Críticas

Ya no estoy aquí (Netflix): lo que pasa cuando la cumbia ya no tiene lugar

Molly Se-kyung

Fernando Frías de la Parra filmó Ya no estoy aquí desde adentro de la Kolombia: esa subcultura de jóvenes regiomontanos que construyeron una identidad entera alrededor de la cumbia rebajada, la ropa ancha y el peinado alto. No la exotizó ni la juzgó. La tomó en serio como sistema de significado, como la única forma que tiene Ulises de pertenecerle al mundo. Y luego lo sacó de ese mundo.

Esa extracción —Ulises forzado a huir de Monterrey hacia Queens después de un malentendido con el crimen organizado— es el motor narrativo de la película. Pero el motor emocional es otro: la cumbia rebajada que Ulises se lleva en los auriculares y que en Queens no puede ser otra cosa que recuerdo. En el barrio era un lenguaje colectivo. En Queens es privado, silencioso, imposible de compartir. Frías filma esa diferencia sin decirla.

Juan Daniel García Treviño, descubierto en un casting no convencional, entrega una actuación construida desde la contención. Ulises no explica lo que siente; existe y la cámara lo acompaña. La fotografía de Damián García satura el Monterrey de los Terkos con rojos y verdes que queman; el Queens de Ulises es gris, granulado, sin energía propia. Frías no necesitó el diálogo para mostrar la disminución. Le bastó con cambiar la paleta.

La película pregunta algo que pocas historias de migración se atreven a preguntar: ¿qué pierdes que no sea la supervivencia? No el trabajo ni el techo ni la seguridad. Lo que pierdes es la música específica que bailabas de manera específica con gente específica en una calle específica de Monterrey. Y esa pérdida no llega como catástrofe. Llega como sustracción: un paso de baile que haces solo, un término que nadie reconoce, un gesto que aquí no significa nada.

La estructura no lineal —alternando el Monterrey de 2010 con el Queens del presente— funciona mejor cuando Frías confía en el corte para hacer el trabajo, sin subrayar. Los personajes secundarios, como Lin (Xueming Angelina Chen), la chica chino-americana con quien Ulises teje una conexión sin palabras, quedan en los bordes de su mundo. Es una limitación consciente: la película solo ve lo que Ulises puede ver, y él no puede ver muy lejos de su propio exilio.

Ya no estoy aquí ganó el Ariel a la Mejor Película en 2020 y fue el candidato de México al Oscar. No es solo el mejor cine mexicano de ese año: es una declaración de que la cultura Kolombia, los rituales de Los Terkos, la cumbia rebajada como forma de vida merecen la misma atención estructural que cualquier drama de arte europeo. Fernando Frías de la Parra lo demostró sin necesitar pedirlo. Disponible en Netflix. 113 minutos.

Dirección

Luis Fernando Frías de la Parra

Luis Fernando Frías de la Parra

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