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Estadio Akron, el Volcán de Guadalajara, recibe a El Tri en su regreso al Mundial 2026

Jack T. Taylor

El estadio no se anuncia con vidrio y acero. Se hunde en la ladera del noroeste de Zapopan y deja que la tierra lo cubra: un graderío de 49.813 lugares excavado bajo el nivel del suelo, rodeado por taludes de pasto que descienden como los flancos de un volcán dormido, con su pálida cubierta circular posada en el borde. Los arquitectos Jean-Marie Massaud y Daniel Pouzet concibieron el diseño alrededor de una idea disciplinada: construir el estadio dentro del paisaje y dejar que el paisaje lo absorba. Los mexicanos le pusieron un nombre más sencillo. Lo bautizaron el Estadio del Volcán.

Abrió el 30 de julio de 2010 con un amistoso entre Chivas y Manchester United — un debut pensado para marcar el nivel desde la primera noche. En los dieciséis años siguientes, el recinto construyó una reputación de intimidad que su tamaño no debería permitir. La mecánica de esa ilusión es estructural: el graderío queda por debajo del terreno circundante, acercando los pisos altos al campo más de lo que parece posible. Entras por cualquier acceso y la cancha aparece antes de lo que la geometría indicaría. La acústica lo confirma. Una noche de Liga MX aquí, cuando Chivas va por el título y 49.000 aficionados se desgañitan, el sonido se vuelve presión física.

Club Deportivo Guadalajara — las Chivas — mantiene su regla fundacional desde hace más de un siglo: solo jugadores nacidos en México. En un mundo de plantillas globalizadas, ese compromiso convierte al club en una especie de selección permanente, y le da a cada partido en casa una carga patriótica que llega directo a la cancha y a los graderíos. El recinto refleja al equipo para el que fue construido: sin pretensiones, arraigado, seguro de lo que es.

México no organizó un Mundial desde 1986. Cuarenta años. Este junio, el Tri regresa como coanfitrión y el Estadio Akron es donde se mide ante Corea del Sur en la segunda jornada del Grupo A — uno de los juegos con mayor carga emocional de la fase de grupos. El estadio ha vivido finales, descensos y de todo desde que abrió. Ninguna de esas ocasiones habrá tenido el peso acumulado de esa tarde.

El calendario más allá del Tri merece un apunte por separado. El Grupo H cierra su última jornada aquí con Uruguay contra España: dos equipos con historia y con todo por decidir, llegando tras semanas de presión competitiva. El Grupo K trae Colombia contra la República Democrática del Congo — calidad ofensiva por ambos lados, un partido pensado para recompensar a quien haga el viaje a Zapopan. Cuatro juegos, tres grupos, tres semanas. El Volcán tendrá que responder.

El Mundial 2026 tendrá estadios más ruidosos, más grandes, más famosos. Lo que quizás no encuentre es uno que se sienta más completamente él mismo — un graderío que creció del cerro en lugar de ser colocado sobre él, un recinto con identidad inscrita en la arquitectura. No se eleva a la ocasión. La ocasión llega a él.

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