Críticas

Mr. Car and the Knights Templar: una película que salta de género en género sin decidirse por ninguno

Martha O'Hara
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Dirigida por Antoni Nykowski, Mr. Car and the Knights Templar parte de una premisa pensada para entretener sin complicaciones. Un conocido historiador del arte, cazador de tesoros y dueño de un auto inusual descubre un tesoro templario, que resulta ser la clave de un poder capaz de alterar el equilibrio entre el bien y el mal en el mundo. Hasta ahí, todo es bastante sencillo de seguir. El problema empieza después. Cuando terminaron la hora y cincuenta minutos, no habría sabido decir si había visto un thriller, una comedia ligera o una solemne lección sobre el patrimonio. La película va y viene entre esos tres géneros sin comprometerse con ninguno, y todavía no se decide cuando aparecen los créditos.

La aventura, el drama y el entretenimiento familiar están presentes al mismo tiempo, pero la película nunca encuentra la manera de hacerlos convivir. Tomasz, interpretado por Mateusz Janicki y apodado Samochodzik, se enfrenta a una organización hostil con la ayuda de unos exploradores amistosos, mientras lo que está en juego es el patrimonio de las órdenes de caballería. Es un tema de mucho peso para una película pensada, en parte, para los niños; sin embargo, aunque se menciona con frecuencia, casi ninguna escena se construye a su alrededor. La carrera contrarreloj se anuncia, pero no llega a sentirse. Todas las escenas avanzan al mismo ritmo que la anterior, así que nada parece apremiar realmente. Un crítico que escribió cerca del estreno dijo que la historia avanza a paso lento, con poco impulso y todavía menos suspenso. Yo lo diría con menos dureza, pero entiendo la impaciencia.

Estrenada en Netflix en julio de 2023, la película cuenta con Sandra Drzymalska como Anka Modzelewska y Maria Dębska como Karen. También aparecen Jacek Beler como «Adios», Anna Dymna como «Łajma», Olgierd Blecharz como «Sokole Oko», Kalina Kowalczuk como «Wiewióra» y Piotr Sega como «Mentorek». Los apodos son lo más encantador de la propuesta, porque sugieren un equipo con un lenguaje propio y privado. Las escenas, sin embargo, no desarrollan esa idea. Un grupo de amigos solo nos convence cuando hemos pasado tiempo con cada integrante, y aquí los personajes aparecen juntos y así se quedan. Me costó distinguir qué hacía diferente a uno de otro. Anna Dymna, por ejemplo, apenas tiene algo más que un apodo para responder, y cuesta entender por qué a alguien con semejante nombre en el reparto le dieron tan poco que hacer.

La verdadera dificultad de la película está en el centro de la historia. Un cazador de tesoros que trabaja junto a jóvenes ayudantes tendría que ser alguien a quien seguirían a cualquier parte: rápido para hacer bromas, visiblemente entusiasmado con la búsqueda y un poco vanidoso respecto a su propia inteligencia. En cambio, el Tomasz de Janicki parece un observador cauteloso que, por casualidad, siempre está donde la trama lo necesita. En un académico, la reserva puede ser una decisión defendible. Pero en el hombre que debe mantener unido al equipo, enfría precisamente el vínculo que tendría que hacer que los jóvenes personajes —y el público joven— se interesaran por él. Se supone que el auto inusual y el famoso apodo hacen el trabajo de caracterización, pero no lo consiguen. El auto nos dice qué maneja y el nombre, cómo lo llaman los demás. Ninguno explica por qué este hombre, y no cualquier otro, arriesgaría el pellejo por una reliquia templaria. Una reseña dirigida a los padres dijo que al protagonista le falta encanto y que la trama es confusa. La primera crítica me parece justa. La segunda resulta cada vez más acertada a medida que aparecen más personajes.

El ritmo agrava el problema. La carrera contrarreloj existe en la sinopsis, pero en pantalla la historia rara vez parece estar corriendo. Las escenas avanzan a una velocidad constante y los momentos que deberían aumentar la tensión pasan sin un asomo de suspenso. El tesoro templario se comporta menos como algo por lo que la gente estaría dispuesta a pelear que como un elemento de una lista de pendientes. Przemysław Bluszcz, como Petersen, y Ewa Błaszczyk, como Gierymska, forman parte del reparto, pero la organización hostil nunca llega a tener rostro. Nos dicen que es peligrosa, pero nunca nos dan un motivo para sentirlo. Una aventura vive de la sensación de que alguien viene pisándole los talones al héroe, y esta rara vez consigue que miremos por encima del hombro. Las películas de este tipo dirigidas al público joven funcionan mejor cuando el villano no tiene que dar miedo, sino simplemente hacerse presente, y cuando un obstáculo claro en cada escena vale más que una atmósfera general de peligro.

La idea moral es lo más ambicioso de la película. Un poder capaz de inclinar la balanza entre el bien y el mal es justo el tipo de tema que podría llevar a un público joven a preguntarse en quién es seguro confiar y qué haría cada uno con semejante poder. La película apenas roza la pregunta y sigue adelante. Nunca se detiene en una decisión difícil, y ninguna elección le cuesta nada a nadie. La lucha entre el bien y el mal aparece en la sinopsis, y poco más, porque ningún personaje tiene que vivirla. Para una película que también se presenta como drama, esa es una omisión importante. Aquí nadie paga ningún precio, así que nada de lo que ocurre deja huella en quienes lo viven.

No quiero ser injusto con la intención. La idea de que unos jóvenes exploradores ayuden a un cazador de tesoros a proteger una antigua herencia encaja con el espíritu familiar que busca la película, y los niños que quieran una aventura con un misterio en el centro encontrarán en ella una compañía entretenida y sin grandes exigencias. También merece reconocimiento por construir una historia en torno a las órdenes de caballería y las cruces antiguas, temas que una producción más cínica quizá habría descartado en favor de algo más estridente. Pero el público adulto verá dónde se desmorona: una trama que exige más atención de la que recompensa y un protagonista cuyos compañeros no parecen tener motivos claros para apoyarlo.

Al final, la película reúne a muchos personajes con apodos, pero ninguno logra arrastrar a los demás. Hay un secreto templario, una organización rival y un auto que distingue a su dueño, pero ninguno recibe una escena que haga que importe. Nadie en pantalla parece tener muchas ganas de resolver nada y, después de un rato, el público tampoco.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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