Ciencia

Un año de un fármaco retrasó cuatro años la artritis reumatoide en personas en riesgo

Peter Finch

Los voluntarios no tenían artritis reumatoide. Tenían los marcadores en sangre y los primeros dolores en las articulaciones que suelen venir antes, las señales de un sistema inmunitario que se prepara para volverse contra las propias articulaciones del cuerpo. Aun así, los trataron. Y durante años después de terminar el tratamiento, la enfermedad no apareció.

Ese es el resultado de un ensayo llamado APIPPRA, y apunta a algo que el modelo habitual de la medicina casi nunca intenta: interceptar una enfermedad antes de que los síntomas se vuelvan daño. Un solo año de un fármaco que silencia una de las señales de ataque del sistema inmunitario retrasó la aparición de la artritis reumatoide hasta cuatro años en personas con alto riesgo de desarrollarla.

La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca el revestimiento de las articulaciones, con hinchazón, dolor y, con el tiempo, el desgaste de hueso y cartílago que puede deformar manos y pies. Una vez que se instala, se controla, no se cura. La idea del ensayo era actuar en la ventana previa a que se instale.

El diseño fue sencillo. Los investigadores sumaron a 213 personas que portaban un anticuerpo específico ligado a la enfermedad y ya tenían dolor en las articulaciones, pero sin artritis confirmada. La mitad recibió inyecciones semanales de abatacept —un fármaco que corta el saludo químico con el que las células inmunitarias se encienden— durante un año. La otra mitad recibió un placebo. Después pararon las inyecciones y siguió el seguimiento. El grupo tratado tardó mucho más en desarrollar la enfermedad, y esa diferencia se mantuvo durante años.

Las advertencias están pegadas al título. Fue un ensayo de fase intermedia con 213 personas, no una población, y el efecto más fuerte apareció en quienes portaban anticuerpos específicos, lo que significa que el beneficio quizá no llegue a todos los marcados como de riesgo. El fármaco no estuvo libre de daño: hubo un efecto adverso grave en 18 de las 71 personas de uno de los grupos tratados. Y el hallazgo es un retraso medido hasta ahora en cuatro años, no una cura comprobada: la enfermedad todavía podría llegar cuando se desvanezca la protección.

Lo que hace que el resultado importe es la estrategia más que el fármaco en sí. Casi toda la medicina de las enfermedades crónicas empieza después del diagnóstico, cuando el daño ya está en marcha. Un tratamiento que gana años de articulaciones sanas antes del primer brote confirmado sugiere que algunas enfermedades autoinmunes podrían enfrentarse temprano, en esa ventana angosta en la que el cuerpo avisa del problema pero todavía no lo causó.

Ensayos más largos y más amplios tendrán que mostrar si el retraso se puede estirar aún más, si repetir el ciclo reinicia el reloj y si frenar la enfermedad durante años termina significando prevenirla del todo. Por ahora, quienes fueron tratados antes de enfermar siguieron así más tiempo del que cualquiera esperaba.

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