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Alex Gibney convierte Knife, las memorias de Salman Rushdie, en un documental narrado por él

Martha Lucas
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En sus memorias, Cuchillo, Salman Rushdie nunca le da un nombre a su agresor. Lo llama «el A.» y, en un capítulo con ese título, inventa una conversación con él: la respuesta de un novelista a la violencia, que consiste en que, si el hombre no va a explicarse, uno lo imagina. Knife: The Attempted Murder of Salman Rushdie, el documental de Alex Gibney que acaba de llegar a las salas de Reino Unido e Irlanda, tiene que decidir qué hacer con ese recurso en pantalla, y su respuesta dice mucho sobre quién es el autor de esta historia.

Gibney se ganó su nombre investigando instituciones que preferirían no ser investigadas, desde Taxi to the Dark Side, ganadora del Óscar, hasta Enron: The Smartest Guys in the Room y Going Clear. Esta vez el protagonista ya había escrito su propio testimonio, así que el trabajo se parece más a una adaptación que a una denuncia. La película está hecha con tres materiales: Rushdie leyendo su libro como narración, los diarios en video que grabó junto a la cama del hospital su esposa, la poeta y novelista Rachel Eliza Griffiths, y un archivo de las décadas en que una novela convirtió a su autor en noticia de primera plana.

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En un documental, el reparto es la elección de quién habla, y Gibney le entrega la voz casi por completo al hombre al que estuvieron a punto de silenciar. Kate Erbland, de IndieWire, lo resumió así: escuchar a un hombre narrar su propio intento de asesinato «con un temple tan sereno (y a menudo con tanto humor negro)» tiene un impacto inmediato. Griffiths es la segunda autora. Sight and Sound señala que aparece acreditada como directora de fotografía, y sus imágenes de los días y semanas posteriores al ataque son un material que ningún lector del libro tuvo. Peter Bradshaw, en The Guardian, advierte de tomas de una crudeza que revuelve el estómago del ojo dañado de Rushdie. Las memorias contaban el suceso con frases. La película lo presenta como prueba.

Rushdie ha contado dónde empezó ese registro. «Tenemos que documentar esto; quizá ese fue mi primer pensamiento coherente», recuerda en la película, según cita Sight and Sound. «Queremos dejar constancia, porque no se trata solo de mí. Se trata de la libertad». Las memorias, publicadas en español como Cuchillo. Meditaciones tras un intento de asesinato, fueron la primera versión de ese registro, y el documental es una segunda edición con otras herramientas. Gibney explicó su propia lectura del texto cuando Abramorama adquirió la película para Norteamérica: el viaje de fondo, dijo, es «el paso de un lugar de odio activo a un lugar de amor».

La parte central de la película es historia literaria contada como thriller. Las críticas describen a Gibney siguiendo a Rushdie desde su infancia en Bombay, pasando por la publicidad y Hijos de la medianoche, hasta Los versos satánicos y la fatwa dictada por el ayatolá Jomeini de Irán. Sight and Sound enumera lo que recupera el archivo: disturbios, librerías atacadas con bombas incendiarias, una agresión al traductor italiano de la novela y el asesinato del japonés. También deja registro de quién no estuvo de su lado, y nombra a John Berger, Germaine Greer, Roald Dahl y Jimmy Carter entre sus críticos más visibles, junto a un fragmento en el que Cat Stevens acusa a Rushdie de ser «irresponsable con su libertad de expresión».

El pasaje más difícil de adaptar es el que hacía del libro literatura. Rushdie le dijo al Park Record en Sundance que Gibney encontró «una manera maravillosa» de abordar el diálogo imaginado: en la versión de la película, el A. «no llega a hablar. Solo tiene subtítulos». En las memorias, como señaló The New Republic, Rushdie le había regalado a su aspirante a asesino algunas de las mejores líneas; en pantalla, el hombre queda reducido a texto, que es la decisión más literaria de la película y también la más cuidadosa. Sight and Sound califica la secuencia de «plana y truncada», y Time Out cuenta que el intercambio recreado tras las rejas se monta junto a Entre el cielo y el infierno, de Kurosawa, un homenaje que considera bienintencionado pero extraño. Gibney se siente más seguro citando al propio cine, de Un perro andaluz a Viaje a la Luna, de Méliès, películas con las que Rushdie recuerda haber soñado tras la herida en el ojo.

Lo que la película no resuelve es la pregunta que plantea su título. Time Out, que le dio tres estrellas, sostiene que Gibney muestra poco interés por entender la psique de Hadi Matar, el hombre condenado por el ataque, y que el material del presente se desliza hacia un encuadre casi hagiográfico. David Rooney, de The Hollywood Reporter, la encontró «una pizca larga». Bradshaw apunta que la película no menciona que Rushdie afirmó en 1990 haber abrazado el islam, una declaración de la que después se retractó. La historia judicial también avanzó desde el estreno en Sundance. Matar cumple una condena de 25 años por intento de asesinato, y en julio un jurado federal lo declaró culpable de cargos de terrorismo, entre ellos intentar dar apoyo material a Hezbolá. Una película narrada por su protagonista puede negarse a darle voz al agresor. Lo que no puede es presumir de haberlo explicado, y esta no lo intenta.

La lectura del propio Rushdie se centra en la ignorancia del agresor más que en su ideología. «El atacante, según admitió él mismo, nunca había leído nada de lo que escribí y, aun así, estaba dispuesto a cometer un acto de violencia radical», dijo a Deadline en Sundance, antes de definir el documental como «un retrato de la violencia sin sentido». Según Sight and Sound, Gibney abre con una recreación de la perspectiva de Rushdie durante el forcejeo y cierra con lo que grabaron ese día las cámaras de la Chautauqua Institution, intercalado con el regreso del escritor al mismo edificio un año después para pararse en el lugar donde estuvo a punto de morir. El director le contó a Deadline que la última palabra es de la comedia: al final de los créditos, a Rushdie le sirven un pastel y pregunta: «¿Alguien tiene un cuchillo?».

Salman Rushdie writing in a notebook in a still from the 2026 documentary Knife by Alex Gibney
Salman Rushdie escribe en un cuaderno en Knife: The Attempted Murder of Salman Rushdie (2026)

Gibney produjo la película con Erin Edeiken y Sruthi Pinnamaneni para Jigsaw Productions, con Griffiths, Wendy Schmidt y Richard Perello entre los productores ejecutivos. Andy Grieve está a cargo de la edición y Will Bates de la música. Dura 107 minutos. Tras su estreno en Sundance pasó por CPH:DOX, Melbourne, el Festival Internacional de Cine Documental DMZ de Corea del Sur y el Festival Internacional de Cine en Guadalajara.

Altitude estrenó Knife: The Attempted Murder of Salman Rushdie en las salas de Reino Unido e Irlanda el 2 de octubre, después de unas funciones previas el 30 de septiembre con una sesión de preguntas grabada con Gibney, Rushdie y Griffiths. En Norteamérica, Abramorama la lanzó el 17 de septiembre en el IFC Center de Nueva York antes de ampliar su recorrido por salas, y se espera que compita por un lugar en los Óscar. El público mexicano pudo verla en Guadalajara, pero en México todavía no hay fecha de estreno comercial confirmada. El libro terminaba con su autor vivo y escribiendo otra vez. La película termina con él pidiendo un cuchillo para cortar un pastel, la única corrección que solo la versión para la pantalla podía hacer.

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