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En Amarga Navidad, Almodóvar deja abierta la duda de quién inventa a quién

Molly Se-kyung

La nueva película de Almodóvar abre una puerta entre dos cuartos y se niega a cerrarla. En uno está Elsa, directora de publicidad, que acaba de perder a su madre y regresa de inmediato al trabajo, como si el duelo fuera una fecha de entrega que pudiera evitar. En el otro, un cineasta llamado Raúl Durán escribe un guion sobre una mujer que hace justo eso. Amarga Navidad vive en el corte entre los dos cuartos, y en la decisión de Almodóvar de no decir nunca, con claridad, cuál de los dos inventa al otro.

Esa negativa es toda la apuesta. La historia de Elsa y la del director que tal vez la escribe avanzan en paralelo hasta que el paralelo deja de ser la palabra honesta. El teaser entrega la acusación sin atenuarla: estás confundiendo la ficción con la realidad. Al inicio suena a un personaje que advierte a otro. Después parece la película hablando consigo misma, y un cineasta que regresa a la pregunta que nunca lo suelta: cómo se fabrica una emoción y qué cuesta fabricarla bien.

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Los rostros del teaser son el argumento. Bárbara Lennie arma a Elsa desde la compostura contenida, una mujer convencida de que funcionar es lo mismo que sostenerse, y por completo equivocada. Leonardo Sbaraglia interpreta al director, Raúl Durán, cuyo bloqueo creativo se nutre del duelo de la trama de al lado. Alrededor de Elsa, Almodóvar acomoda a las personas tras las que uno se esconde: Aitana Sánchez-Gijón como Mónica, Victoria Luengo como Patricia, la amiga que la saca de Madrid, y Patrick Criado como Bonifacio, la pareja que se queda. Ninguno sobreactúa. Es un elenco capaz de sostener un primer plano sin explicarlo.

Hay un chiste enterrado en el oficio de Elsa, y la película lo sabe. Dirige anuncios. Construye ficciones breves y persuasivas, de las diseñadas para que un desconocido sienta algo a la hora exacta. El duelo es lo único que no puede poner en escena, ni editar, ni venderse a sí misma en treinta segundos. Por eso sigue trabajando, porque el trabajo es el lugar donde la emoción se mantiene manejable, y la película observa cómo esa estrategia falla en pequeños incrementos reconocibles.

Es Almodóvar en su registro reciente: mujeres al borde de sí mismas, el duelo tratado primero como un problema logístico y solo después como una herida, y la maquinaria del cine metida en el encuadre como un personaje más. Varios de los títulos internacionales de la película omiten la Navidad y la llaman directamente Autofiction. No es un capricho de la distribuidora. El director pasó su obra reciente apretando la costura donde una vida y el relato que se teje a partir de ella dejan de poder separarse, y aquí ya no finge que la costura esté escondida.

El motor es un viaje. Cuando un ataque de pánico por fin frena a Elsa, deja Madrid y vuela a Lanzarote con Patricia mientras Bonifacio se queda. La llanura volcánica de la isla, roca negra y cielo abierto, no es el interior frondoso y saturado por el que se reconoce a Almodóvar, y el cambio se lee como deliberado. Una mujer que pasó la película escondida en el trabajo aterriza en un lugar donde ya no queda dónde esconderse. Mientras tanto, la trama del director sigue escribiendo hacia ella, o desde ella, según qué cuarto decidas creer.

Lo que la película se guarda es si el espejo resiste. La autoficción es una estructura generosa para un director que examina su propio método, y también indulgente: puede vestir el ensimismamiento de rigor y llamar honestidad al resultado. El teaser que más circula es una promo subtitulada pensada para el público estadounidense, y aun así no hay tras él una fecha de estreno en Estados Unidos, y en varios mercados grandes el lanzamiento sigue sin anunciarse. La muestra de espectadores todavía es escasa. Nada de eso resuelve la pregunta de fondo: si el paralelo entre Elsa y su posible autor cuaja en algo o solo se admira desde dos ángulos a la vez. El planteamiento es fácil de enunciar. Es lo más difícil de dramatizar en toda la película.

Almodóvar dirige a partir de su propio guion. Bárbara Lennie encabeza el elenco como Elsa, con Leonardo Sbaraglia como el cineasta Raúl Durán, Aitana Sánchez-Gijón como Mónica, Victoria Luengo como Patricia y Patrick Criado como Bonifacio. La película dura 112 minutos y se mueve entre el drama y esa comedia seca y golpeada que es su propio registro, donde un funeral y un remate pueden compartir escena sin que ninguno parpadee.

Amarga Navidad se estrenó primero en España y ya pasó por las salas de Francia e Italia. El 28 de mayo llega a América Latina, con estrenos en Argentina, Brasil y México, y a lo largo del año alcanza el resto: Alemania el 30 de julio, Reino Unido e Irlanda el 28 de agosto, Suecia el 18 de septiembre. No hay fecha confirmada de estreno en Estados Unidos. Para una película sobre la distancia entre una vida y la versión que termina llegando a una pantalla, esa llegada país por país, con meses de diferencia, parece menos un calendario que una parte del guion.

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