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Lars von Trier, el cineasta que convirtió sus miedos en películas y el párkinson en una cuenta regresiva

Penelope H. Fritz

Lars von Trier nunca voló en avión para ir a Estados Unidos, pero rodó ahí toda una trilogía. Dogville (2003) es una ciudad dibujada con gis en un estudio en Dinamarca; Nicole Kidman la recorre en una película que es, entre otras cosas, un ajuste de cuentas con la idea de América. Que el director más importante de Escandinavia en las últimas cuatro décadas construya su cine a diez kilómetros de donde nació dice algo sobre su método: el mundo entra al estudio, no al revés.

Nació el 30 de abril de 1956 en Kongens Lyngby, cerca de Copenhague. El «von» que carga su apellido no es heredado — se lo inventó en los años ochenta, en homenaje irónico a Erich von Stroheim y Josef von Sternberg, directores alemanes que tampoco nacieron nobles. Estudió cine en la Escuela Nacional de Dinamarca y con El elemento del crimen en 1984 llegó al Festival de Cannes, que sería el escenario de sus mayores triunfos y sus peores decisiones públicas.

Con Thomas Vinterberg fundó el Dogme 95 en 1995: un manifiesto que prohibía el trípode, la iluminación artificial, el sonido añadido en posproducción, los attrezzo traídos de fuera. Un sistema austero diseñado por un hombre con TOC, depresión clínica y agorafobia. Los idiotas (1998) fue su propio film Dogme. Dancer in the Dark (2000), con Björk como protagonista, ganó la Palma de Oro en Cannes — el máximo reconocimiento del festival — y la islandesa ganó la Mejor Actriz. Fue también la última colaboración entre ambos sin consecuencias. En 2017, durante el movimiento #MeToo, Björk hizo pública una denuncia de acoso durante el rodaje. Von Trier lo negó. La pregunta sigue abierta.

La crítica que más se repite sobre su filmografía señala que las mujeres en sus películas — Emily Watson en Rompiendo las olas, Björk en Dancer in the Dark, Charlotte Gainsbourg en Anticristo y Ninfómana, Kirsten Dunst en Melancolía — sufren sistemáticamente en función de proyectos estéticos que él controla. Von Trier ha reconocido que se siente atraído por el sufrimiento femenino de maneras que no termina de entender. Eso es inusual de decir. Si constituye una reflexión genuina o una forma sofisticada de evasión es algo que sus películas no responden.

Melancolía (2011) es una película sobre el fin del mundo filmada desde adentro de una depresión. Dunst ganó la Mejor Actriz en Cannes. Von Trier, en la conferencia de prensa, dijo que entendía a Hitler y fue declarado persona non grata por el festival. La casa de Jack (2018) lo trajo de regreso, con Matt Dillon como asesino serial que diseña crímenes como si fueran obras de arte. The Kingdom Exodus (2022), la tercera temporada de su serie televisiva Riget, cerró un arco narrativo que había dejado abierto desde 1997.

En febrero de 2025 confirmó que padece párkinson y que ingresó a un centro de tratamiento. Tiene setenta años en 2026. La película en la que trabaja, After, tiene a Stellan Skarsgård — presente en su cine desde Rompiendo las olas — y trata sobre la muerte y el más allá. Von Trier anunció su retiro por la depresión en 2007 y volvió. Esta vez los términos son diferentes: el temblor que siempre fue una decisión estética ya no depende de él.

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