Análisis

La doble carrera de Adam Sandler que los críticos prefieren no ver

Molly Se-kyung

Hay algo que Happy Gilmore 2 revela sin querer: el problema central de la carrera de Adam Sandler. En la película original de 1996, Happy era el de afuera, el que no encajaba, el que amenazaba con su descontrol al establishment del golf. La secuela lo muestra completamente integrado. Como notó Michael Ordoña en The Wrap, los mejores jugadores del circuito lo quieren demasiado como para molestarse. Las famosas rabietas ahora hay que invocarlas a propósito; Happy tiene que “trabajarse para llegar a ese estado”. El rebelde entró al sistema. El sistema lo aceptó feliz.

La crítica lo leyó como un problema de tono. Lo que tardó más en notar es que describe exactamente lo que le pasó a Sandler.

El mismo año en que Happy Gilmore 2 fue clasificada como secuela para fans —“estrictamente para los fans”, según Hollywood Reporter— Sandler recibía nominaciones al Globo de Oro y a los Critics Choice por Jay Kelly, la dramedia de Noah Baumbach en Netflix. Interpretó a Ron Sukenick, el representante de una estrella en declive que interpreta George Clooney. The Ankler definió su trabajo como “una mezcla magistral de humor y corazón”. Perdió el Globo ante Stellan Skarsgård. Después respondió con la ironía de siempre: que los otros nominados eran mejores “haciéndola de aduladores”.

Esto no es una carrera dividida. Es una carrera en dos carriles simultáneos.

Desde Punch-Drunk Love (2002), donde Paul Thomas Anderson lo convirtió en el centro de un thriller romántico de tensión contenida, Sandler opera con la misma lógica: comedias populares que le garantizan la confianza masiva del público, y roles dramáticos que aprovechan exactamente esa energía particular que sus comedias llevan años construyendo.

Uncut Gems (2019) fue el ejemplo más claro. Los hermanos Safdie construyeron la película alrededor de lo que Sandler es —maniaco, inestable, sin frenos— y la respuesta fue inmediata. Los Independent Spirit Awards lo eligieron como Mejor Actor. La Academia no lo nominó. Sandler respondió anunciando que haría deliberadamente una “película terrible”: Hubie Halloween. No era una broma. Era literalmente lo que iba a hacer.

Lo que la crítica resiste aceptar es que Happy Gilmore 2 no es un paréntesis entre Jay Kelly y el siguiente proyecto serio. Es parte del mismo sistema. La confiabilidad comercial de Sandler en Netflix —sus películas aparecen en el top 10 global de la plataforma semana tras semana— es lo que hace posible una colaboración con Baumbach en ese mismo servicio. Las películas que los críticos ignoran y las que celebran están financiadas por la misma audiencia que lleva décadas confiando en él.

El argumento contrario tiene mérito: quizás las dos modalidades simplemente coexisten sin conexión estratégica. Un escritor que escribe thriller y literatura seria no ejecuta un plan —sigue dos apetencias distintas. Imponer una narrativa de “estrategia calculada” sobre las decisiones de Sandler puede decir más sobre quien analiza que sobre quien actúa.

Pero lo que vuelve difícil sostener esa lectura es la infraestructura: ambas películas llegaron a Netflix. El mismo suscriptor que encontró una recibió la recomendación de la otra. En enero de 2026, Sandler recibió el Premio a la Trayectoria de los AARP Movies for Grownups, presentado por Henry Winkler, quien señaló que bajo la reputación cómica de Sandler se esconde “este maravilloso actor dramático sincero” —y agregó que nunca cambió “su camisa hawaiana y sus pantalones cortos”. Esa imagen lo dice todo. La crítica sigue buscando al actor serio debajo del cómico. Pero no hay un debajo. Los dos están en la superficie, al mismo tiempo, desde hace más de dos décadas.

Lo que se sabe y lo que sigue abierto

Los hechos son verificables: Happy Gilmore 2 recibió críticas tibias en Hollywood Reporter y The Wrap; Jay Kelly le dio a Sandler nominaciones al Globo de Oro y los Critics Choice; el AARP le entregó un reconocimiento por su trayectoria completa. Su ausencia en los Oscar por Jay Kelly continúa el mismo patrón de Punch-Drunk Love y Uncut Gems. Lo que divide la lectura es si esta doble producción refleja una estrategia o simplemente dos carreras que coexisten. Lo que Netflix muestra —la misma plataforma, el mismo nombre, el mismo público— hace que la primera lectura sea difícil de ignorar.

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