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Rami Malek, el actor que nadie reconoce hasta que ya es otra persona

Penelope H. Fritz

Cuando The Man I Love se proyectó en Cannes, el público aplaudió de pie durante ocho minutos. Rami Malek lloraba entre el público, no por la ovación sino por lo que la actuación le había costado: encarnar a un artista del downtown neoyorquino muriendo de una enfermedad relacionada con el VIH en los años ochenta, en una película dirigida por Ira Sachs que compitió por la Palma de Oro y obtuvo el 96% en Rotten Tomatoes.

Rami Malek
Rami Malek Depositphotos

Malek nació el 12 de mayo de 1981 en Torrance, California, hijo de inmigrantes coptos egipcios: Said, vendedor de seguros, y Nelly, contadora. Tiene un hermano gemelo idéntico llamado Sami y una hermana mayor. Hablaban árabe en casa hasta que él cumplió cuatro años. Crecer como hijo de inmigrantes en el Valle de San Fernando —ni del todo egipcio, ni simplemente americano— marcó la forma en que Malek entiende el desplazamiento como experiencia de vida y como material actoral.

Estudió actuación en el Notre Dame High School de Sherman Oaks, donde coincidió con Kirsten Dunst en teatro musical, y luego obtuvo una licenciatura en drama en la Universidad de Evansville, Indiana. Se mudó a Nueva York en 2003. Sus primeros créditos televisivos incluyeron Gilmore Girls, 24 y The Pacific, la miniserie de HBO sobre la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. Su papel recurrente como el faraón Ahkmenrah en la saga Una noche en el museo le dio visibilidad, pero no fue el salto que buscaba.

Ese salto llegó con Mr. Robot en 2015. Interpretó a Elliot Alderson, un hacker con trastorno disociativo de identidad que planea destruir el sistema financiero global. La actuación le ganó el Emmy a mejor actor dramático en 2016 —el único de la serie, aunque duró cuatro temporadas— y cambió lo que Hollywood pensaba que podía hacer.

Lo más complejo llegó con Bohemian Rhapsody en 2018. La película sobre Queen fue un fenómeno de taquilla pero recibió críticas por su retrato suavizado de Freddie Mercury. La producción fue problemática: Bryan Singer fue reemplazado a mitad del rodaje por Dexter Fletcher. Aun así, la actuación de Malek —que estudió a Mercury durante meses, su voz, sus gestos, su manera de convertir la fragilidad en show— fue unánimemente elogiada. Ganó el Oscar, el Globo de Oro, el SAG y el BAFTA, y se convirtió en el primer actor de ascendencia egipcia en ganar el Óscar a mejor actor. El consenso fue claro: película discutible, actuación impecable.

Después del Oscar eligió proyectos sin hilo conductor aparente. Fue el villano Lyutsifer Safin en Sin tiempo para morir, la última de Daniel Craig como Bond —un antagonista que habla poco, actúa en silencio y usa bioarmas de precisión genética. Actuó junto a Denzel Washington y Jared Leto en Las pequeñas cosas. Apareció en Oppenheimer de Christopher Nolan como David Hill, el físico presente en la audiencia que le quitó a Oppenheimer su certificado de seguridad.

En 2025 rodó The Amateur, un thriller sobre un criptógrafo de la CIA, y Nuremberg, donde interpreta al psiquiatra Douglas Kelley, el encargado de entrevistar a los acusados nazis antes del juicio de Núremberg. Luego vino Cannes 2026 con The Man I Love y la ovación que ya es parte de la historia del festival.

La fecha de estreno comercial de The Man I Love está por confirmarse. Lo que Cannes dejó en claro es que Rami Malek construyó algo que es difícil de nombrar pero fácil de reconocer: una forma de actuar que convierte la invisibilidad en el acto más visible de la pantalla.

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