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Jumbo llega al cine español tras arrasar en Indonesia y pasar por Netflix

Martha O'Hara

Un niño de cara redonda se planta en mitad de una calle tibia y levanta un libro ilustrado sobre la cabeza como si fuera un trofeo, mientras dos amigos le tiran de las mangas. La imagen es luminosa, hecha a mano, y no disimula su origen artesanal: en ella cabe entera la promesa de «Jumbo», una animación indonesia sobre un huérfano solitario llamado Don que cuida un libro heredado de cuentos de hadas como si fuera la última cosa cálida que le queda.

El aspecto visual es el argumento. Cada superficie de «Jumbo», desde la pintura descascarada de un pueblo costero hasta el polvo suspendido en la luz de la tarde y el peso blando de las caras de los personajes, se levantó desde cero en un estudio local, con más de cuatrocientos animadores e ingenieros trabajando media década para poner en la misma pantalla algo capaz de convivir con los dibujos estadounidenses que llenan ese mismo complejo de salas. En casa, esa ambición se tradujo en una escala que nadie había visto por allá: la película se convirtió en el título más taquillero que Indonesia produjo jamás y en el mayor estreno de animación que el sudeste asiático mandó nunca a los cines.

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Las voces avisan qué tipo de película quiere ser esta. A Don lo sostiene Prince Poetiray, un intérprete joven al que se le pidió cargar con un largometraje entero sobre la línea delgada que separa la comedia del duelo, y el reparto de apoyo se apoya en nombres en los que las familias indonesias ya confían, entre ellos el cantante Ariel, de la banda NOAH, y la actriz y cantante Bunga Citra Lestari. Es el casting de una apuesta masiva, pensada para todos los públicos, y no el de un experimento de festival. Alrededor de Don, sus amigos Mae y Nurman y un pequeño fantasma llamado Meri tienen voces mayormente de intérpretes jóvenes, que mantienen el registro cerca de la edad de los niños para los que se hizo la película.

Detrás de todo está Ryan Adriandhy, un comediante de stand-up y figura de internet que se sienta por primera vez en la silla de un director de largometrajes. El salto es real: pasó de los sketches cortos a un drama animado de larga duración sobre la pérdida, y la película exhibe esa distancia sin esconderla. Adriandhy, que coescribió el guion con Widya Arifianti, arma la historia en torno al folclor indonesio y a la mitología privada de un niño, en lugar de importar una plantilla de Hollywood, y esa decisión es la razón por la que el resultado se lee como algo local y no como una copia de nada.

Lo que lo sostiene todo es el libro. Los cuentos heredados de Don se filtran en la paleta de la película, rojos cálidos y dorados de atardecer, un cuento dentro del cuento que les permite a los animadores dejar el pueblo naturalista por algo más pictórico cada vez que el niño se refugia en su imaginación. El duelo corre por debajo de todo. Don perdió a sus padres, y la película vuelve una y otra vez al dolor de ser pequeño y pasar desapercibido, de que lo subestimen por su tamaño, sin dejar que el sentimiento se convierta en sermón. La amistad que lo saca de ahí, su abuela, Mae y Nurman, y un fantasma con sus propios asuntos pendientes, es el motor, y el mundo visual carga con casi toda la emoción.

Los números explican por qué la película está dando la vuelta al mundo. En casa llevó a millones de espectadores a las salas y superó en taquilla a cualquier título local anterior, y después empezó un despliegue internacional escalonado, por Rusia, Turquía, Vietnam, Taiwán, Malasia y una larga lista de mercados más, que convirtió un éxito nacional en una exportación. A eso siguió un acuerdo de streaming global que puso la película delante de espectadores que nunca habían oído hablar de su estudio. El estreno español en salas queda al final de esa campaña, y es uno de los pocos estrenos en cines occidentales que una animación indonesia contemporánea consiguió alguna vez.

Nada de eso garantiza que la película viaje bien. «Jumbo» se afinó para un público indonesio, se lanzó para coincidir con el Eid, está empapada de modismos locales y de un orgullo específicamente nacional por ver un taquillazo hecho en casa correr más rápido que los gigantes importados, y a un público de multisalas criado con Pixar y DreamWorks le llega sin nada de ese contexto. El sentimiento que allá funcionó como catarsis puede leerse afuera como empalagoso, y el mayor obstáculo de la película en España quizá no tenga nada que ver con su calidad. Ya lleva meses disponible, doblada y subtitulada, en una plataforma global, lo que deja una pregunta obvia sobre quién sigue comprando un boleto.

Don in a street scene from the animated film Jumbo, 2025
Don in Jumbo (2025)

Los principales acreditados son Prince Poetiray como Don, con Quinn Salman, Graciella Abigail, M. Yusuf Ozkan y Muhammad Adhiyat completando el elenco joven. «Jumbo» fue producida por Visinema Studios junto a Springboard Entertainment y Anami Films, escrita por Adriandhy y Arifianti, y dura ciento dos minutos, largo para una película infantil y una señal de cuánta historia intenta cargar.

En México, «Jumbo» llegó a las salas el 1 de enero de 2026 y también puede verse en Netflix en todo el mundo, así que buena parte del público de la región ya tuvo dos maneras de encontrarla. La cita que hoy mueve la conversación es otra: la película se estrena en los cines españoles el 24 de julio de 2026, un debut en salas que aterriza más de un año después de su récord en casa y unos siete meses después de su llegada al servicio de streaming. Para quien se perdió el paso por la plataforma, o para quien simplemente quiere ver un mundo animado hecho a mano a la escala que sus autores imaginaron, la pantalla grande es, con todo, donde probablemente le tocaba estar.

Reparto

  • Quinn Salman — Meri (voice)
  • Graciella Abigail — Mae (voice)
  • M. Yusuf Ozkan — Nurman (voice)
  • M. Adhiyat — Atta (voice)

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