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Liverpool rescata el empate en Newcastle e Iraola defiende a Isak ante una vuelta hostil

Kenji Nakamura

El primer acto competitivo de Andoni Iraola como entrenador del Liverpool no fue una sustitución ni un punto rescatado. Fue un escudo. Al salir de St James’ Park con un empate que su equipo tuvo que remar para conseguir, el nuevo técnico pasó su primera conferencia de prensa colocándose justo delante de Alexander Isak, absorbiendo el ruido que un Tyneside hostil había dirigido toda la tarde contra el delantero que se fue.

La historia obvia es el alivio: un empate tardío, un punto de visitante asegurado, un debut superado. Esa lectura es cierta y superficial. Omite la razón por la que el Liverpool de Iraola estaba persiguiendo el partido en primer lugar, y trata los abucheos a Isak como un espectáculo en lugar de un problema que un entrenador decidió resolver, tanto en la cancha como en el micrófono. Iraola respondió a ambos, y la segunda respuesta fue la más reveladora.

El patrón que definió la tarde fue la transición. Iraola lo dijo claramente después — admitió que su equipo “estaba tratando de hacer demasiado en la primera fase” — y Newcastle castigó exactamente eso. Ambos goles que encajó el Liverpool llegaron de la misma manera: un mediocampo comprometido demasiado arriba, espacio dejado atrás, y un equipo local rompiendo hacia ese espacio a velocidad. El gol tempranero de Anthony Elanga llegó de un contraataque directo; el segundo, de Joe Willock, tras una jugada elaborada por el mismo pasillo. Una línea defensiva reconstruida durante el verano tuvo que defender repetidamente césped abierto en carrera, y en dos ocasiones no pudo.

Lo que cambió el partido no fue el diseño, sino la corrección. Iraola recurrió a su banquillo, y el banquillo alteró el encuentro. “Estos jugadores del banquillo que pueden cambiar partidos van a ser importantes para nosotros”, dijo, justo después de verlo suceder. Victor Munoz, un fichaje de verano, cambió la textura del tramo final y provocó la falta que generó el empate; Dominik Szoboszlai hizo el resto desde el punto penal, un penalti que su entrenador calificó como casi imposible de detener. El punto, en otras palabras, llegó porque Iraola leyó su propio partido y buscó una palanca diferente.

Luego estaba Isak, y aquí Iraola estaba haciendo algo más cercano a la protección que al análisis. El primer regreso del delantero desde su traspaso provocó abucheos ensordecedores y un cántico de alto voltaje que lo tildaba de codicioso, renovado cada vez que tocaba el balón. Falló. Iraola rechazó el veredicto fácil. Isak “esperaba un poco la atmósfera”, dijo; “no fue una gran sorpresa para él”. Había “dado buenas posiciones con el balón”, encontrado un par de medias oportunidades en el área si no las más claras, y “siguió presionando, luchando” — “un buen paso para Alex para ser el primer partido”. Era el lenguaje de un entrenador decidiendo, en voz alta, que su delantero más caro no quedaría solo para cargar con la tarde.

El marco que lo rodea es crudo. Isak llegó del Newcastle el año pasado por 125 millones de libras y pasó una primera temporada difícil en Anfield lidiando con lesiones y forma, razón por la cual una actuación apagada en este estadio, de todos los estadios, tenía peso. El partido terminó 2-2: Elanga en los primeros minutos, Gakpo igualando al inicio del segundo tiempo, Willock restaurando la ventaja, y el penalti de Szoboszlai en el tiempo de descuento. Un punto, en la primera jornada, del partido más difícil que ofrecía el calendario.

El marcador dice que el Liverpool no perdió. La actuación dice que el verdadero trabajo de Iraola está en el espacio frente a su línea defensiva, no en el delantero frente a las cámaras — y que hasta que esas transiciones se cierren, el próximo estadio hostil no necesitará un penalti en el tiempo de descuento para castigarlos.

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