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Mark Jenkin sube a MacKay y Turner a Rose of Nevada, un barco que viaja en el tiempo

Jun Satō

En el muelle está amarrado un barco que no debería existir. El Rose of Nevada salió al mar una vez, hace tres décadas, y nunca regresó. Ahora descansa en un pequeño puerto de Cornualles como si solo hubiera salido por la tarde: el casco intacto, la pintura demasiado fresca para su edad. Los hombres que lo tripularon la primera vez murieron, o callan, y nadie sabe decir dónde estuvo.

Dos lugareños ocupan de todos modos los lugares vacíos, porque el trabajo es el trabajo y el barco paga. Nick y Liam tripulan una sola travesía, y el agua los devuelve a un pueblo que todavía no termina de ocurrir: rostros más jóvenes, un muelle más viejo, una deuda que era de otros hombres y que ahora, de algún modo, es suya. Mark Jenkin filma la travesía no como un truco sino como un fenómeno del clima. Algo llega, levanta todo lo que toca y se retira, y a la tripulación solo le queda resistir mientras los atraviesa.

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George MacKay convierte a Nick en un hombre ya medio borrado, cauteloso y alerta, inmóvil para que el mundo lo pase por alto. Callum Turner le da a Liam el clima contrario: impulso, hambre, la necesidad de que el barco signifique un futuro y no una trampa. La dupla es la tesis de la película antes de que llegue una sola línea de la trama: dos formas de desear frente a un mar que no opina sobre ninguna. Francis Magee y Edward Rowe trabajan en los bordes de la cubierta, y Rosalind Eleazar y Mary Woodvine sostienen la orilla a la que los hombres no logran volver.

Jenkin construye sus películas como otros revelan fotografías. Filma en 16mm, procesa la película a mano y coloca el sonido después de la imagen, de modo que la fotografía llega granulada y las voces quedan medio paso detrás de los labios. El efecto no es nostalgia, es presión. Cada cabo, cada malacate, cada tos del diésel pesa, y el grano parece recordar viejas imágenes del mar y viejos hombres. Escribió, fotografió y editó la película él mismo, y comparte la historia con Mary Woodvine; la superficie que fabrica es el sentido: la materia hace el trabajo que suele dejarse a la explicación.

Es en el sonido donde el método se vuelve extraño. Como Jenkin graba diálogos y efectos por separado y reconstruye la pista a mano, el barco cruje ligeramente fuera de sincronía consigo mismo, con gaviotas y motores que presionan desde la distancia equivocada. La película oye el pasado como lo oye la memoria, un poco doblado, un poco torcido, y ese pequeño error es lo que hace que el desliz en el tiempo aterrice en el cuerpo antes de que la trama haya explicado nada.

Rose of Nevada cierra la trilogía de Cornualles que Jenkin abrió con Bait y continuó con Enys Men, tres estudios de una costa donde el trabajo, el paisaje y la memoria se niegan a quedarse en cuartos separados. Aquí el método anula la distancia entre un barco de faena y uno embrujado. El mismo aparejo que vuelve real al pesquero lo vuelve inquietante, porque a bordo nada puede parecer un efecto especial. El desliz en el tiempo nunca se explica, y la negativa es la clave: a la película le importa qué se siente al ser llevado adonde no elegiste, no la maquinaria que te llevó.

Esa negativa es también la apuesta. Vendida al público internacional con un anzuelo de ciencia ficción y misterio, la película niega las satisfacciones que esas etiquetas prometen: no hay un cuarto lleno de reglas, no hay una revelación limpia, no hay una puerta que la trama cierre detrás de ti. Quien llegue por el enigma puede encontrar atmósfera donde esperaba mecánica, y la manera analógica de Jenkin, para un escéptico, puede parecer estilo que insiste en sí mismo. La película demuestra que el hechizo es real. No promete que resistirá para todos los que suban a bordo.

Quienes la vieron en el circuito de festivales respondieron precisamente a esa tactilidad. Empire la describió como una película que casi se puede tocar, y salió de Venecia y Toronto con la clase de críticas que acompañan a un título en su vida en salas en lugar de apagarse con las luces.

El elenco acreditado pone al frente a George MacKay y Callum Turner, con Francis Magee, Edward Rowe, Rosalind Eleazar y Mary Woodvine. Jenkin dirige a partir de un guion propio; la película dura 114 minutos y la produjo Bosena con Film4, el British Film Institute y Head Gear Films. Se estrenó en el Festival de Venecia y pasó por Toronto, Glasgow y Dublín antes de llegar a las salas.

Rose of Nevada se estrenó en los cines de Reino Unido e Irlanda el 24 de abril de 2026 con BFI Distribution. Llega a Estados Unidos el 19 de junio de 2026, primero a Nueva York con 1-2 Special antes de una distribución más amplia. Para México todavía no hay una fecha de estreno en salas confirmada al momento de escribir esta nota.

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