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El Estadio BBVA de Monterrey cumple su destino en el Mundial 2026

Jack T. Taylor

El apodo lo ganó antes de que se jugara el primer partido. El Gigante de Acero tardó cuatro años en levantarse en Guadalupe, junto al Parque La Pastora, y cuando abrió en el verano de 2015 era el estadio de fútbol más caro que México había construido. Para el Mundial, FIFA lo llama Estadio Monterrey. El cambio de nombre no altera lo que es el edificio: doscientos millones de dólares que demostraron que los Rayados habían dejado de conformarse.

Diseñado por Populous junto a la firma mexicana VFO, el estadio reemplazó al Estadio Tecnológico, donde el C.F. Monterrey jugó 63 años. No fue una remodelación. El encargo era construir algo que replanteara las expectativas, y en agosto de 2015 el Gigante de Acero lo logró. El recinto se volvió el primer estadio de fútbol en América del Norte en obtener la certificación LEED Plata en diseño sustentable: energía, agua y materiales medidos bajo un estándar que la mayoría de los estadios del continente jamás intentó. Populous levantó toda la curva en acero, dándole al estadio su silueta, su peso y su nombre. La sierra que se ve desde el nivel superior en los días claros, el Cerro de la Silla, es el detalle que nadie cobró.

El aforo es de 53,500 personas. La cancha es GrassMaster, un sistema híbrido que ancla fibra sintética en el pasto natural para mantener su calidad bajo el calor del verano del noreste: condiciones de torneo durante los noventa minutos y más. La infraestructura de accesos fue diseñada para esa escala desde el primer día de construcción, no adaptada luego. Un estadio construido con ese presupuesto, en 2015, fue construido para soportar una semana mundialista. No es coincidencia. Es especificación.

Aerial view of Estadio BBVA Bancomer at its inauguration in 2015, Guadalupe, Monterrey
Photo: Presidencia de la República Mexicana / CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

Los Rayados han competido aquí desde la inauguración. La asistencia promedio se ubica de manera constante entre las más altas de la Liga MX. En 2015, el estadio ganó el Premio del Público al Estadio del Año, una competencia donde pesa el voto popular, no un jurado de arquitectos. Los aficionados que van cada quince días pusieron el argumento. Los jurados de arquitectura se impresionan con los diseños. El público se impresiona con lo que el edificio hace de verdad en noche de partido.

Para el Mundial, el Gigante de Acero recibe tres partidos de fase de grupos de los grupos A y F, más un juego de dieciseisavos de final el 29 de junio. El Grupo F arranca aquí el 14 de junio con Suecia contra Túnez, dos selecciones con perfiles muy distintos y una disputa genuina entre ellas. El Grupo F regresa el 20 de junio con Túnez contra Japón. El Grupo A cierra su fase grupal el 24 de junio con Sudáfrica frente a Corea del Sur. Tres continentes en una misma cancha a lo largo de tres jornadas. Después, una ronda eliminatoria donde el marcador decide quién avanza y quién empaca. Así luce un escenario mundialista completo: no un partido de prestigio, sino una sucesión de partidos, uno detrás del otro.

Once años de Liga MX, un Campeonato W de CONCACAF, un premio al Estadio del Año. El Gigante de Acero fue construido para algo más grande que el fútbol semanal. Junio de 2026 es su audición. El edificio no necesita superarse. Solo necesita funcionar exactamente como fue especificado, que siempre fue el punto.

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