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Centauro acelera a fondo como thriller de persecuciones, aunque se queda corto de personajes

Daniel Calparsoro, 2022: remake para Netflix de Burn Out, protagonizado por Àlex Monner.
Martha O'Hara
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Centauro parte de una idea de cine muy simple: un hombre que solo se siente vivo a toda velocidad. Rafa (Àlex Monner) está enganchado a las sensaciones puras, casi ardientes, que le dan las carreras, y con eso la película ya dijo buena parte de lo que importa sobre él. Daniel Calparsoro dirige esta producción de Netflix que llegó a la plataforma en junio de 2022, un remake del thriller francés Burn Out (2017), de Yann Gozlan. Dura una hora y media, o poco menos. Para lo que cuenta, alcanza.

El conflicto arranca cuando Natalia (Begoña Vargas), la madre del hijo de Rafa, termina metida con traficantes de droga. Desde ahí la película pone a su protagonista ante un dilema incómodo: lo único que sabe hacer bien, manejar rápido, es también lo único que tiene para sacarla del problema. El planteamiento es de manual y más vale decirlo de entrada. Quien vio el original francés sabe adónde va todo esto; quien no, lo adivina en los primeros minutos. La historia ya la conocemos de otras películas del género. Queda una pregunta más modesta: ¿qué tan creíble resulta la urgencia de Rafa y qué tan bien logra la película que nos quedemos pegados a ella?

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Ahí Centauro convence a medias. Un thriller de este tipo vive de la sensación de que el protagonista no puede parar, y la película lo sabe: casi todo su esfuerzo se va en mantener el pulso alto y en no dejar que el espectador se acomode. Mikel Zorrilla, en Espinof, la describe como una cinta trepidante que da prioridad a la acción, y esa lectura me parece justa. La reseña de Rock and Films resume el espíritu del título con una fórmula que arranca una sonrisa: ruedas en vez de patas. El centauro del título es, al fin y al cabo, esa mezcla de hombre y máquina, y la película no se molesta en disimular la imagen.

La metáfora aclara mucho, pero también limita. Un personaje definido por una sola pasión tiene una ventaja clara en el cine de género: cada decisión suya se entiende al instante. Su desventaja es que, si la pasión lo ocupa todo, el resto del personaje queda en blanco. Rafa es el hombre al que la velocidad le da lo que la vida diaria no le da, y la película apenas se pregunta qué hay detrás de eso. Monner carga con casi todo el peso del relato. Le aporta presencia y una tensión contenida, con más oficio del que le exige el guion. Sostiene una película sin necesitar muchas palabras, y en este registro eso no abunda.

La sinopsis dice que Rafa está enganchado. La palabra importa. Habla de dependencia, y no de afición ni de talento, y esa elección de vocabulario abre una lectura más interesante de la que promete una trama de rescate. Si la velocidad funciona como una droga, lo que Rafa tiene para salvar a Natalia es también lo que lo tiene atrapado. La película roza esa ambigüedad y enseguida sigue de largo, como casi todos los thrillers de ritmo acelerado. Habría estado bien que frenara aunque fuera una vez para mirarla de frente. No lo hace, y se queda con una premisa más rica que su desarrollo.

Begoña Vargas tiene el papel más ingrato. Natalia es el motor de la trama, la razón por la que Rafa se pone en marcha, pero el esquema del género la deja más cerca de la persona a rescatar que de un personaje con voluntad propia. La limitación viene del molde, no de la actriz, y se nota que la película habría ganado dándole más espacio. Que sea la madre del hijo de Rafa añade una capa interesante, porque obliga a la historia a hablar, aunque sea de pasada, de responsabilidades que no se resuelven pisando el acelerador. La película toca el tema y sigue su camino.

El reparto es amplio para una duración tan corta. Carlos Bardem interpreta a Boro, y su sola presencia añade un peso que el guion no siempre le concede; es de esos actores que le dan carácter a una escena aunque el personaje no esté muy desarrollado. Completan el elenco Abraham Pérez Fernández (Mateo), Édgar Vittorino (Carlos), Sebastian Ciontescu (Jairo), Anderson Brian González Montoya (Tico), Dollar Selmouni (Cortés), Big Lois (Valderrama) y Patricia Vico (Regina Costas). Con tantos nombres y tan poco tiempo, era previsible que varios quedaran como figuras de apoyo, y así ocurre: cumplen su función dentro del género, pero al terminar es difícil recordar quién hacía qué.

La música lleva la firma de Carlos Jean, y vale la pena mencionarla porque en una película como esta el sonido hace buena parte del trabajo. Las piezas que circulan del disco, con títulos en inglés y en francés, sugieren un tono electrónico y nocturno que va con lo que la película quiere ser. La aportación de Jean va en la dirección correcta: da ritmo, empuja las escenas y le pone a la película un color propio, aunque la trama ya haya pasado antes por otras manos.

En cuanto a la recepción, el balance es el de una película que divide sin escándalo. En IMDb ronda el 5.4 sobre 10, una cifra que describe a un título correcto, sin fracaso ni revelación. Entre los comentarios de los espectadores hay uno que lo resume bien: es entretenida y sirve para ponerla de fondo. Dicho así suena a poco, pero describe con bastante exactitud el tipo de cine que Netflix suele producir en este registro, pensado para verse una tarde sin exigir demasiado. Algo parecido se lee en las reseñas más favorables, donde el elogio va para la franqueza: la película sabe lo que es y lo aprovecha.

Ese es, de hecho, su mejor argumento. Una cinta de acción y crimen que dura menos de hora y media no tiene tiempo para disculparse ni para fingir ambiciones que no va a cumplir. Va directo a lo suyo, y se agradece que no estire la premisa hasta el cansancio. Cuando una película de este calibre se convence de que es más profunda de lo que es, suele salir peor parada. Centauro evita ese error y se queda en el terreno donde se mueve con soltura.

Hay que reconocer, sin embargo, que el género de acción y crimen vive de cumplir ciertas promesas, y Centauro cumple las básicas: un héroe con una habilidad concreta, un peligro que se estrecha y una carrera contra el tiempo. Lo que no hace es arriesgarse. Un remake tiene la ocasión de corregir, de mirar de otro modo el material original, y aquí esa oportunidad se aprovecha poco. Se siente más como una versión en español, con su reparto y su propio acento, que como una relectura con ideas distintas. No es un pecado grave, pero explica por qué la película se queda en lo agradable y no deja huella.

Quizá lo más honesto sea decir que Centauro se ve con gusto mientras dura y se olvida con facilidad después. Tiene energía, tiene un protagonista con carisma físico y tiene un planteamiento que no se pierde en laberintos. Le faltan sorpresas, personajes secundarios con más relieve y una idea propia sobre el material que adapta. Con eso en la balanza, es una buena opción para una noche sin grandes planes, siempre que se llegue a ella sin esperar más de lo que promete su título: un hombre, una velocidad y una urgencia que no se detiene.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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