. El público, en todo caso, la vio: entre el 27 de febrero y el 20 de marzo de 2022 acumuló 79.95 millones de horas vistas, según los rankings de Netflix.

La película cuenta, por debajo del enredo, la historia de una amistad y de lo que una de las dos no dijo a tiempo. Kate calló su romance con Rob, y esa omisión es lo que termina costándole la vida. El guion lo subraya más de la cuenta, pero la idea está bien escogida. Beth llega dudando de su matrimonio y se va con su bebé, mientras la policía se lleva detenido a Rob. De todo el metraje, lo que se me quedó es un objeto pequeño: las cuentas de un collar en el bolsillo de un abrigo, que dicen más sobre esa amistad que cualquiera de los diálogos de Beth.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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