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Ah, Belinda tiene una gran idea que nunca se atreve a explotar

El remake dirigido por Deniz Yorulmazer se queda corto frente al clásico turco de 1986.
Martha O'Hara
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Neslihan Atagül, con la sonrisa perfectamente ensayada de una actriz que se sabe observada, se prepara para grabar un comercial de champú. De pronto el set desaparece y ella misma queda atrapada dentro del personaje que estaba interpretando. Esa es la premisa de Ah, Belinda, el remake turco dirigido por Deniz Yorulmazer del clásico homónimo de 1986.

La cinta sigue a Dilara (Atagül), una actriz exitosa cuyo mundo da un giro inesperado cuando acepta protagonizar un anuncio publicitario. Lo que comienza como un trabajo rutinario se convierte en una comedia fantástica: Dilara es transportada al universo de su personaje, una esposa tradicional de clase media llamada Handan. La premisa tiene potencial, mezcla comedia, drama y fantasía, y toca temas como la identidad y las expectativas sociales impuestas a las mujeres.

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Donde Ah, Belinda acierta es en su factura visual. El director de fotografía Tolga Cetin le da a la cinta un acabado pulido que vuelve coherentes, incluso elegantes, los saltos entre realidades. La transición del set de grabación al mundo ficticio se siente orgánica, gracias a una dirección artística cuidada y a un montaje que no se detiene a explicar de más.

El mayor problema de la película es que no logra decidir qué quiere ser. Tiene pasajes de comedia absurda que funcionarían bien en una sátira ligera, pero también intenta abordar temas más profundos con una seriedad que no siempre le sienta bien al tono general. Hay escenas demasiado ligeras para ser dramáticas y demasiado serias para resultar cómicas, y esa indecisión termina por diluir ambos registros.

El ritmo tampoco ayuda. La primera mitad avanza con agilidad, pero la segunda se siente estirada, como si el guion no supiera cómo resolver su propio conflicto. Hay tramos en los que la trama se estanca, sobre todo cuando Dilara intenta convencer a su nueva familia de que no es quien dice ser; son escenas necesarias para el argumento, pero les falta la chispa que las haría memorables.

La originalidad, además, deja que desear. Aunque el punto de partida es atractivo, Ah, Belinda no aporta demasiado al subgénero de comedia fantástica sobre intercambios de identidad. Se siente más como un homenaje reverente a la cinta de 1986 que como una relectura con voz propia, y varios giros de la trama son previsibles, sin el impacto emocional o cómico que deberían tener.

Atagül sostiene la película. Consigue transmitir con la misma naturalidad la arrogancia inicial de Dilara y la vulnerabilidad y el desconcierto que la asaltan cuando queda atrapada en la vida de su personaje; es un trabajo con más matices de los que el guion, en rigor, le exige. El resto del reparto no logra el mismo nivel de presencia. Necip Memili, en el papel de Necati, el interés romántico de Dilara dentro de su nueva vida, apenas cuenta con espacio para mostrar registro, y algo similar les ocurre a Serkan Çayoğlu y al resto de secundarios, que cumplen sin dejar huella.

Ah, Belinda no es una mala cinta, pero tampoco es memorable. Tiene momentos brillantes y una premisa intrigante, aunque su ejecución desigual la deja varada entre lo cómico y lo dramático, sin comprometerse del todo con ninguno de los dos registros. La recepción de la crítica ha sido, en ese sentido, coherente con lo que se ve en pantalla: mixta, dividida entre quienes valoran el concepto central y quienes señalan la falta de coherencia tonal y la previsibilidad de la trama.

Comparada con el original de 1986 —ganador de los premios a mejor película, mejor director y mejor actriz en el Festival de Cine de Oro de Antalya—, esta versión se queda corta. Aquella cinta de Atıf Yılmaz manejaba la sátira social y el absurdo con un pulso más certero y una narrativa más cohesionada; el remake de Yorulmazer, en cambio, se siente más comedido y convencional, casi con miedo de incomodar a nadie.

Lo que sí queda claro es que el guion se conforma con plantear sus preguntas y nunca se anima a incomodar con ellas: menciona el peso de los roles domésticos y la doble moral de clase, pero prefiere resolverlos con un abrazo final antes que con una respuesta incómoda. En términos de producción, la cinta cumple sin problemas —fotografía cuidada, diseño de arte pulcro—, pero eso no le alcanza para tapar los baches del guion. Ah, Belinda queda, al final, como esas películas que uno ve con gusto una tarde de domingo y olvida antes de que termine la semana: entretenida a ratos, pero incapaz de dejar huella.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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