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Pedro Alonso le pone fin a Berlín en el peor momento posible, y de eso se trata

El gallego que se convirtió en el rostro más carismático de La casa de papel cierra al personaje justo cuando todo el planeta lo está viendo. Esta semana llega a Netflix la segunda y última temporada del spin-off, y con ella su despedida del rol.
Penelope H. Fritz

Pocos actores se bajan de un personaje así. Pedro Alonso pasó casi diez años metido en Andrés de Fonollosa, el ladrón aristocrático y un poco aburrido que terminó siendo la presencia más terca de La casa de papel: lo mataron en la segunda parte y la audiencia se negó a aceptarlo, por lo que los flashbacks lo regresaron una y otra vez. Esta semana llega a Netflix la segunda y última temporada del spin-off Berlín, el universo a su alrededor anuncia que sigue creciendo y, en la víspera del estreno, el actor confirmó con todas sus letras que ya terminó. No fue una pelea por plata. Tampoco hay rencor. Es algo más raro: un actor que elige bajarse en pleno punto más alto, mientras la puerta todavía está abierta.

Alonso creció en Vigo, hijo de una ciudad gallega del Atlántico donde casi cualquier familia tiene su propia historia con el mar. A los veintialgo se fue a Madrid a formarse en la Real Escuela Superior de Arte Dramático. Pasó por Teatro de la Danza, por experimentos con La Fura dels Baus y por la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Esa Madrid teatral, dura y sin glamour, no fabrica estrellas instantáneas de televisión. Durante buena parte de su treintena fue un actor de oficio con cara conocida en Galicia y algún papel chico en producciones nacionales. Nada en esa curva temprana anunciaba lo que vino después.

Lo que sí anunciaba era paciencia. Volvió a Galicia para interpretar al padre Horacio Casares en Padre Casares, en la TVG, un cura-detective al que aguantó durante ciento treinta y seis capítulos entre 2008 y 2015, ese tipo de estancia larga que ajusta el oficio en lugar de la fama. Cuando Antena 3 lo eligió como Diego Murquía en Gran Hotel, en 2011, ya se le veía el contorno del actor que iba a ser: un protagonista capaz de ser cruel sin sobreactuar, íntimo sin ablandarse y, con mucha precisión, seductor en pantallas que aún no pertenecían a los algoritmos.

Después vino La casa de papel. La emisión original de Antena 3 dio cifras dignas en España. La compra por Netflix unos meses después la convirtió en la serie no inglesa más vista de la plataforma, un fenómeno que estalló de Ciudad de México a Buenos Aires, de Bombay a Estambul. Berlín, que en teoría era un personaje secundario, se volvió el centro emocional. Los guionistas lo mataron, el público no quiso soltarlo y los flashbacks lo trajeron de vuelta en tres temporadas más. En 2023 Netflix le había armado un spin-off propio, ambientado en París y centrado en su pasado anterior al gran golpe, y lo renovó por una segunda entrega antes incluso de que terminara la primera.

El spin-off es también donde aparece la contradicción. El personaje, leído honestamente, es un romántico misógino: un tipo que trata el amor como un proyecto estético y a la gente que lo rodea como reparto. La primera temporada coqueteó con eso sin atreverse a decirlo. La segunda, Berlín y la dama del armiño, que llega el 15 de mayo de 2026 y se va a Sevilla a robar un cuadro de Leonardo da Vinci, parece animarse más con esa incomodidad. Alonso siempre defendió al personaje diciendo que la serie está para interrogar a Berlín, no para celebrarlo. Ese argumento no siempre cae limpio entre quienes ven en su carisma una capa que el guion no termina de rajar.

Fuera de cámara ha pasado años desviando la atención del espectáculo. Publicó un libro, Libro de Filipo, en Grijalbo, en 2020. Pinta y expone como artista visual bajo el seudónimo Pedro Alonso O’choro. Y a comienzos de 2025 estrenó en Netflix un documental de tres episodios, En la nave del encanto, que codirigió y en el que recorre México pasando tiempo con curanderos y ceremonias de ayahuasca, hablando ante cámara de la depresión que tuvo a los treinta y de la larga conversación que sostiene con su propia meditación desde entonces. No fue capricho de estrella. Fue un actor dejando constancia, en público, de que la versión suya que los fans reconocen no es la que decide.

Eso hace legible el momento de su salida. Según ha contado en entrevistas, el rodaje de la temporada nueva fue físicamente y psicológicamente durísimo. Su representante y amiga de toda la carrera, Clara Heyman, falleció en plena producción. En las entrevistas recientes habló de sentir, por primera vez en nueve años, que el ciclo tenía que cerrarse, y de que cerrarlo desde dentro del trabajo y no después era la única forma honesta de hacerlo. Anunció su salida antes del estreno para que el público se encontrara con este Berlín sabiendo ya que era el último.

Lo que sigue está más abierto que nada de lo que ha hecho desde 2017. Mantiene una relación de años con la hipnoterapeuta y artista parisina Tatiana Djordjevic y tiene una hija adulta, de una relación anterior, que estudia bellas artes. Pasa temporadas entre Madrid, París y México. No anunció todavía un próximo protagónico en la televisión española. El spin-off de Berlín se cierra con él en esta temporada; el universo de La casa de papel sigue sin él. Por primera vez en casi diez años, la próxima frase sobre Pedro Alonso la escribe Pedro Alonso, y no el calendario de estrenos de Netflix.

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