Películas

El documental que el público de Toronto premió por hacer justicia a una leyenda

Molly Se-kyung
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Hay premios que se explican por la emoción que despiertan, y el del público al mejor documental en Toronto es uno de ellos. Lo ganó Darlene Love: I Know Where I’ve Been, de Barry Avrich, un retrato que conmueve por su tema antes que por su forma: el reconocimiento que llega, a los 85 años, para una artista a la que la industria se lo escatimó durante casi toda su vida.

Love fue, durante décadas, la voz detrás de éxitos firmados por otros. El público que votó en Toronto no premió una proeza técnica ni una historia extrema —tenía enfrente un retrato de deportista de resistencia y otro documental musical— sino la reparación de una injusticia. Esa es la elección, y dice mucho de lo que busca hoy el espectador de no ficción: no el asombro, sino la sensación de que una cuenta pendiente por fin se salda.

Avrich rodea a su protagonista de testigos ilustres —Bruce Springsteen, Cher, Dionne Warwick, Steven Van Zandt— pero los usa para confirmar, no para reemplazar. Cada aparición sirve para subrayar que la voz que el oyente recuerda a medias en discos ajenos fue siempre la de Love. Así, la película mantiene su centro donde el título exige.

La comparación inevitable es 20 Feet From Stardom, el documental que ganó el Oscar en 2013 retratando a las coristas anónimas del pop. Aquella cinta hizo de Love una entre varias; esta la convierte en la única. La diferencia no es de grado, sino de justicia.

Para el público latinoamericano, que conoce bien las historias de artistas eclipsados por la maquinaria de la industria, el relato resuena más allá de la anécdota. El premio de Toronto lanza la película hacia la temporada de premios, pero su verdadero logro es anterior: por fin, el nombre de Darlene Love encabeza su propia historia.

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