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La quinta temporada de Dulces magnolias manda a Serenity a Nueva York, en Netflix

Veronica Loop

Durante cuatro temporadas, Serenity fue el destino de todo. Dulces magnolias trató a ese pueblo de Carolina del Sur como otras series tratan a un gran amor: el lugar del que las protagonistas salían un rato y al que querían volver, la cocina del Sullivan’s, el spa de la avenida principal, el porche de las margaritas donde se acomodaba la semana. La idea de fondo siempre fue simple. Existe un lugar hecho para sostenerte, y estas tres mujeres lo cuidan.

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La quinta temporada hace lo único que la serie esquivó cuatro años: las deja partir. El motor es el nuevo trabajo de Maddie en una editorial de Manhattan, una carrera de verdad con domicilio en otro estado, justo la oportunidad que Serenity prometía volver innecesaria. Dana Sue y Helen la acompañan, porque la noche de margaritas no respeta límites de estado, y el lema de la temporada —perseguir los sueños— suena más a reto que a frase de promoción.

Lo que vuelve interesante la mudanza es lo que arriesga. Dulces magnolias nunca fue una serie de tramas, sino de cuidado cotidiano: amistades, matrimonios e hijos que crecen entre temporadas. Ese relato necesita un lugar fijo. Llevarlo a Grand Central rompe el automatismo. Un pueblo sostiene a la gente con solo rodearla; una ciudad no ofrece ese servicio. La duda es si el lazo que armaron en Serenity las acompaña en el viaje o si el pueblo era quien las sostenía desde el principio.

La serie nunca tuvo villanos. Sus conflictos no nacen de alguien malo, sino de dos cosas buenas que no caben juntas: la carrera y el matrimonio, lo que pide un hijo y lo que pide una madre, la lealtad a una amiga y la verdad que duele. La quinta temporada usa ese instinto contra ella misma. El antagonista de este año es una oferta de trabajo, deseable y bien ganada, y al mismo tiempo capaz de erosionar aquello que la serie vendió durante cuatro años. No hay a quién culpar, solo una decisión que cuesta algo decida lo que decida.

"Woman with long brown hair in a light dress smiles at another woman in a well-lit indoor social setting, with people talking and a blue sign blurred in the background."

Vale ubicarla. Dulces magnolias forma parte de un linaje claro de drama reconfortante —Un lugar para soñar, Hart of Dixie, la sombra larga de Las chicas Gilmore— donde el pueblo es el protagonista y la trama es casi clima. Esas historias dependen de que el público quiera habitar su mundo, no de lo que pasa en él. Esta temporada es el caso raro de una que empuja a sus heroínas a la calle para ver si el mundo va con ellas. ¿Se conserva un pueblo después de dejarlo, o perseguir el sueño cobra en silencio la pertenencia que lo hacía seguro?

La quinta temporada de Dulces magnolias se estrena en Netflix el 11 de junio con sus diez episodios completos. Desarrollada por Sheryl J. Anderson a partir de las novelas de Sherryl Woods, regresa con JoAnna Garcia Swisher, Brooke Elliott y Heather Headley al frente, junto a Justin Bruening y Chris Klein, con grabaciones repartidas entre Georgia y Nueva York.

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