Películas

México 86 en Netflix: Diego Luna y la historia de cómo el país improvisó un Mundial sobre las ruinas del 85

Veronica Loop

Antes de la primera línea de diálogo, México 86 ya te dice dónde estás por cómo se ve. La pantalla se llena de la luz ámbar de una capital que ya no existe: autos oficiales color café con leche, ceniceros que se desbordan sobre escritorios de formica, el brillo de una sala de control de Televisa, los trajes de lana de los señores que deciden todo a puerta cerrada. Gabriel Ripstein arma los ochenta con textura, no con nostalgia, y la textura viene cuarteada: al fondo del cuadro están las fachadas partidas y las varillas dobladas que dejó el terremoto del 85.

YouTube video

Ahí entra Diego Luna como Martín de la Torre, un burócrata de rango medio con un talento peligroso para prometer lo que nadie debería. La película cuenta el episodio increíble que terminó con México como sede de un Mundial que nunca le tocaba. Colombia, la sede original, se había bajado por la crisis; la FIFA necesitaba reemplazo de urgencia; Estados Unidos y Canadá también querían quedarse con el premio. Luna, que además produce, interpreta a un personaje inventado, y esa invención es la libertad de la cinta: sin la obligación del biopic, puede señalar a todo un sistema en vez de a una sola persona.

El truco está en que el futbol casi da igual. México 86 no se trata de quién iba a levantar la copa ni de los goles de Hugo Sánchez. Se trata de cómo un Estado fabrica legitimidad con un desastre, y de quién cobra mientras al país se le pide ponerse la camiseta y sentir orgullo. La candidatura funciona como un espejo de la maquinaria del poder mexicano, y el chiste que Ripstein acomoda escena tras escena es que lo imposible salió justo porque nadie en esa oficina podía darse el lujo de decir la verdad.

Con un guion que escribió junto al novelista Daniel Krauze, Ripstein se toma la sátira en serio. Las actuaciones se frenan un paso antes de la caricatura y dejan que la ambientación diga lo que el diálogo calla. La producción de Gaumont reconstruye la época hasta el último detalle, y la cámara filma una conferencia de prensa o un apretón de manos como una película de robos filma una caja fuerte. Esa decisión es la más astuta de todas: graba el papeleo y las llamadas como un atraco, y uno termina apoyando el chanchullo antes de entender qué están chingando.

El chanchullo tiene nombres y apellidos. La película sienta en la mesa a Emilio Azcárraga, el dueño de Televisa que se decía soldado del PRI, y deja a la vista el matrimonio entre el partido único y la televisora que le vendía la cara al país. Henry Kissinger asoma como el lado del cabildeo gringo. Y encima de todo pesa septiembre del 85, cuando el sismo mató a miles en la capital meses antes de que llegara el mundo entero. El torneo se montó sobre esa herida como proyecto de ánimo, y la cinta no te deja olvidar el piso que pisa.

El cine mexicano tiene buena mano para esto, y la película lo sabe. Sus parientes cercanos son las sátiras del PRI de Luis Estrada, La ley de Herodes y La dictadura perfecta, que volvieron la corrupción del partido una farsa que la gente reconocía como documental. Está Rudo y Cursi, la comedia de Carlos Cuarón que leyó la clase mexicana desde el futbol y que también protagonizó Luna. Y está el apellido: Gabriel es hijo de Arturo Ripstein, que se pasó décadas encontrando la crueldad metida en las vidas comunes.

Junto a Luna, el reparto llena los arquetipos del momento. Karla Souza hace a Susana Gómez-Mont, una operadora que lee la jugada más rápido que los hombres que mandan; el Azcárraga de Daniel Giménez Cacho es terciopelo con amenaza adentro. Memo Villegas aparece como una figura de Hugo Sánchez, el futbolista-símbolo que es a la vez el motivo de la fiesta y un detalle menor frente a los acuerdos que la hacen posible.

Lo que México 86 no resuelve, porque no puede, es la pregunta que deja el silbatazo final. Cuando un país gana el derecho a recibir al mundo, ¿de quién es el triunfo: de la gente en las tribunas, del gestor que prometió, de la televisora que vendió las imágenes, del partido que se colgó la medalla? Ripstein deja subir los gritos y se queda un segundo de más en las caras de los que gritan, hasta que la risa se convierte en sospecha: el espectáculo siempre estuvo para que nadie preguntara eso.

México 86 llega a Netflix el 5 de junio, después de una función en la Cineteca Nacional. Aparece justo cuando el Mundial vuelve a Norteamérica, con la edición de 2026 coorganizada por México, Estados Unidos y Canadá, y eso le da a la sátira el filo que sus autores buscaban. Cuarenta años después de aquella candidatura, la cinta te pasa un espejo y un cronómetro: en algún lado, ahorita mismo, se está armando el próximo show, y solo te pide que esta vez veas bien quién lo está armando.

Reparto

Etiquetas:

Discussion

There are 0 comments.