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Jennifer Lopez vuelve a la comedia romántica con Turbulencia en la oficina, su regreso al género que la hizo estrella, en Netflix

Martha Lucas

La película vive en el cristal y en la altura. Una oficina de dirección colgada sobre una pista, una paleta de azules y acero en cada set, y Jennifer Lopez recortada contra un muro de ventanales como un retrato que, de paso, manda en la empresa. Turbulencia en la oficina filma el trabajo como el cine clásico filmaba los salones de baile: un escenario donde el poder se viste bien y mantiene la distancia. Lo primero que salta a la vista no es el chiste, sino lo bien que se ve la sala y el cuidado con que la cámara deja a dos personas en orillas opuestas.

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Lopez es Jackie Cruz, directora general de una aerolínea que escribió la regla antiflirteo de su propia compañía y la aplica sin disculparse. Brett Goldstein es Daniel Blanchflower, el abogado interno cuyo trabajo, en parte, es blindar esa regla. La comedia arranca donde se acaba el organigrama: dos adictos al trabajo que solo saben ser competentes descubren que la competencia es su manera de coquetear, y que la regla pensada para cuidar a la empresa la firmó la persona que hoy más quiere romperla.

Vale la pena ver cómo la película acomoda el espacio antes que los sentimientos. Paredes de vidrio, una altura desde la que la ciudad se vuelve tapiz, una sala de juntas que sienta a cada quien en un orden que dice quién manda antes de que alguien hable. La jerarquía está en el diseño de producción, y por eso la atracción siempre se mide contra una cadena de mando visible. El set es el conflicto.

Ol Parker, que volvió taquilla la postal vacacional con Mamma Mia! Vamos otra vez y Ticket to Paradise, trata la oficina como un destino. Las salas tienen el brillo de un lobby de hotel; las cabinas se leen como una historia de color, metal cálido y luz de tarde. Ese brillo es el argumento. Cuando una película hace ver el trabajo tan deseable, dice por lo bajo que la verdadera fantasía no es el amorío, sino la competencia: la oficina de esquina, el escritorio despejado, la sensación de hacer algo muy bien en un lugar muy hermoso.

El guion, de Goldstein junto a Joe Kelly, cocreador de Ted Lasso, guarda el mismo instinto de aquella serie: gente fluida en toda emoción menos en la que cuenta. Saben exponer un pronóstico trimestral, ganar una negociación, calmar a un consejo enojado, y se quedan sin palabras apenas el sentimiento se vuelve personal. Las mejores escenas son las de dos adultos que mandan para vivir y no logran sostener la única plática que importa.

Debajo del brillo hay una asimetría que la película no deja olvidar. Jackie firma las evaluaciones de Daniel. Jackie puede terminar su carrera con un memorándum. Un romance entre una directora general y su empleado no es un encuentro entre iguales, y la cinta lo sabe. Llega, además, en un momento preciso: oficinas que se vuelven a llenar, cláusulas contra las relaciones internas, y una cautela aprendida sobre quién puede desear a quién a través de una línea de mando. Una aerolínea es el negocio ideal para contarlo: proximidad controlada, desconocidos sellados juntos a gran altura.

Para Lopez, el tono es un regreso a casa. Hizo su estrellato en esta misma frecuencia con Un romance peligroso y Sucedió en Manhattan, y vuelve ahora como productora con su sello Nuyorican, dueña del encuadre y no cargada por él. La estrella que alguna vez fue la sirvienta hoy es la jefa, y produce la película que se lo permite. Alrededor, el elenco junta a intérpretes que rematan una línea sin alzar la voz: Betty Gilpin, Amy Sedaris, Tony Hale y Bradley Whitford. Edward James Olmos aparece frente a Lopez casi treinta años después de hacer de su padre en Selena, un guiño para quien ya la veía entonces.

También es una apuesta sobre el gusto. La comedia romántica adulta de gran escala casi desapareció de las salas en la última década, y Turbulencia en la oficina es justo lo que los cines vendían un viernes y dejaron de hacer. Estrenarla en una plataforma, con esta escala y esta estrella, es apostar a que el público del romance para adultos nunca se fue: solo se quedó sin sala.

Lo que el final no resuelve es lo que volvió prohibido el romance desde el inicio. Una regla se deroga; la distancia entre quien firma los cheques y quien los cobra, no. Turbulencia en la oficina entrega el beso con gusto, y es bastante honesta para dejar la pregunta más difícil sobre el escritorio, sin firmar, mientras las luces de la pista la siguen cruzando.

Turbulencia en la oficina llega a Netflix el 5 de junio de 2026, luego de su estreno mundial el mes pasado. Ol Parker dirige con guion de Brett Goldstein y Joe Kelly, y Lopez produce a través de Nuyorican Productions. El rodaje fue en Nueva Jersey, incluida Kenilworth, durante 2025. Completan el elenco Betty Gilpin, Amy Sedaris, Tony Hale, Bradley Whitford y Edward James Olmos.

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