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Mackenzie esconde un atraco tras una falsa bomba en Zona De Riesgo

Martha O'Hara

Imagina el centro de Londres con la luz apagada a propósito. Los reflectores de obra cortan la oscuridad, los chalecos fluorescentes se mueven entre sombras y, bajo los escombros, descansa una espoleta más vieja que cualquiera de los que la rodean. Esa imagen, una gran ciudad apagada adrede y reducida a silueta y luces de emergencia, es donde vive Zona De Riesgo, el thriller de David Mackenzie.

El planteamiento parece un procedimiento policial. Aparece una bomba de la Segunda Guerra Mundial sin explotar en plena obra, el ejército y la policía ordenan una evacuación masiva y empieza la cuenta regresiva. Después la película cambia las reglas sin levantar la voz. El apagón que exige la emergencia, las calles vacías que provoca, la atención que se traga: todo resulta ser justo lo que necesita una banda de ladrones profesionales. El rescate es la tapadera. El robo es el plan.

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Poner a Aaron Taylor-Johnson como el hombre que sostiene el explosivo es el primer argumento del filme. Interpreta a Will Tranter como pura calma bajo presión, el punto fijo alrededor del cual se ordena todo lo demás, y esa calma es exactamente con la que cuentan los ladrones para mantener cada cámara apuntando hacia el lado correcto. Theo James y Sam Worthington aportan el otro tipo de control: la competencia ensayada y de voz baja de quienes ya midieron este edificio. Gugu Mbatha-Raw y Elham Ehsas ocupan el espacio entre las dos operaciones, donde la línea entre quién salva la ciudad y quién la desvalija empieza a borrarse.

Mackenzie construyó su carrera con hombres bajo presión dentro de espacios cerrados. La cárcel de Starred Up, la desesperación del atraco en Hell or High Water, el barro y los muros de asedio de Outlaw King: le gustan los sistemas cerrados y los personajes obligados a seguir trabajando mientras todo se aprieta. Aquí cambia la celda o el condado por una metrópoli, y el sistema cerrado pasa a ser el propio cordón policial, el círculo de cinta dentro del cual solo pueden moverse quienes tienen una razón, real o inventada.

El verdadero tema es la oscuridad

Lo que cuenta de verdad la película es la luz, y lo que pasa cuando la quitas. Cortar la energía de una capital no solo abre una ventana para el robo; cambia cómo se ve todo. Las bóvedas que dependen de la corriente, las cámaras que dependen de la corriente, el sistema nervioso entero de una ciudad moderna se apaga de golpe. Mackenzie y su equipo de fotografía parecen más interesados en esa textura, la de un lugar que perdió su brillo, y en cómo se mueve una multitud cuando la red de siempre deja de responder. El reloj que avanza es el ruido. El apagón es la imagen.

Nada de esto garantiza que el truco aguante noventa y seis minutos. Los thrillers que dependen de un solo engaño suelen gastar su mejor idea demasiado pronto, y esta premisa abre una pregunta incómoda: si la bomba está montada, el miedo a la bomba es hueco, y una película que admite que su peligro es de utilería tiene que encontrar uno real rápido. Hay una segunda pista en lo poco que coinciden los mercados al nombrarla. Viaja como Fuze en inglés, como The Criminals en Francia, como Cuenta atrás en España y como Ограбить Лондон, Robar Londres, en ruso. Unos venden la bomba; otros, el robo. Una película cuyos propios distribuidores no se ponen de acuerdo sobre qué están mirando se vuelve interesante justo por eso.

Una cinta compacta con una idea grande

El reparto principal lo forman Aaron Taylor-Johnson, Theo James, Gugu Mbatha-Raw, Elham Ehsas y Sam Worthington, con Mackenzie al frente de un guion armado alrededor de las dos operaciones. Es un filme compacto a propósito, un drama de acción y crimen que busca a la vez la velocidad del cine de atracos y el grano del procedimiento londinense.

Zona De Riesgo dura noventa y seis minutos. En México llega a las salas el 28 de mayo, dentro de su recorrido internacional tras estrenarse antes en Estados Unidos. Si la ciudad se queda a oscuras el tiempo suficiente para que importe, eso es justo lo que el estreno está por poner a prueba.

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