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The Chosen in the Wild with Bear Grylls llega a Prime Video y desarma a su propio elenco

Molly Se-kyung

Jonathan Roumie lleva cinco años siendo visto como se ve a alguien que tiene las respuestas. En The Chosen interpreta a un hombre que nunca duda. Después Bear Grylls lo lleva al borde de un acantilado en Utah y las respuestas dejan de importar. Queda una persona decidiendo si da el paso.

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Esa decisión es todo el programa. The Chosen in the Wild with Bear Grylls toma al elenco del drama guionado financiado por sus propios espectadores más visto que existe y le quita lo único que lo volvía reconocible: el guion. En seis episodios, Grylls jala a un actor a la vez hacia el campo abierto estadounidense y aplica su rutina de siempre. Saltan de aviones. Escalan roca. Cruzan cañones en tirolesa. Alguien se come un alacrán. El riesgo es real, pero no es la razón por la que la cosa funciona.

La razón es una sola decisión de formato: un invitado por episodio. No es un show de grupo donde varios famosos bromean en una pista de cuerdas. Cada hora aísla a una persona —Roumie, Paras Patel, Elizabeth Tabish, Noah James, Luke Dimyan y el creador Dallas Jenkins— y le da a Grylls todo el capítulo para aflojarla. Solo en un cañón, un actor no tiene grupo donde esconderse. A Grylls nunca le interesó el grupo. Busca la frase que uno solo dice cuando está cansado y algo asustado.

Ahí el ángulo de fe deja de ser marketing y se vuelve reporteable. The Chosen les pide a estos actores encarnar la convicción ocho horas diarias, gente cuyo rasgo central es que no duda. La naturaleza les pregunta si algo de esa convicción es suyo. Esa distancia es todo el proyecto. Grylls, que habla sin problema de su propia fe, no está para darle la razón a nadie: empuja hasta que la afirmación aguanta o se rompe, y mantiene la cámara sobre lo que pase.

Lo hace con el terreno, no con preguntas. Castle Valley y Canyonlands en Utah, el río Ausable, el río Colorado, el desierto de la Gran Cuenca, el bosque de los Adirondack: cada paisaje mete una presión distinta, y el episodio se arma según qué presión encuentra a qué persona. Un río prueba una cosa; un acantilado, otra. El montaje lee a sus invitados por el suelo en el que los para.

El casting afila esa curiosidad. Luke Dimyan interpreta a Judas —el discípulo al que toda la historia está hecha para traicionar— y hay una pregunta real en ver al actor detrás de esa cara colgado de una cuerda con el único conductor que no lo va a dejar actuar para zafarse. Elizabeth Tabish encarna a María Magdalena, un personaje definido por ser rescatado de su peor versión; el desierto opina distinto sobre quién se rescata. Dallas Jenkins, que armó toda la máquina, tiene que salir de detrás de la cámara que suele controlar.

Para Prime Video, la jugada apunta a un público que casi siempre vivió fuera del streaming masivo. The Chosen levantó a sus seguidores con su propia app y funciones en cines, lejos de la guerra de plataformas. Amazon MGM Studios ahora manda a esa audiencia por un escaparate global y trata una propiedad de fe como un fichaje mainstream, no como un nicho. La apuesta es que el cruce entre formato de supervivencia y drama religioso llegue más allá de las dos salas que ya tenía.

La pregunta que la serie abre y no cierra es la honesta: si una convicción hecha para una cámara vale algo cuando la cámara es lo único que se queda. Grylls puede subir a un actor a lo alto de una pared. No puede decirle al espectador si lo que dice allá arriba es del personaje o de la persona que carga la cuerda. La naturaleza arranca el guion; no entrega la verdad de abajo. Solo muestra dónde estaba la costura.

The Chosen in the Wild with Bear Grylls se estrena el 9 de agosto de 2026 en Prime Video, con los seis episodios disponibles desde el primer día.

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