Ciencia

Trece dientes revelan dos linajes humanos que convivieron hace 2,8 millones de años

Peter Finch

La línea que va del simio al humano nunca fue una línea. Trece dientes fósiles que salieron de la región de Afar, en Etiopía, muestran que los miembros más antiguos que se conocen de nuestro propio género, Homo, compartieron su pedazo de tierra con un segundo pariente humano hasta entonces desconocido. Los dos vivieron en el mismo lugar entre 2,6 y 2,8 millones de años atrás.

Ese cruce es el hallazgo. Durante mucho tiempo se pensó el surgimiento de Homo como un relevo prolijo: un antepasado que le dejaba el lugar al siguiente en una marcha ordenada hacia nosotros. Los dientes de un sitio llamado Ledi-Geraru cuentan algo más enredado y más interesante. Nuestro género no entró a un escenario vacío. Tenía compañía.

Algunos dientes son de Homo temprano, el mismo linaje que lleva a las personas de hoy. Los otros son de una especie de Australopithecus —el grupo más amplio que incluye al famoso esqueleto conocido como Lucy—, pero no coinciden con la especie de Lucy ni con ninguna otra registrada. Parecen marcar una rama nueva de la familia humana que todavía no tiene nombre formal.

Las edades salen del propio suelo. Los sedimentos antiguos de la región están en capas con ceniza volcánica, y esa ceniza guarda cristales de feldespato que funcionan como relojes: al medir la lenta desintegración radiactiva encerrada adentro, investigadores de la Universidad Estatal de Arizona y sus colaboradores fecharon las capas que rodean a los fósiles. Después ordenaron los dientes por los detalles finos de su forma, las cúspides y proporciones que separan a un homínido de otro.

La cautela acá viene con la prueba. Es un descubrimiento hecho solo con dientes: ningún cráneo, ningún esqueleto, nada todavía que muestre cómo eran estas criaturas ni cómo pudieron competir. Una especie nueva nombrada a partir de un puñado de dientes es una afirmación que van a tener que confirmar más fósiles, y el propio equipo evita darle nombre formal. Lo que la anatomía dental sí sostiene es el punto más fuerte: acá había más de un tipo de homínido, juntos.

Solo eso ya rehace el cuadro. Hasta cuatro linajes de homínidos pudieron compartir el este de África en esta ventana del tiempo profundo, lo que significa que los rasgos que terminaron definiendo a nuestro género no aparecieron en soledad. Aparecieron en una multitud, al lado de parientes que probaban sus propios experimentos evolutivos, casi todos terminados.

El proyecto Ledi-Geraru, que dio a conocer estos fósiles en 2025 y que ya había aportado el fósil más antiguo que se conoce del género Homo, sigue excavando los mismos sedimentos. Los dientes que bautizaron a una posible especie nueva son una invitación a seguir cavando para encontrar las mandíbulas y los cráneos que convertirían una inferencia sólida en un rostro.

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