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Final feliz: la comedia del trío que esconde un drama de silencios

Joosje Duk dirige en 2023 una mirada ligera y honesta al deseo femenino dentro de la pareja.
Martha O'Hara
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Luna brinca sobre el colchón mientras Mink, parado afuera, calcula cuánto ruido pueden hacer cuando de verdad se lancen. Así arranca Final feliz, según cuenta Decider, que lee la escena como ironía: el estruendo promete una vida sexual ardiente y la realidad va por otro lado. Enseguida, la voz en off de Luna lo dice sin adornos: ese fue su orgasmo fingido número 132. Joosje Duk, directora de esta comedia romántica holandesa, pone el chiste y la herida en la misma escena desde el principio.

Luna y Mink llevan un año juntos. Se conocieron trabajando en el mismo bar de playa, se gustaron y siguen viéndose muy bien juntos. Decider los muestra bailando, tomando algo, yendo con sus amigos a cenas de disfraces; ella incluso se mudó con él. Nada de eso es fachada. Lo único que se finge ocurre en la cama, donde, según Common Sense Media, Luna nunca ha tenido un orgasmo con su pareja y jamás se lo ha dicho. Decider cuenta el detalle que mejor retrata esa doble vida: cuando Mink por fin llega y queda fuera de combate, ella se escabulle al baño, abre la cajita del jabón, saca el vibrador y termina el trabajo sola. El placer existe, solo que ocurre a solas y a escondidas, y la escena lo muestra sin subrayarlo.

Lo mejor de Final feliz es que no usa ese secreto para burlarse de nadie. Ready Steady Cut la describe como una exploración tierna y agridulce del deseo femenino, y la descripción es justa: Duk dirige con mano ligera, pero se toma en serio a su protagonista, y la historia pasa por una mirada femenina que no pide permiso. La etiqueta de comedia sexual engaña. Quien llegue esperando chistes de cama se encuentra con una película que se ríe de la situación sin reírse de la persona y que, como apunta esa misma reseña, no esquiva las verdades incómodas sobre cómo la sociedad mira el placer de ellas y el de ellos.

El problema, y Decider lo expresa con todas sus mayúsculas, es que Luna podría resolverlo todo con una conversación. Esa reseña se desespera porque la protagonista está frustrada y no hace nada al respecto, y admite, con razón, que decirle a tu pareja de un año que nunca te ha satisfecho y que llevas todo ese tiempo fingiendo es un dilema real: la verdad podría destrozar los sentimientos del pobre muchacho. Decider termina preguntándose si eso da para una película completa. Yo creo que sí, aunque no de manera cómoda. El silencio de Luna es el motor del relato y también su punto más irritante; cada vez que pospone la charla, la paciencia del público se adelgaza un poco, y esa irritación forma parte de la experiencia.

La salida que Luna encuentra no es hablar, sino abrir la cama a una tercera persona. Todo empieza, otra vez según Decider, con un regalo de aniversario: una amiga les da unas esposas afelpadas y de ahí brota la idea. Movie Culture sitúa la propuesta en una cena en un restaurante, cuando el mesero les ofrece un coctel sin alcohol llamado «trío» y Luna lanza la pregunta como quien comenta el clima. Mink duda un momento y cede. Lo que sigue es una secuencia cómica en un antro, donde intentan ligarse a alguien; Movie Culture resume que Luna no sabe coquetear ni por su vida y que el intento fracasa. Es el tramo más abiertamente gracioso de la película, y funciona porque la torpeza de Luna para seducir a un desconocido choca con lo bien que sabe fingir ante Mink.

Hay una lectura más severa, la de Common Sense Media, que ve a una Luna deshonesta: le hace creer a Mink durante un año que todo marcha bien, lo persuade al trío sin decirle el verdadero motivo y, además, le es infiel. Cuando por fin le explica el problema, él se enoja, y el sitio añade que es comprensible. Es una opinión pensada para madres y padres, pero apunta al nudo moral de la película: el trío es un desvío para no decir lo que había que decir. Ready Steady Cut lo reconoce de otra forma, al notar que el personaje toma decisiones que provocarán discusión entre quienes la vean. No le pido a una protagonista que sea ejemplar; le pido a la película que sepa lo que cuesta cada decisión, y aquí lo sabe.

Con Eve, interpretada por Joy Delima, la película cambia de temperatura. Según Movie Culture, Luna intercambia miradas con ella durante uno de sus paseos en bici y después la encuentra en una aplicación de citas; la pareja le propone el trío, ella acepta, y en medio del encuentro Eve le pregunta a Luna qué le gusta en el sexo. Es una pregunta que Luna, en un año con Mink, no había dejado que apareciera, y la misma reseña sostiene que su primer clímax llega con Eve y no con él. Ready Steady Cut subraya que entre las dos hay conexión desde la cita a tres, mientras Mink sigue sin enterarse de lo que Luna necesita. De ahí en adelante, de nuevo según Movie Culture, Luna fantasea con Eve y va a verla a su casa. Ese vaivén entre el cariño por Mink y el deseo por Eve es donde la película se vuelve más interesante y también más enredada.

La pregunta de fondo es si lo de Eve es un deseo nuevo o simplemente el primer lugar donde Luna se permite averiguar qué quiere. Movie Culture dice que la cinta se ocupa de la identidad, de las necesidades sexuales y del género, y otro análisis, titulado «El grito silencioso de Luna», sostiene que la película se fija en lo emocional más que en lo físico de las relaciones abiertas. Esa lectura me convence más que la de quienes la despachan como comedia de enredos, porque el trío ocupa poco espacio en el conflicto real: lo que Luna no logra es decirle a alguien, en voz alta, qué le da placer.

No todo funciona. Rotten Tomatoes recoge un comentario que no se puede ignorar: el ritmo es lento y la mezcla de romance, drama y comedia resultó confusa e insatisfactoria para ese espectador. Yo no llegaría tan lejos, pero entiendo el reproche. La mezcla de registros es el riesgo que corre la película, y hay tramos en que el tono de comedia y el de confesión no terminan de convivir. Ready Steady Cut, en cambio, sostiene que los noventa minutos nunca se hacen largos. Entre una reseña que se desespera y otra que se queda cómoda, el veredicto depende de cuánto le incomode a cada quien ver a Luna seguir callando.

Ready Steady Cut elogia la interpretación central de Gaite Jansen porque aporta complejidad y, al mismo tiempo, ligereza cómica, y es difícil no coincidir: Luna tiene que caer simpática mientras miente y mostrarse vulnerable mientras decide mal, y Jansen no deja que una cosa borre la otra. Martijn Lakemeier tiene el papel más ingrato, el de Mink, el novio que ignora lo que pasa en su propia cama. Como la película se cuenta desde Luna, él tiene poco espacio, pero Decider lo describe como un hombre dispuesto a la propuesta, y así se ve: entusiasta, nunca un tonto de caricatura, alguien a quien nadie le dio la información que necesitaba.

Sobre los diálogos, un comentario en IMDb los llama auténticos y honestos, y la salvedad que pone es la correcta: la película no es para quien se incomode con el tema. Common Sense Media es más explícito sobre lo que se ve: el trío se muestra, hay pechos, gemidos y lenguaje crudo, y la cinta se habla en neerlandés con subtítulos. Ready Steady Cut matiza que las escenas de sexo son francas pero nunca gratuitas, y comparto esa lectura: están al servicio de la pregunta que plantea la película, no de la exhibición.

Final feliz tiene un ritmo que se arrastra en algunos tramos y una mezcla de géneros que pide paciencia, y eso hay que decirlo. Pero el centro de la película es una mentira que habría costado una sola frase y que se hace enorme por no decirla a tiempo. Duk la cuenta con humor y sin ensañarse con nadie, y Jansen le da a Luna el peso suficiente para que sus malas decisiones sigan siendo las de una persona. El número 132, dicho al principio con total naturalidad, es a la vez el mejor chiste de la película y su dato más triste.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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