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Nicolas Winding Refn arrastra a Sophie Thatcher y Charles Melton a Su propio infierno

Jun Satō

Primero llega la niebla. Se asienta sobre una metrópoli de cristal y luz de sodio, y algo se mueve en su interior — una entidad que jamás termina de cuajar en una forma. Ese es el punto de partida de Su propio infierno, y es muy de Nicolas Winding Refn que el arranque sea una condición y no un hecho. La película abre sobre un clima, sobre una ciudad ya perdida, y deja que sus personajes se internen en la bruma de uno en uno.

Dos de ellos sostienen la historia. Elle busca a su padre desaparecido por calles que la niebla reacomodó. El soldado K, un militar estadounidense, busca a su hija. Sus caminos no estaban hechos para cruzarse; la película los curva uno hacia el otro hasta que una búsqueda se vuelve el pasillo de la otra. Lo que sostiene el inicio no es la mecánica de quién encuentra a quién, sino la superficie: cómo el rojo se derrama en azul sobre un rostro, cómo un corredor guarda su secreto un tiempo de más.

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El reparto se lee como un argumento sobre el registro. Sophie Thatcher construye a Elle como un clima interior; lleva una racha de papeles de género apoyada en la capacidad de contener el miedo sin gastarlo, y Refn le pide sostener tramos largos solo con el rostro. Charles Melton, elegido en contra de la calidez de su salto a la fama, encarna al soldado como un hombre que se reduce a una sola tarea. Alrededor, el elenco es deliberadamente internacional — Havana Rose Liu, Kristine Froseth, Diego Calva, Dougray Scott como Johnny Thunders y un contingente japonés con Shioli Kutsuna, Aoi Yamada y Hidetoshi Nishijima — que desprende la geografía de la ciudad de cualquier mapa.

La ciudad es el segundo protagonista. Refn y sus colaboradores la levantan con luz antes que con arquitectura: corredores que lo mismo podrían ser un hotel, un cuartel o un antro, distinguibles solo por el color que los domina. La niebla aplana la profundidad y convierte cada interior en un escenario; las figuras salen de ella ya iluminadas, como si la película hubiera decidido qué sentir por ellas antes de que hablaran. Es un mundo cerrado y diseñado, y su rechazo de la luz del día es una tesis, no una carencia.

Para Refn es un regreso a la pantalla grande tras un largo desvío por el streaming y la televisión de formato largo. La gramática sigue intacta: el acercamiento lento, el cuadro sostenido, la violencia dispuesta como escenografía más que soltada como acción. Trabaja bajo su propio sello byNWR, y la cinta trae la marca de un director que trata la trama como la herramienta menos interesante que tiene enfrente. La entidad no es un problema por resolver; es el medio en el que la película respira.

La colaboración más reveladora está en la banda sonora. Pino Donaggio — el compositor que le dio a Brian De Palma sus cuerdas suntuosas y acechantes — escribe para Refn por primera vez, y la dupla es la declaración de intenciones más nítida del filme. El pavor romántico de Donaggio contra el neón frío de Refn es una fricción que las imágenes parecen hechas para explotar: melodía donde uno espera un zumbido, dulzura tendida sobre algo que se descompone. Cuando la película funciona, muchas veces es la música la que argumenta.

Si funciona de manera pareja es la pregunta abierta. Fuera de competencia en Cannes, la cinta levantó una larga ovación y una crítica partida; las mismas superficies que hipnotizan a un espectador le resultan a otro un estado de ánimo en busca de historia. La estructura de dos hilos pide al público confiar en que la convergencia significará algo, y Refn nunca ha sido un director que dé tranquilidad. La entidad se mantiene esquiva por diseño, y una película tan decidida a retener corre el riesgo de dejar a algunos sin nada de qué sujetarse. Resuelve sus imágenes con más plenitud que su trama.

A neon-lit street shrouded in mist in the Nicolas Winding Refn film Her Private Hell, 2026
The mist-drowned city of Her Private Hell (2026)

Refn firma la historia y comparte el guion con Esti Giordani. Thatcher y Melton encabezan un reparto principal en el que también están Havana Rose Liu, Kristine Froseth, Diego Calva, Dougray Scott, Shioli Kutsuna, Aoi Yamada y Hidetoshi Nishijima. El rodaje ocurrió en Copenhague a lo largo de 57 días, y la presenta NEON junto a byNWR y Pillow Films; la partitura de Donaggio está entre sus señas.

Su propio infierno dura 110 minutos. Se estrenó fuera de competencia en Cannes y llega a los cines de México el 24 de septiembre, mientras en Estados Unidos abre el 24 de julio con NEON. Pliega terror, misterio y ciencia ficción en un solo sistema de clima, y dividirá al público al contacto. A juzgar por el tráiler, ese es el plan.

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