Análisis

Apple despidió a ingenieros de Siri mientras ChatGPT le sigue ganando terreno

Molly Se-kyung

Cada vez que Apple anuncia despidos, la tentación es leerlos como un plan maestro: la empresa reacomoda fichas, corta lo que sobra y refuerza lo que importa. Los recortes recientes en Siri y en Vision Pro invitan a esa lectura ordenada. Pero cuando uno se acerca, el movimiento unificado se desarma. No hay una sola decisión, sino dos apuestas separadas que se están soltando a velocidades distintas, y solo una encaja con la disciplina que Apple predica sobre sí misma desde hace años.

Los datos confirmados son claros: más de 200 despidos, según Bloomberg, TechCrunch y MacRumors. Cerca de cien salen del Vision Products Group, el equipo de Vision Pro, con el cierre del grupo de videojuegos y un recorte en el área de video inmersivo. Otros cien vienen de Intelligent Systems Experience, el núcleo de Siri y de la inteligencia artificial de la compañía. Apple lo envuelve en una frase corporativa que no dice mucho: quiere “evolucionar nuestro negocio para ofrecer las mejores experiencias a nuestros usuarios”.

Vayamos primero a lo defendible. Vision Pro nunca despegó como producto masivo. Hacia el final de 2025, Apple vendía alrededor de 45.000 unidades por trimestre, muy poco para el dispositivo más caro de su catálogo. Producir contenido inmersivo cuesta millones por episodio, un gasto imposible de sostener con esa base. Cerrar el equipo de videojuegos y reducir el de video inmersivo no es rendirse: es aritmética básica. Y calza con la hoja de ruta que Apple dejó entrever: anteojos inteligentes en 2027 y un Vision Pro 2 en 2028, esta vez apuntando al mercado corporativo. Si el futuro de la realidad mixta es más liviano y empresarial, mantener un estudio inmersivo para 45.000 visores por trimestre es quemar plata.

Qué está probado y en qué punto arranca el debate

Vale la pena separar el hecho del juicio. Probado: más de 200 salidas, repartidas casi por igual; el equipo de videojuegos cerró; Siri sigue detrás de ChatGPT; Apple integró Google Gemini en iOS. Lo que se discute es el significado. ¿El recorte en Siri aparta a ingenieros de la arquitectura vieja para hacer lugar a otra nueva, o le saca músculo al equipo justo cuando más lo necesita? Ahí termina el dato y empieza la interpretación.

El recorte de Siri es el que peor aguanta el examen. Los números disponibles ubican a ChatGPT cerca de un 25% más preciso que Siri y capaz de responder alrededor de un 30% más de preguntas. Reducir el equipo de ingeniería de IA en ese escenario es, como mínimo, contraintuitivo. Y hay algo que agrava la paradoja: Apple le está pagando a Google. Gemini se integró en iOS para cubrir las fallas de Siri, lo que implica que Apple cobra de Google por meter su IA en el iPhone mientras despide a parte de quienes deberían construir la alternativa propia. Eso no es reconstruir; es poner un parche con factura adjunta.

En honor a la justicia, hay que armar el mejor contraargumento. Los recortes de Vision Pro siguen un patrón que Apple repitió por décadas: podar con frialdad lo que no rinde. Sobre Siri, es posible que los despedidos sean ingenieros de la arquitectura heredada y no quienes levantan el sistema nuevo. Crear puestos mientras se eliminan otros es el manual clásico de toda transición de plataforma: se despide al equipo del motor viejo y se contrata al del nuevo. Bajo esa luz, la foto engaña y el movimiento sería sano.

El problema es el reloj. La competencia en IA se mide en semanas: modelos que se actualizan, capacidades que aparecen de un mes al otro, usuarios que cambian de hábito sin aviso. Apple, en cambio, opera con cadencia anual, la del ciclo del iPhone. Ese ritmo, que le dio sus mayores triunfos en hardware, es el que peor calza en una carrera donde el rival publica mejoras casi cada semana. Una transición ordenada puede llevar dos años; la ventaja de ChatGPT no va a esperar dos años.

El veredicto, entonces, no puede ser uno solo. Los recortes de Vision Pro son correctos, aunque tardíos: Apple sostuvo demasiado tiempo una apuesta que los números ya desaconsejaban. Los de Siri son mucho más difíciles de justificar, no porque despedir sea siempre un error, sino porque el gesto —menos ingenieros, más dependencia de Google, la misma cadencia lenta— no dibuja a una empresa preparándose para remontar, sino a una que compra tiempo. Y en inteligencia artificial, comprar tiempo pagándole al rival de tu socio es la definición más exacta de ir por detrás.

Apple todavía tiene con qué: marca, distribución, integración vertical y una base de usuarios que no se muda por una décima de precisión. Pero el margen no es la estrategia. Reconstruir Siri obligaría a admitir que el problema es de fondo y no de maquillaje, y a moverse a la velocidad del terreno, no del calendario interno. Los despidos de este agosto no muestran esa voluntad. Muestran, cuanto mucho, que Apple sabe restar. Falta ver si sabe volver a sumar donde de verdad hace falta.

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