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La España más joven en años llega de favorita, y su gran duda se llama Lamine Yamal

Campeona de Europa y con una racha histórica, la Roja domina como nadie. Pero el Mundial pone a prueba lo único que el control no alcanza: una tanda de penales y el físico de su crack adolescente.
Jack T. Taylor

Mirá lo que España le hace a un partido y vas a entender que el peligro no es un jugador: es una ausencia. Agarran la pelota en el primer silbato y no la devuelven, y a la media hora el rival corre detrás de algo que ya ni recuerda haber tenido. La Roja no te gana con un destello. Te saca el juego, pase a pase, hasta que en tu cancha no queda nada para jugar.

Ese es el equipo que Luis de la Fuente lleva al Mundial como la vara con la que el resto se mide. Campeona de Europa, la idea más armada del torneo, lo más parecido a una máquina que hay hoy en el fútbol. La pregunta no es si España es buena: eso ya nadie lo discute. La pregunta es si un equipo hecho para controlar todo aguanta los nervios en la única competencia que te entrega, una y otra vez, lo que no podés controlar.

La idea, más fría

De la Fuente no inventó la manera española; la heredó y le sacó la nostalgia. Lo suyo es más frío que el tiqui-taca del recuerdo: no tiene la pelota por linda, la tiene para que vos no la tengas. La presión arranca arriba, la cancha se achica al tamaño de una de tenis, y cuando pierden la pelota la recuperan en seis segundos. El motor está en el medio: Rodri, último Balón de Oro, manda el ritmo, y al lado Pedri lee el partido dos pases antes que todos.

Una columna apenas mayor de edad

Lo que inquieta no es solo el método, sino la edad de los que lo ejecutan. Los jugadores clave de esta España están entre los más jóvenes del torneo. Lamine Yamal, todavía adolescente, juega la derecha con la calma de un veterano. Pau Cubarsí defiende como si el caos le pasara a otro. Y la nota emotiva es Gavi, que volvió tras una lesión que le costó un año.

Por primera vez en la historia del Mundial, España viaja sin un solo jugador del Real Madrid. Dani Carvajal y Dean Huijsen ni entraron en la lista previa. Hace una década habría sonado a crisis; ahora suena a declaración. A esta España la arman por lo que un jugador hace hoy, no por el escudo de su camiseta.

La única grieta

El presente roza el absurdo: una racha sin perder de más de treinta partidos, una Eurocopa ganada batiendo a Inglaterra en la final, Francia y Alemania desarmadas en el camino. Salvo por una noche. En la final de la Liga de Naciones, España se midió a Portugal, dominó como siempre, empató y perdió en los penales. Es la única mancha, y la más reveladora, porque es justo el escenario que su filosofía quiere evitar. El control te lleva a los penales como mejor equipo, pero no los patea por vos.

Y está la lesión que sobrevuela la primera semana: Yamal arrastra una molestia muscular. De la Fuente lo lleva tranquilo y dice que el chico va a estar; los reportes son menos optimistas, y España podría cuidar a su atacante más peligroso mientras avanza el grupo.

El camino

El sorteo fue amable al inicio. España abre el grupo H ante Cabo Verde, debutante mundialista, en Atlanta el 15, vuelve al mismo estadio seis días después frente a Arabia Saudita y cierra ante Uruguay cerca de Guadalajara el 26. Uruguay es el único rival del grupo hecho para incomodarla: físico, indiferente a la pelota, cómodo replegado y al contragolpe. España igual debería terminar primera; las preguntas de verdad llegan después.

Ahí está toda España en una frase: gana por negación, decide que el rival no juega, y en dos años casi nadie lo resolvió. Ahora entra en el único mes del calendario especializado en lo irresoluble: el calor, los viajes, el punto de penal, el físico de un adolescente y la extraña gravedad de ser el equipo al que todos esperan ver levantar la copa. El que controla todo está por descubrir qué hace cuando algo se le escapa de las manos.

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