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Con la soga al cuello convierte a un pueblo costero en una trampa perfecta para Kıvanç Tatlıtuğ

El thriller turco de Onur Saylak llegó a Netflix en 2023.
Martha O'Hara
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El primer plano de Yalín (Kıvanç Tatlıtuğ) mirando por la ventana de su nueva casa en Assos es el que define Con la soga al cuello: una mezcla de tensión y desesperación, como si el personaje ya supiera que no hay escape. Dirigida por Onur Saylak, esta producción turca para Netflix es un thriller de atmósfera densa, donde cada silencio entre los diálogos pesa más que las palabras pronunciadas.

La premisa —un estafador que huye de un escándalo financiero en Estambul junto a su pareja, Beyza, para reiniciar su vida en un pueblo de la costa egea— promete conflicto desde el primer acto. Yalín ha salido libre de un pacto que lo dejó, eso sí, sin poder viajar fuera del país, una condición que se siente como una segunda condena y que empuja cada una de sus decisiones en Assos. El problema no es la idea, sino cómo se desarrolla: Saylak construye una narrativa pausada, casi clínica, que prioriza el ambiente sobre la urgencia. Las primeras escenas en el pueblo, con su luz dorada y paisajes rurales, contrastan intencionalmente con la oscuridad moral de los personajes. Sin embargo, este ritmo deliberado se vuelve un lastre cuando la trama exige acción: la tensión acumulada no explota como debería, y el filme se arrastra hacia un final que resulta más confuso que revelador.

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Donde Con la soga al cuello sí cumple es en su dirección visual. Las tomas del pueblo y sus alrededores son deliberadamente pictóricas, casi como si Saylak estuviera rodando un documental sobre la decadencia de las zonas rurales turcas. Hay una escena memorable donde Yalín camina por el mercado local; los planos cerrados de los rostros de los aldeanos, llenos de desconfianza, transmiten más en segundos que muchos diálogos. Pero esta atención al detalle visual no siempre se traduce en coherencia narrativa. El tercer acto, en particular, introduce conflictos que parecen surgir de la nada, como si el guionista Hakan Gunday hubiera decidido complicar la trama sin preocuparse por la lógica interna.

Las actuaciones, especialmente las de Tatlıtuğ y Funda Eryiğit (Beyza), son lo más sólido del filme. Tatlıtuğ transmite con eficacia la paranoia de un hombre acorralado, aunque su personaje nunca llega a ser verdaderamente simpático. Eryiğit, por otro lado, tiene el papel más difícil: debe equilibrar la complicidad con Yalín y su propia desconfianza hacia él. Hay una secuencia en particular, donde Beyza confronta a su pareja sobre sus mentiras, que demuestra el talento de Eryiğit para convertir diálogos expositivos en momentos cargados de emoción. Alrededor de la pareja, el pueblo cobra forma gracias a un reparto secundario nutrido: Gürgen Öz como Daim y Müge Bayramoğlu como Nehir encabezan una comunidad que Saylak dibuja como un bloque cerrado, reforzada por Onur Gürçay, Aşkın Şenol, Hayat Van Eck, Kerem Arslanoğlu y Baki Kurtuluş, todos con el mismo gesto de desconfianza hacia los recién llegados.

El mayor defecto de Con la soga al cuello es su falta de originalidad. La película se presenta como una crítica a la corrupción y la avaricia, pero estos temas ya han sido explorados con más profundidad en otros thrillers turcos recientes. Además, el final —donde Yalín parece aceptar su destino sin mucha resistencia— resulta insatisfactorio, casi elusivo. ¿Es esto un comentario sobre la inevitabilidad del castigo? ¿O simplemente una decisión narrativa conveniente para Saylak? La ambigüedad, en este caso, no enriquece la trama; solo confunde.

La recepción de Con la soga al cuello ha sido dispar, y con razón: el filme reparte en dosis desiguales aquello que lo hace valioso y aquello que lo hace exasperante. Su atmósfera opresiva y su dirección visual son innegables; su ritmo lento y su final poco satisfactorio, también. No hace falta acudir a ningún consenso externo para notarlo: basta con ver cómo la película pierde fuelle justo cuando debería apretar el nudo.

La influencia del filme también es notable. Comparado con The Beasts de Rodrigo Sorogoyen, Con la soga al cuello comparte una premisa similar —una pareja urbana enfrentada a la hostilidad de una comunidad rural cerrada— pero se desvía en su ejecución. Mientras que The Beasts se centra más en la violencia y el conflicto directo, Con la soga al cuello opta por un enfoque más sutil y atmosférico, más interesado en la incomodidad latente que en la confrontación abierta.

Con la soga al cuello tiene momentos de brillantez visual y actuaciones sólidas, pero termina atrapada por su propio ritmo contemplativo: acumula tensión durante dos horas para después no saber qué hacer con ella.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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