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Última llamada para Estambul apuesta todo a la química de sus protagonistas

Beren Saat y Kıvanç Tatlıtuğ protagonizan este drama romántico de 2023 dirigido por Gönenç Uyanık, ambientado en una Nueva York que se cierra sobre ellos.
Martha O'Hara
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Imagina el instante en que dos desconocidos se cruzan en un aeropuerto, sus miradas se detienen un segundo de más y, sin que medie una palabra, algo cambia. Así arranca Última llamada para Estambul, el drama romántico de Gönenç Uyanık que traslada a Nueva York una noche de deseo y dilemas morales.

La película sigue a Serin (Beren Saat) y Mehmet (Kıvanç Tatlıtuğ), dos personas casadas cuyos caminos se cruzan por casualidad en el aeropuerto. Lo que empieza como un encuentro fortuito deriva pronto en una noche cargada de emociones intensas, en la que la tentación y el deseo ponen a prueba sus compromisos. Uyanık construye un relato que juega con la frontera entre lo correcto y lo prohibido, y usa Nueva York como escenario para explorar las complejidades del amor y la infidelidad.

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El mayor acierto de la película está en la química entre sus dos protagonistas. Beren Saat y Kıvanç Tatlıtuğ no necesitan levantar la voz ni forzar el gesto: basta una mirada sostenida o una pausa incómoda para que el espectador entienda todo lo que sus personajes no se atreven a decir. La escena en el bar, donde Serin y Mehmet hablan de sus vidas mientras la música de fondo crea un ambiente íntimo, condensa lo mejor del filme: aquí Uyanık logra transmitir la fragilidad de sus personajes sin caer en el melodrama fácil.

No todo funciona igual de bien. El guión tropieza con la previsibilidad en más de un tramo, y ciertas escenas parecen escritas para empujar la trama antes que para ahondar en quiénes son Serin y Mehmet. La aparición del psicólogo (Senan Kara), por ejemplo, se siente como un recurso narrativo cómodo más que como una pieza orgánica de la historia.

Algo similar ocurre con el elenco de apoyo. Zihan Zhao, en el papel de Fenhua, y Michael Loayza, como Davi, aportan variedad al reparto y dejan entrever un interés genuino por retratar dinámicas entre personas de procedencias distintas, pero ninguno de los dos personajes llega a adquirir verdadero peso emocional: quedan como subtramas apenas esbozadas, con un potencial que la película nunca termina de aprovechar.

La dirección de Uyanık es solvente, aunque le falta un pulso propio que distinga a la película dentro de un género muy poblado. Hay tramos en los que el ritmo decae, sobre todo en las transiciones entre escenas, que podrían fluir con más naturalidad. La fotografía cumple su función sin arriesgar demasiado.

Ahí radica la debilidad de fondo de Última llamada para Estambul: le cuesta decir algo que no hayamos visto ya. Pese a su interés por temas tan universales como el amor y la traición, el filme no aporta una mirada propia al drama romántico. Reconocemos cada pieza: el encuentro casual que detona una noche de pasión, los personajes casados en plena crisis existencial, el final que deja más preguntas que certezas.

En términos de producción, la película es sólida pero poco arriesgada. Nueva York aporta una atmósfera urbana dinámica que funciona como metáfora de la vida acelerada y de las conexiones efímeras que viven Serin y Mehmet, aunque el filme no termina de exprimir ese potencial simbólico: los exteriores neoyorquinos están bien resueltos, pero su peso en la trama es más decorativo que significativo.

Las interpretaciones secundarias, correctas en su ejecución, no llegan a destacar. Senan Kara, en el papel del psicólogo, y el resto del reparto de apoyo cumplen su función, pero sus personajes carecen de la profundidad necesaria para generar empatía duradera. El contraste con Saat y Tatlıtuğ, que cargan sobre sus hombros el peso emocional de la película, es notorio.

Parte de cómo se recibe la película tiene que ver con la trayectoria de sus protagonistas. Beren Saat y Kıvanç Tatlıtuğ son nombres consolidados en la televisión y el cine turcos, con un público que se extiende bien más allá de Turquía, y esa solidez se nota en pantalla: su química resulta creíble y sus interpretaciones aportan un matiz que un reparto menos experimentado probablemente no habría alcanzado.

La banda sonora, sin ser especialmente memorable, cumple su cometido y refuerza las emociones de los personajes en los momentos que lo requieren. En la escena del bar, por ejemplo, la música construye la tensión íntima entre Serin y Mehmet sin imponerse sobre los diálogos.

La recepción crítica de Última llamada para Estambul ha sido mixta. Hay quien elogia la química entre los protagonistas y la atmósfera íntima que logra Uyanık, y quien le reprocha su falta de originalidad y su ritmo irregular. En conjunto, se la ha descrito como una propuesta correcta que rara vez sorprende, incapaz de diferenciarse en un género saturado.

Al final, Última llamada para Estambul cumple lo que promete sin dejar una huella profunda. Tiene destellos, sobre todo en las actuaciones principales y en un puñado de escenas bien resueltas, pero se queda dentro de los límites conocidos del género. Estrenada en 2023, en medio de una ola de dramas románticos con inquietudes parecidas, corre el riesgo de diluirse en ese conjunto: entretiene a ratos, funciona como noche de cine ligera, pero pocas veces sorprende.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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