Análisis

Vinicius Junior puede irse del Real Madrid gratis. La discusión no es sobre el dinero

Molly Se-kyung

Durante la Liga de Campeones, un partido contra el Benfica se detuvo diez minutos por el protocolo antirracismo de la UEFA. Vinicius Junior denunció abuso racial. El episodio derivó en una investigación oficial, en un debate global sobre cómo responde el fútbol al racismo y en una propuesta de norma de la FIFA bautizada informalmente como la Regla Vinicius. Brasil aprobó la Ley Vinicius, legislación que establece procedimientos para casos de racismo en recintos deportivos. El mundo del fútbol nombró leyes y reglamentos con el nombre del jugador.

Meses después, Vinicius Junior no tiene contrato nuevo con el Real Madrid.

La conexión entre esas dos realidades no es casual. Tras ocho años en los que el club lo puso en el centro de su discurso antirracista —con comunicados, protocolos activados y acciones legales— el Real Madrid enfrenta ahora una negociación donde el punto de quiebre es una prima de renovación que sí le concedió a Kylian Mbappé y que se niega a ofrecerle a él. Según ESPN, las conversaciones llevan entre diez y diecisiete meses paralizadas. Sports Illustrated reportó que el club puso como plazo el fin del Mundial. Ese plazo ya pasó. Si no hay acuerdo, Vinicius Junior puede salir del Bernabéu sin que el Madrid reciba un solo euro en junio de 2027.

La comparación con Mbappé no es un detalle menor. Es el argumento.

Cuando el Real Madrid firmó a Mbappé, rompió por primera vez en su historia su política de no ofrecer primas de renovación. Le pagó un anticipo que nunca antes había dado a ningún jugador, además de convertirlo en el mejor salario de la plantilla, cerca de 30 millones de euros anuales según ESPN. Vinicius pidió condiciones equivalentes. Goal.com reportó que el club respondió que esos términos fueron una excepción que no va a repetir.

Ese argumento tendría más peso si los dos jugadores hubieran llegado desde posiciones similares. No fue así. Mbappé negoció con el PSG desgastado y con varios clubes persiguiéndolo, lo que le dio una ventaja que los clubes siempre terminan pagando. Vinicius esos mismos años los pasó en el Real Madrid ganando títulos, aguantando insultos racistas en el Mestalla —caso que derivó en las primeras condenas a cárcel por racismo en estadios en la historia de España— y sin presionar públicamente para irse. No hizo ruido. Pidió ser valorado.

El argumento del Real Madrid tiene cierta lógica. Desde los problemas financieros de la era de los Galácticos, el club construyó una de las estructuras salariales más disciplinadas del fútbol europeo. La preocupación por crear un nuevo escalón salarial que todos los cracks del plantel van a reclamar es una gobernanza real. Florentino Pérez apostó por la contención y, en buena parte, le fue bien.

Pero la forma específica de esa contención —una prima para el jugador que hizo que el club sudara para ficharlo, negada al jugador que se quedó de manera leal durante años de abuso documentado— no es algo que el análisis serio pueda tratar como neutral. Su nombre está en una ley brasileña. La FIFA discute una norma con su nombre. Lo que esta negociación pone sobre la mesa es si la solidaridad antirracista que el club mostró públicamente fue entendida internamente como algo con consecuencias financieras, o si siempre fue una operación de imagen que termina donde empieza la caja.

Arabia Saudita mostró lo que el mercado piensa. El presidente del Al-Hilal confirmó que el club va a intentar ficharlo si está disponible. Una oferta que supuestamente llegó a 350 millones de euros anuales fue descrita por Goal.com como ya caída. Lo que no cambió es que los clubes más ricos del mundo consideran a Vinicius Junior mucho más valioso de lo que el Real Madrid está dispuesto a pagar.

Si se va gratis, los medios lo van a llamar conflicto contractual. Va a ser exacto. No va a ser completo.

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