Ciencia

Los cometas casi seguro no trajeron la vida a la Tierra, y Marte era un mejor blanco

Nadia Okonkwo
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Los cometas transportan uno de los ingredientes básicos más codiciados por los químicos que estudian el origen de la vida, el cianuro de hidrógeno, y lo llevan en grandes cantidades. Pero nuevas simulaciones del bombardeo que recibió la Tierra primitiva muestran que los cometas casi nunca lo dejaron en la superficie en condiciones de ser aprovechado. En más de la mitad de las historias simuladas, ni un solo cometa lo logró.

El hallazgo contradice una idea con más de un siglo de historia: que una lluvia de visitantes helados surtió al planeta joven de los bloques de construcción de la vida. Si el resultado se sostiene, la búsqueda del kit químico inicial de la vida regresa a la propia Tierra, a los asteroides o a Marte, que esos mismos modelos ubican como un blanco mucho más sencillo.

El estudio fue encabezado por Richard Anslow, del Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge, con colegas de Cambridge y de la Universidad de Edimburgo, y aparece en Scientific Reports. «Históricamente, los científicos pensaban que los cometas fueron importantes para el origen de la vida en la Tierra, porque transportaban moléculas con carbono y nitrógeno», dijo Anslow. «Es una idea algo romántica, pero nuestros resultados sugieren que es muy poco probable».

El cianuro de hidrógeno importa porque su triple enlace entre carbono y nitrógeno guarda energía capaz de impulsar reacciones posteriores. Los experimentos de laboratorio que lo usan a unos 10 milimolar, alrededor de un cuarto de gramo por litro de agua, han producido lípidos, azúcares y los componentes básicos del ARN y el ADN. Los cometas contienen esta molécula en cerca del 0.1% de su hielo de agua, así que un cometa que llegara intacto podría, en principio, dejar un estanque local de unos 30 milimolar. El equipo lo tomó como el mejor escenario posible, porque su resistente enlace debería sobrevivir al impacto mejor que moléculas más frágiles.

100,000 historias simuladas pusieron a prueba a los cometas

La mayoría de los estudios previos contaban los cráteres de la Luna para calcular cuántos cometas golpearon la Tierra primitiva, pero esos cráteres podrían registrar sobre todo asteroides. Este equipo tomó las tasas de impacto de un modelo dinámico de David Nesvorný y sus colegas que sigue a un millón de cuerpos helados nacidos más allá de Neptuno mientras los planetas los dispersan hacia el interior. Los cometas pequeños tienden a desintegrarse por su propio giro antes de llegar al sistema solar interior, lo que redujo el número de impactos en la Tierra aproximadamente en un factor de diez.

Luego, cada cometa entrante tenía que sobrevivir al aire. Con un código llamado atmosentry, los investigadores hicieron pasar a los cometas por una atmósfera de un bar, igual a la presión actual en la superficie y probablemente más benévola que la de la Tierra primitiva. Los cometas de menos de unos 100 metros de ancho estallaron en explosiones aéreas a gran altitud y esparcieron su carga sobre áreas enormes. La atmósfera también destruyó de manera preferente los cometas que entraban con ángulos rasantes, justo los impactos lo bastante suaves para preservar las moléculas frágiles.

Para cada cometa que llegaba al suelo, otro modelo calculaba cuánto cianuro de hidrógeno sobrevivía al calor de una colisión a muchos kilómetros por segundo. El equipo corrió el bombardeo completo 100,000 veces en pasos de un millón de años, y contó solo los impactos en tierra firme, ya que el cianuro que cae al mar se diluye de inmediato. Como comprobación, los cometas simulados sumaron unos 2.6 × 10¹⁸ kilogramos, en línea con las estimaciones basadas en los gases nobles de la atmósfera terrestre.

Las cifras dejan un resultado casi nulo

Durante su bombardeo temprano, la Tierra recibió más de 100,000 cometas de más de 100 metros de ancho. Aun así, la simulación típica no produjo ningún impacto que dejara al menos 10 milimolar de cianuro de hidrógeno en tierra. En 54% de las simulaciones, ningún cometa lo consiguió jamás. Los impactos exitosos necesitaban un cometa de más de 100 metros, que se moviera inusualmente lento y que golpeara con un ángulo rasante.

A escala global, el panorama no es mejor. Todo el cianuro que los cometas entregaron intacto, unos 26.5 billones de kilogramos, llegaría a aproximadamente 0.75 micromolar si se disolviera en un solo océano. Eso es más de diez mil veces más débil que las recetas de laboratorio, y está por debajo de lo que la química atmosférica impulsada por la luz solar podría generar por sí misma.

El momento también juega en contra de los cometas. Cuando llegó a darse un impacto exitoso, la fecha más probable fue hace unos 4.41 mil millones de años, más de 100 millones de años antes de la edad estimada del último ancestro común universal de toda la vida (LUCA), hace unos 4.2 mil millones de años. Menos de 5% de las simulaciones registraron uno posterior a hace 4.03 mil millones de años, y en esa época el planeta apenas tenía tierra expuesta. «Realmente tendría que ser algo de uno en un millón», dijo Anslow. «No podemos descartar con certeza que haya ocurrido así. Pero parece algo realmente raro, en el mejor de los casos, una casualidad aislada».

Marte era el blanco más fácil

Al aplicar el mismo bombardeo a los planetas vecinos, la clasificación se invierte. Sin tomar en cuenta cuánta tierra firme tenía cada planeta, Marte recibió 744 impactos que aportaron concentraciones útiles de cianuro, contra 87 de la Tierra y 24 de Venus. Marte es más pequeño y está más lejos del Sol, así que los cometas lo golpean más despacio, en promedio a 19.7 kilómetros por segundo, y su delgada atmósfera permite que casi todos los cometas de más de 100 metros lleguen al suelo. Incluso con una atmósfera marciana de un bar, el conteo se mantiene en 448. La espesa atmósfera de Venus destruye casi todos los cometas de menos de dos kilómetros de diámetro.

«Esto no quiere decir que haya ocurrido con certeza en Marte, por supuesto, pero sugiere que sería improbable que hubiera pasado en la Tierra y no en Marte», dijo Anslow. «O la otra alternativa, quizá más probable, es que no haya ocurrido en ninguno de los dos planetas».

Lo que las simulaciones no resuelven

Se trata de un modelo de una sola molécula y una sola vía de llegada. César Menor-Salván, especialista en astrobiología de la Universidad de Alcalá, en España, que no participó en el trabajo, dijo al Science Media Centre de España que los autores «no demuestran, calculan» que la llegada intacta de cianuro concentrado es improbable. Menor-Salván señala que los impactos también pueden crear sistemas de agua caliente donde la química continúa, y que el estudio deja fuera la forma en que el cianuro puede almacenarse en minerales. Los autores aceptan que el almacenamiento en sales de cianuro de hierro es posible, pero argumentan que borraría la principal ventaja de los cometas: una dosis concentrada lista para usarse.

Varios factores siguen siendo poco conocidos: la presión de la atmósfera primitiva, cuánta tierra sobresalía del mar y qué tan probable es que la química cruce la línea hacia la vida. Los autores ajustaron cada uno a favor de los cometas y argumentan que aun así sobreestiman la supervivencia del cianuro, porque su modelo de impacto ignora la porosidad y la resistencia de los cometas reales. Además, el estudio solo cubre los cometas de periodo corto; los de periodo largo impactan más rápido, lo que haría la supervivencia todavía más difícil.

El trabajo tampoco afirma que los cometas no hayan traído nada: no aborda el agua ni los muchos otros compuestos que llevan los cometas, y no puede descartarse un único impacto afortunado, lento y rasante. Gordon Osinski, especialista en geología planetaria de la Western University, en Canadá, que no participó en el estudio, dijo a Science News que el trabajo «definitivamente hará que la gente lo piense dos veces antes de ver a los cometas como el origen del aporte de compuestos orgánicos».

Las alternativas están más cerca de casa. Los asteroides golpearon la Tierra primitiva con mucha más frecuencia que los cometas, unos meteoritos ricos en carbono llamados condritas carbonáceas transportan material orgánico, y el cianuro de hidrógeno puede formarse en la atmósfera y caer con la lluvia sobre la tierra expuesta en un suministro lento y constante. Los volcanes y las fuentes hidrotermales ofrecen otras opciones.

Preguntas comunes sobre los cometas y el origen de la vida

¿Los cometas trajeron los ingredientes de la vida a la Tierra?

Probablemente no en una cantidad útil, según este estudio. En 100,000 historias simuladas de la Tierra primitiva, 54% no tuvo ningún impacto de cometa que dejara cianuro de hidrógeno concentrado en tierra firme, y la simulación típica no tuvo ninguno.

¿Por qué el cianuro de hidrógeno es importante para el origen de la vida?

Su triple enlace, rico en energía, puede impulsar las reacciones que forman moléculas más complejas. Los experimentos de laboratorio con cianuro de hidrógeno a unos 10 milimolar han producido lípidos, azúcares y los componentes básicos del ARN y el ADN.

¿Los cometas pudieron llevar los ingredientes de la vida a Marte?

Con más facilidad que a la Tierra: las simulaciones le dieron a Marte 744 impactos de ese tipo contra 87 de la Tierra, porque los cometas golpean Marte más despacio y su delgada atmósfera los deja pasar. Anslow subraya que eso no significa que haya ocurrido allá.

Ahora toca buscar planetas donde los cometas rebotan

El artículo se publicó el 28 de octubre de 2026. Anslow y varios coautores propusieron en 2023 que, en sistemas planetarios muy compactos, los cometas podrían frenarse al rebotar de un planeta a otro. El equipo sugiere que futuros telescopios, como el propuesto Habitable Worlds Observatory, busquen sistemas donde eso pueda ocurrir. Osinski espera que otros equipos reproduzcan el resultado y hagan una prueba similar con las condritas carbonáceas. En cuanto a la Tierra, la búsqueda vuelve a mirar hacia el suelo.

Referencia: Anslow et al., “Cometary impacts an unlikely pathway towards the origins of life on Earth,” Scientific Reports, 2026. DOI: 10.1038/s41598-026-74214-y

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