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Sia se esconde tras la peluca y lanza a Maddie Ziegler al escenario en su concierto filmado

Liv Altman

En el centro de esta película hay una estrella del pop que nunca termina de mostrar la cara. Se para de lado, o de espaldas al público, o metida bajo la enorme peluca de dos colores que se volvió su rechazo vuelto imagen, y saca a una bailarina joven para que sea el cuerpo que las canciones parecen pedir. Esa sustitución es la idea entera. Sia: Nostalgic for the Present no es un documental sobre una gira, y tampoco es del todo una película de concierto en el sentido de siempre. Es la actuación montada y coreografiada al milímetro que una gira recreó después, casi paso por paso, en escenarios de todo el mundo.

La vuelta de tuerca es fácil de dejar pasar y vale la pena detenerse. Casi todas las películas de actuación corren detrás de un espectáculo que ya pasó e intentan embotellar su calor después. Esta trabajó al revés. La versión filmada se pensó primero para la cámara, una pieza autónoma de creación de imágenes, y los conciertos se volvieron las copias que la seguían. Lo que vuelve ahora a la pantalla, rearmado y limpiado para una serie de funciones únicas, es un original que regresa a su medio de origen, una actuación pensada siempre para verse como cine y no para presenciarse en una sala.

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El tráiler vuelve legible en segundos el verdadero truco de la película: los famosos que salen no están para mirar, están para actuar. Maddie Ziegler, doble escénica de Sia a lo largo de todo el proyecto, sostiene el movimiento. Alrededor la cantante juntó un reparto que uno esperaría ver encabezando sus propios trabajos antes que haciendo playback dentro del de otra, con Kristen Wiig, Paul Dano, Ben Mendelsohn, Gaby Hoffmann y Tig Notaro entre ellos. Poner a pesos completos de la comedia y el drama como vasijas mudas, y mantener a la autora real de la música casi siempre fuera de cuadro, dice qué tipo de objeto quiere ser. La autoría aquí se reparte a propósito.

Sia llegó a este método después de años como compositora que vendía su voz para discos ajenos, y el giro de tapar la cara fue en parte un repliegue ante la exposición que llegó cuando sus propios sencillos reventaron. Armó la imagen con el director Daniel Askill y el coreógrafo Ryan Heffington, los colaboradores detrás de los vídeos que clavaron esa figura en la cultura, y la gramática se mantuvo llamativamente pareja desde entonces. La peluca, el leotardo liso, la luz frontal dura, la bailarina arrojada por un set pelado. Esta película es la expresión más plena y larga de esa gramática, reunida en un solo lugar en lugar de repartida de tres en tres minutos.

La película de actuación tiene un estante largo y digno. Jonathan Demme apuntó la cámara a Talking Heads y halló toda una teoría del grupo en el modo en que el escenario se iba poblando. Prince convirtió el suyo en puro despliegue de mando. Más acá en el tiempo, Beyoncé y Taylor Swift usaron el formato como alegato final, prueba de escala y control entregada directo a una sala que paga. Lo de Sia pertenece a ese estante pero queda en un ángulo raro. Donde esas películas documentan el dominio de la presencia en vivo, la suya documenta su renuncia, un espectáculo diseñado para que su supuesta estrella pueda desaparecer adentro. Es la rara película de concierto cuyo verdadero tema es la ausencia.

Si esa renuncia todavía se lee como algo radical o apenas como una marca cómoda es la pregunta que la restauración no contesta. Vender una actuación de hace diez años como evento limitado juega de frente con la nostalgia, cosa que el título admite sin problema, y el espectador tiene derecho a preguntarse qué suma una reedición casi calcada más allá de una copia más limpia y una pantalla más grande. Hay además una sombra que la película esquiva. El salto de Sia a la dirección de ficción, el largometraje Music, recibió críticas duras, muchas centradas en cómo retrataba a un personaje autista no verbal y en las escenas de sujeción que montaba. Volver al lenguaje visual seguro y admirado de esta etapa anterior es un modo de no ajustar cuentas con eso, y la frase promocional sobre trabajar con los mejores artistas de nuestro tiempo es, de manera reveladora, suya.

Para el registro, la película está acreditada a Sia y Daniel Askill como directores, con coreografía de Ryan Heffington y Ziegler al frente del movimiento junto a Wiig, Dano, Mendelsohn, Hoffmann y Notaro. Dura unos ajustados setenta y cinco minutos, más cerca de un álbum visual de formato largo que de un largometraje, y lleva certificado 12A en el Reino Unido. Trafalgar Releasing, la empresa que convirtió el cine de eventos en un negocio confiable llevando conciertos y fenómenos de fans a las salas por una o dos noches, maneja el estreno mundial.

Por ahora no hay una fecha de estreno confirmada en México. El lanzamiento de Sia: Nostalgic for the Present es un evento mundial de Trafalgar Releasing que arranca el 23 de julio en el Reino Unido e Irlanda, Alemania, España y Brasil, con más territorios y fechas para Norteamérica sumándose a la misma ventana, en coincidencia con el décimo aniversario de la actuación que conserva. Como en casi todos los estrenos de Trafalgar, está pensada para una vida breve en cines y una larga vida posterior bajo demanda, pequeña broma a costa de una película tan obsesionada con retener un momento que ya pasó.

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