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El menú es una cena de clase y venganza que divierte más de lo que perturba

Mark Mylod encierra a un grupo de comensales ricos con un chef implacable, 2022.
Martha O'Hara
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En el tercer plato de la cena, cada comensal recibe una tortilla con una verdad incómoda grabada con láser. Nadie se ríe, o se ríen mal. Ahí El menú deja de parecer una velada de lujo y muestra de qué va: una comedia de horror que les cobra la cuenta a sus invitados. Mark Mylod dirige con humor seco y con una burla constante hacia los ricos, los críticos y los obsesionados con comer bien.

La premisa cabe en una línea. Tyler (Nicholas Hoult), gastrónomo fervoroso, lleva a Margot (Anya Taylor-Joy) a Hawthorn, un restaurante exclusivo en una isla privada donde el chef Slowik (Ralph Fiennes) ha preparado un menú pródigo en sorpresas. Pronto se sabe que Margot no era la acompañante prevista. A la mesa los rodean Lillian (Janet McTeer), crítica gastronómica, y su editor Ted (Paul Adelstein); un actor en decadencia (John Leguizamo) con su asistente Felicity (Aimee Carrero); los socios Soren (Arturo Castro) y Bryce (Rob Yang); y Richard (Reed Birney), cliente habitual del lugar. La cena avanza y el menú incluye cosas que nadie pidió: un sous-chef que se quita la vida al comenzar el cuarto plato, un dedo cortado como advertencia, un hombre ahogado delante de todos. La película no pierde tiempo en fingir que esto es una cena normal.

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El guion de Seth Reiss y Will Tracy acierta al repartir los papeles. Cada invitado encarna un tipo reconocible: la crítica que decide quién merece comer bien, el empresario que vive de explotar a otros, el famoso que ya no lo es. Slowik lo dice sin rodeos: los convocó porque le quitaron las ganas de cocinar o porque se aprovecharon de artesanos como él. Esa claridad ayuda a la sátira y, a la vez, la limita. Los comensales sirven mejor como blancos que como personas, y al cabo de un rato se adivina quién va a pagar por qué. Tampoco ayuda que el chef explique sus motivos con tanta puntualidad: lo que la película dice con una imagen, a veces lo repite en voz alta.

Fiennes sostiene la película. Su Slowik pasa de la cortesía de un maître a la frialdad de un verdugo con una calma que no se altera, y por eso resulta tan fascinante como repulsivo. Hong Chau, como la mano derecha del chef, le da a la sala un filo propio: basta su manera de recibir a los invitados y de notar que Margot no es quien estaba en la lista. Taylor-Joy, lejos de quedarse en segundo plano, es la protagonista y nuestro punto de vista: su Margot observa la cena con una desconfianza que el público comparte, y cuando se revela que en realidad se llama Erin y que trabaja como acompañante, el personaje gana un peso que la película necesitaba. Hoult tiene el papel más ingrato, el de un tipo tan desesperado por impresionar que, según la propia trama, contrata a Margot solo para no cenar solo, porque Hawthorn no recibe comensales sin compañía. Lo hace con una pedantería ridícula que da risa y vergüenza ajena. Su escena en la cocina, cuando Slowik lo invita a cocinar, es de lo más incómodo y mejor logrado del conjunto.

No todo funciona. La estructura se siente desigual: el arranque dedica mucho tiempo a presentar el ambiente y a los invitados, y el último tramo corre más de lo que merece. El clímax impacta, pero le falta el peso emocional que habría tenido con un poco más de desarrollo previo. Los personajes que más importan al desenlace, Margot y Tyler, reciben más atención que el resto, y eso deja a Lillian, a Ted y a los socios como piezas de un tablero antes que como gente.

En el apartado visual, el restaurante es un escenario eficaz: todo está tan controlado que se nota el control. Los platos se presentan como pequeños actos teatrales, y la secuencia de las tortillas es quizá el mejor ejemplo de cómo el humor y la amenaza pueden compartir una misma mesa. El final se sostiene en la confesión de Margot y en la decisión que Slowik le plantea, y no voy a adelantar más. Es satisfactorio, aunque no sorprende tanto como pretende, y quien llegue pidiendo un golpe de efecto quizá lo encuentre demasiado tranquilo para tanta sangre fría.

La película se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto el 10 de septiembre de 2022 y llegó a las salas de Estados Unidos el 18 de noviembre, con Searchlight Pictures. El público respondió bien: recaudó 79.6 millones de dólares y Fiennes y Taylor-Joy recibieron nominaciones al Globo de Oro por sus actuaciones. Es un reconocimiento que se entiende. Ambos trabajan en tonos opuestos, él con la precisión de quien ensaya cada gesto y ella con la inquietud de quien no sabe aún qué papel le tocó en la mesa, y la película depende de que esos dos registros choquen.

Se puede discutir si la crítica al consumo de lujo llega lo bastante lejos. Yo creo que se queda a medio camino, pero tampoco me parece que lo pretenda: Mylod prefiere el filo rápido del chiste a la disertación. Eso lo vuelve entretenido más que importante. El menú es una película bien actuada y mejor cocinada de lo que su guion merece, con un primer plato memorable y un postre menos feliz. Vale la pena verla, sobre todo por Fiennes.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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